México Hoy

Artículos y notas acerca de la situación política en el México de hoy.

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Location: Ciudad de México, Mexico

Periodista mexicano,colaborador en medios nacionales.

Thursday, October 12, 2006

Proyecto Integral de Comunicación Alternativa

Proyecto Integral de Comunicación Alternativa
Medios Públicos
Prensa Escrita
Diario Capitalino
Por: Eduardo Maldonado Gutiérrez


Introducción.
Durante los últimos años y debido al predominio de la televisión, la prensa escrita ha venido a menos. Acaparadores de los recursos destinados a la publicidad gubernamental y partidaria, los medios electrónicos (que incluyen a la radio) como mass media han adquirido un gran poder. Durante los años que lleva el neoliberalismo en nuestro país se ha ido gestando este poder mediático-político dada la connivencia con grupos gobernantes. Tenemos casos a nivel mundial que ejemplifican hasta donde puede llegar el poder de los medios electrónicos, principalmente la televisión; uno de los más conocidos, y, por mencionar alguno, es el de Italia. Silvio Berlusconi y su imperio mediático que ha servido para llevarlo al poder e influir en la política de su país.

Sin los grandes recursos económicos e influencia para oponerse a tan desmedido poder, la prensa escrita ha tenido que refugiarse muchas veces en el análisis y las notas exclusivas. Los reporteros han tenido que agudizar sus sentidos para evitar que sus notas sean un reflejo de lo que maneja la radio o la televisión, poner más cuidado en la información para que sus notas sean más completas. No obstante, la prensa escrita no ha muerto de inanición, todos los días sale a la luz un nuevo periódico o revista; de variadas tendencias ideológicas tienen un público cautivo y fiel que sigue leyendo porque les gusta determinado columnista, analista o cuando menos los gráficos que incluyen la sección de espectáculos y deportiva.

Un medio escrito alternativo a los medios existentes, y con los contenidos necesarios para informar y orientar a una megalópolis de 25 millones de habitantes (y en todo caso al país entero) se hace necesario ya que la prensa escrita de nuestra ciudad y del país también está en manos de la iniciativa privada; son empresas cuya filosofía principal es la ganancia, el lucro pasando por encima del interés de la sociedad. Un medio escrito, cuya característica sea reflejar las inquietudes y necesidades de la sociedad, que sea un consenso verdadero de la opinión pública debe ser una de tantas metas a conseguir de un Estado verdaderamente democrático.

Medios Públicos.
Conocemos el poder de los medios –sobre todo los electrónicos-, de su gran penetración y de la eficacia con que llegan a millones de individuos. Sabemos que han establecido toda una “cultura” y, una ideología mediática. Son, el cristal a través del cual millones de seres en este sufrido país ven deformada la realidad, que analizan a través de toda una forma inducida de pensar, a golpe de repetición, de valores más que abaratados. De una manera zafia, estúpida, vulgar, mediocre y sin ningún ingenio, hacen el día de millones. Estos medios se han adueñado de mente de la mayoría de un pueblo que como zombis aceptan todo lo que les da, semi digerido y oliendo a deshecho, escatológico. Mal andan los políticos y la política al dejarse seducir por estos poderes que abaratan también la comunicación política con el pueblo.

Al mismo tiempo que esto sucede, la empresa Televisa se ha ido convirtiendo paulatinamente en uno de los grupos de presión que más ha contribuido a facilitar la penetración ideológica norteamericana, la incitación al consumismo, la manipulación y deformación de los acontecimientos sociales y políticos y la creación de estereotipos culturales ramplones y vulgares.

Por eso, ante la escasez de recursos de la sociedad civil, le corresponde al Estado patrocinar la mayoría de los grandes proyectos culturales, entre estos los medios públicos. El patrocinio estatal no equivale a intromisión en las organizaciones independientes, o pretensión alguna de arte oficial. La batalla por la libertad de expresión intelectual y artística se ganó hace décadas, y el proceso es irreversible. Pero hace falta que el Estado consolide este proceso con la eliminación total de la censura, y con programas que incluyan, en primer término, la defensa de la lectura a través de una política de auspicio de la industria editorial, y de la vigorización y ampliación constante del sistema de verdaderas bibliotecas.

Los concesionarios del monopolio televisivo, se han convertido en entidades prepotentes que diseñan los hechos de acuerdo a sus intereses, en obsequio de una mal entendida y abusada libertad de expresión. La libertad de expresión en la TV, espada de una punta, ha sido desenvainada siempre en contra del Estado mexicano, deteniendo reformas, ajustando borradores de reglamentos, amenazando funcionarios.

El problema que representan empresas como Televisa y TV Azteca tiene básicamente una fuente: la falta de voluntad política de los gobiernos por recuperar para sí la hegemonía social, económica y cultural que los medios privados parecen haber capitalizado hasta llegar al grado de sentirse los verdaderos dueños de la conciencia colectiva.

Ante la impotencia jurídica del Estado el monopolio televisivo privado ha capitalizado políticamente una función rectora en materia de información que ni con mucho le corresponde. Y lo que es más grave aún: con la colaboración, en diversas ocasiones, tácticas o expresamente, del propio aparato gobernante.

La solución no radica en privatizar o burocratizar los medios, sino en socializarlos. Socializarlos, implica que su funcionamiento no sea en atención a las directrices de tal o cual Secretaría o compañía embotelladora, sino de acuerdo a las necesidades sociales, según lo propuesto por especialistas que no tengan más compromiso que el de su propio trabajo.

En este sentido, se hace necesaria una revisión a fondo del estatuto jurídico que protege a los concesionarios y, porqué no, considerar la posibilidad de que alguno de los organismos públicos relacionados directamente con la actividad de la televisión y la radio, funja como órgano de vigilancia facultado para imponer sanciones y no, como se contempla ahora, que esta facultad esté parcelada entre diversas entidades.

Un medio de comunicación es un órgano destinado a la información pública; es decir que se convierte en la parte encargada de difundir la información de los hechos que acontecen en la comunidad. La política puede ser definida como el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados. Y tratando de establecer una definición personal, veríamos a la política como la búsqueda del bien común, encontrando en la voluntad y el respeto, los espacios para crear convergencias y acuerdos que ayuden a materializar los beneficios para la totalidad de la población.

La relación política-comunicación.
Los medios de comunicación social día a día ejercen un poder en el quehacer no solamente político, sino económico y social; juegan sin lugar a dudas el rol de intermediarios y transmisores de la realidad que se vive en el país. Algunos críticos, especialistas y analistas han querido ver a los medios de comunicación como el cuarto poder gubernamental, debido a la penetración que tienen en todo el entramado social; sin embargo esta visión se hace debido a los vacíos de poder que son dejados por alguna instancia del Estado y que no son cubiertos por otra, es aquí donde los medios ocupan ese espacio y lo ejercen en su beneficio y de acuerdo a sus propias necesidades. Pero para que los medios hayan obtenido tanta influencia, se requirieron de muchas circunstancias, enumeraremos algunas de ellas:

a) La implantación del sistema capitalista y el Estado neoliberal como modos de producción. Estos modelos políticos y económicos están basados en la libertad del mercado, la producción generalizada de mercancías y su comercialización, así como la generación de ganancias. Los medios en buena medida han coadyuvado, han sido cómplices y beneficiarios de este tipo de políticas económicas implementadas, alimentando un fenómeno social llamado consumismo y creando modelos o estereotipos a seguir, logrando así una gran aceptación y captación de los agentes sociales.

b) La imposibilidad de la política para atender y dar solución a las exigencias sociales. Es decir la sobrecarga de expectativas y exigencias a que se ve sometido el poder estatal por parte de la sociedad, y en consecuencia, la incapacidad del Estado de responder a éstas, provoca que actores como los medios de comunicación ejerzan esos vacíos de poder, al no llegar el Estado a satisfacer todas las necesidades de la sociedad demanda.

c) La sustitución del ofrecimiento de ideas, planes y programas de gobierno, por el llamado marketing político. En los últimos años hemos sido víctimas del poder de los medios, y los políticos se dejan llevar por él, ya que es mucho más fácil aparecer en un spot publicitario que crear verdaderos esquemas gubernamentales y proyectos de Estado que mejoren las condiciones sociales y económicas de la sociedad en una región determinada.

d) El uso de los medios de comunicación como aparato ideológico del Estado. El propio Estado para ejercer su política de comunicación social ha hecho uso de los medios y les ha dado poder de manipulación, esta herramienta ha sido usada por los políticos para seguir manteniendo el control estatal.

Opinión pública, ¿para qué?
Algunas de las principales reglas de la lucha por el poder recaen en entender y aplicar qué es la opinión pública; cómo se forma la opinión de la mayoría que habrá de llevar al poder a los grupos y sectores que aspiran a ostentarlo; cómo cambiar esta opinión; cómo usar los medios masivos de comunicación y cómo ya conquistado el poder, instrumentar y aplicar estrategias y tácticas de comunicación política para mantenerlo, en un marco estrictamente democrático. Comprendida como el conjunto de opiniones de los miembros de la sociedad sobre un fenómeno cualquiera, la opinión pública es la contestación o respuesta de las personas, ésta se puede dar como aprobación, desaprobación o indiferencia a los problemas políticos, sociales y económicos de un país.

Dicho en palabras de Sartori, opinión pública, es un “público o multiplicidad de públicos cuyos difusos estados de opinión se relacionan con las corrientes de información referentes al estado de la república”

Los canales y elementos que forman la opinión pública son muy diversos; pero podemos establecer que intervienen de manera importante los siguientes factores:

1. Hecho. Los hechos en sí mismos no constituyen opinión pública; ya que de ellos, según Karl Popper: “no se pueden deducir argumentos lógicos ni conciencia social, ni mucho menos conciencia colectiva, sino que se necesita de la información e interpretación de estos hechos”
2. Información. Es la descripción de un hecho que es interpretado en sus vertientes política, social y económica, y se hace llegar a la totalidad del entramado social principalmente a través de los medios masivos de comunicación.
3. Recepción. Es el canal por medio del cual es recibida la información, de este canal dependerá el grado de credibilidad y veracidad de la información.
4. Interpretación. Es el punto de vista que se otorga de los hechos y de la información.

Ahora bien, para que la opinión pública afecte las decisiones deberá abrirse paso entre el sistema político y llegar a la clase que ostenta el poder, con los siguientes objetivos: a) suspender o iniciar la discusión de las problemáticas actuales; b) influir en las decisiones; c) influir en la acción y participación; d) inducir en la clase en el poder que adopte ciertas políticas. Es aquí donde los medios de comunicación desempeñan un rol preponderante, ya que ayudan a controlar el flujo de información propiciando alteraciones en la cantidad e intensidad de la participación y en la formación de opiniones, actitudes y sentimientos.

Podríamos considerar que todo acto de comunicación busca la conquista de poder, pretende producir un comportamiento determinado o ganar adeptos a una causa, cualquiera que esta sea; buscando garantizar la persistencia y el equilibrio del sistema político. El fin de todos aquellos que detentan el poder es conservarlo por un tiempo indeterminado, evitando a toda costa que este tiempo llegue a su fin.

Productos y no políticos.
Los medios influyen de manera decisiva y máxima en el electorado, intervienen en el ánimo, las preferencias y la intención del voto.
No hay mayor diferencia entre la democracia y el mercado. Los consumidores (ciudadanos) compran (votan por) productos (líderes). De esta manera se construye un modelo de democracia que se ha llamado “elitismo competitivo”.Con mayor continuidad somos espectadores en los medios de un sin fin de spots o comerciales políticos sin fondo, ni mensaje; cuentan por el contrario con una presentación llamativa y espectacular; en tiempo de elecciones la enorme mayoría de los candidatos se vuelven productos y lo peor es que son de baja calidad.

El marketing político es la combinación metodológica entre las campañas publicitarias y las campañas políticas. Por marketing debe de entenderse el arte de la persuasión, tiene como objetivos ganar adeptos para quien ostenta o pretende estar en el poder y restarle imagen y fuerza al adversario. Para el marketing político el conflicto del poder se reduce a la cuestión de su conquista y mantenimiento por medio de la manipulación de la opinión, teniendo como primera y única máxima la victoria. Aquí cobraría lugar la tristemente célebre frase del gran Nicolás Maquiavelo “el fin justifica los medios”.

El marketing no se preocupa por quien será destruido, más bien le ocupa quién será el encumbrado con sus maniobras. El marketing percibe a la sociedad en términos de mercado, y entiende que, si todo es relativo, pueden defenderse estereotipos, aquellas estrategias, estos candidatos o aquellas ideologías. Llevado a la actividad política, supondrá la percepción del electorado como un mercado en el que compite por la captación de un recurso finito, el voto, competencia a cuyos servicios se pone toda la estética que permiten las modernas tecnologías al servicio de la comunicación social.

No importando la veracidad o la credibilidad de la información lo que al marketing le compete es persuadir y convencer, asegurar el triunfo. La finalidad del marketing es la seducción para ganar, para vencer. Lo que ha pasado a denominarse el marketing político, es decir, traducir las técnicas de venta publicitaria de productos al contexto político. En suma, la idea es: ¿puede venderse un hombre político como se vende un detergente?...Y la respuesta es, con todos los pronunciamientos que se quieran, afirmativa.

Esto es lamentable y denigrante para la actividad política, deja de lado la esencia misma de ella, el producir líderes sociales; los medios y la política los han mutado convirtiéndolos en líderes comerciales o mercadológicos. El problema en el horizonte del tercer milenio es, en efecto, que las nuevas prácticas del marketing socio-político no viven ya sólo en los períodos calientes de los enfrentamientos entre candidatos, sino que se han convertido en un elemento que estructura la vida diaria de todo habitante de la ciudad. En efecto, el marketing llegó para quedarse, se ha apostado en la conciencia colectiva y forma parte ya del desarrollo diario de los medios, se ha vuelto un muy buen socio de ellos ya que pretenden lo mismo; vender, vender, vender.

Revolución tecnológica.
Los constantes adelantos, desarrollos e innovaciones científicas y tecnológicas han beneficiado de una forma muy importante al renglón de las comunicaciones, día a día se realiza algún progreso en esta área, que le permite estar evolucionando al igual que la convivencia social.

El paso del bulbo al transistor aumentó a tal punto la capacidad de las sociedades para desplazar grandes volúmenes de información haciendo su tejido aún más cerrado y portando cambios en todos los órdenes de la vida… la tecnología de información viene a transformar radicalmente la economía, la cultura, la estructura social y la organización política de las sociedades… estas nuevas tecnologías perfeccionan los instrumentos de planificación y control social. Los instrumentos y herramientas más novedosos nos permiten una mejor y más precisa información, que en el terreno de la política puede contar con un gran valor, ya que la ventaja en el conocimiento de los acontecimientos puede redundar en una decisión más rápida y efectiva.

La revolución informativa se vuelve un reto ante las instituciones y los valores que se encuentran plenamente establecidos, redefiniendo la agenda del discurso político. La difusión de las acciones gubernamentales deberá partir de la premisa que la legitimidad se produce mediante la fundamentación sociocomunicacional de los proyectos de acción y la explicación que se dé de los beneficios que aquellos produjeron. Los medios de comunicación se convierten en la herramienta principal que; primero conducen y orientan la opinión pública y después, organizan y mantienen a la sociedad en los márgenes necesarios para su funcionamiento.

El medio superior.
La televisión es sin duda alguna el medio con más fuerza que existe actualmente; su influencia se vuelve inmensa en todos los aspectos de la sociedad. Nadie, sin embargo, parece dudar del importante papel que desempeñan los medios de comunicación y, especialmente la televisión en la creación de estados de opinión… La participación de los medios en política y de los políticos en los medios de forma habitual, está configurando una nueva cultura política.

Este medio ha sido transformado en agencia social para llevar a cabo los proyectos políticos de la actualidad, teniendo como premisa el amplio cuerpo social que es receptor de los mensajes de la televisión. Actualmente en nuestro país como en la inmensa mayoría de naciones, una campaña u operación política es considerada inconcebible, desorganizada, carente de fuerza y al borde del fracaso sin la cobertura de un medio tan importante como la televisión.

La televisión es en una parte un instrumento técnico y en otra, un proceso social. Para conceptualizar la importancia de este medio basta revisar el tamaño de las audiencias que lo atienden; y siguiendo esta forma de clasificación el medio que se encuentra por debajo de la televisión es la radio, y en un tercer puesto el periódico. Sin embargo, la ironía se presenta en que la veracidad, la objetividad y la crudeza de los comentarios con regularidad se hacen a la inversa, teniendo siempre al periódico y a la radio por encima de la televisión en cuanto a un análisis más claro de los hechos. La televisión por ser el medio más atendido tiene la obligación de ejercer una influencia más responsable y enriquecedora.

Degeneración política.
Existe en la actualidad una clara pérdida de la confianza en la política, en la gran mayoría de sus actores y en las instituciones públicas; debido a que la demanda social ha sobrepasado la capacidad que tiene el sistema político para resolverla, dar respuestas concretas y tomar decisiones acertadas.

La corrupción y la impunidad son vicios que dañan y corroen las entrañas del sistema político mexicano, imposibilitando la democratización total del mismo; estas acciones devalúan la vida y el actuar social y degradan a las instituciones, la sociedad debe de observar claramente el funcionamiento de los servidores públicos, criticar sus actividades y en caso de ser ilícitas denunciarlas; la transparencia y la rendición cabal de cuentas son armas poderosas para abatir este tipo de prácticas, ya que sólo con la observación permanente puede un funcionario público evitar caer en dichas irregularidades.

Ejemplificando la pérdida de valores y de la propia ética profesional, hemos sido víctimas de la degeneración y la pérdida de toda moral en la clase política, recordemos tan sólo un tiempo atrás cuando en red nacional se nos mostraron unos videos, en donde personajes activos de la vida política dejaban de lado el respeto, el compromiso y la obligación de cumplir de manera eficaz y transparente a la sociedad; cambiando todo esto por un beneficio económico. Se titularon estos videos como video escándalos, porque fueron cometidos por personas de distinta vertiente ideológica y posición política.

Pareciera que la famosa alternancia, no ha servido como instrumento para crear un rendimiento claro y sin desvíos de funciones. Hoy por hoy nos encontramos inmersos en el juego de la política, la lucha es de poder por el propio poder, no importando dejar de lado principios y normas de la conducta política e ideológica. Podríamos mencionar al igual los casos Pemexgate y Amigos de Fox, ejemplos ambos de la búsqueda de poder sin importar la violación flagrante a las leyes y los procesos. Es obligación urgente de la clase política reivindicar su actividad, y se convierte en derecho de la sociedad el contar con una política transparente, propositiva y de vanguardia.

En la relación ética-política debe existir un equilibrio entre la búsqueda y consolidación del poder político en detrimento de la moral y la reducción de la política a la moral en detrimento de la acción política, deben los políticos encontrar ese “justo medio” sin afectar política ni ética, optando por acoplar las dos en beneficio de la sociedad.

Política y beneficios.
Los políticos al ejercer la política, deben de atender al interés colectivo, de masas; dejando de lado intereses personales, de grupúsculos o sectoriales. El Estado en su conjunto se merece hombres de Estado, personas, mujeres y hombres que antepongan por encima de todo los beneficios de su comunidad.

En el panorama actual vemos con mucha tristeza, con gran desesperación y desagrado, la falta de acuerdos entre los distintos órganos de gobierno y las fuerzas políticas; existen preocupaciones de las dichas fuerzas que no corresponden en absoluto al bienestar social. Es aquí donde los medios disponen de un carácter primordial, al criticar y exponer las fallas que está teniendo la política, al desviarse de los temas de interés general. Los acuerdos, los consensos, las convergencias se dan en cualquier Estado y sistema gobernante ya que son necesarios para su correcto funcionamiento y el desarrollo social.

La legitimidad ya no puede ser un producto de la ideología; ahora es producida con el sustento que la comunicación social hace de los proyectos de acción y trabajo, y de la interpretación de los triunfos y logros sociales. Mediante el discurso, la clase ostentadora del poder ofrece a lo sociedad un plan a largo plazo: también los medios para hacerlo efectivo justificándolo en una imagen del futuro en función de la cual se lleva a cabo el esfuerzo del presente y tomando bases del pasado. La política queda limitada, tan sólo a la conciliación de intereses antagónicos por la vía pacífica y al proceso de la obtención de consensos mediante el discurso, para atraer a los agentes sociales y lograr la lealtad de masas que permita dar cauce a cualquier programa o proyecto.

Medios responsables.
Los medios de comunicación como se mencionó en líneas anteriores cuentan con una importante responsabilidad por su acceso generalizado a todos los integrantes de la sociedad. Sin embargo los medios también han sucumbido ante las prácticas viciadas del poder, y obviamente al formar parte del sistema capitalista privilegian las ganancias en deterioro de las prácticas de ética profesional. Al respecto, Duverger afirma: “los medios de información son libres ante el estado, pero no ante el dinero”.

En el plano internacional, fuimos observadores de la voracidad del capitalismo por parte de los medios es especial los estadounidenses, quienes televisaron en vivo y antes que nadie las guerras de Afganistán e Irak, mostrándolas al mundo occidental como un espectáculo de luz y sonido; nada más alejado de la realidad, tratan de separarnos de cualquier sentimiento humano y de respeto a la vida anteponiendo las ganancias o rentabilidad económica a la dignidad humana. Y esto claramente fue un acuerdo con el gobierno norteamericano para crear una falsa idea de la guerra en la sociedad estadounidense y en general del mundo occidental.

Aterrizando en el terreno nacional podemos hablar de una perversión de los medios porque muchas veces dejan de lado una de sus principales premisas; la objetividad, con el único fin de atacar y destruir a un adversario, quien la mayoría de las veces es político. Esto debe de cambiar en favor de la sociedad, al tener los medios como máxima obligación la veracidad de los hechos. Debemos resaltar que no hay cultura democrática contemporánea sin influencia, a veces definitiva, de los medios de comunicación; que los medios tamizan, reflejan, distorsionan, reproducen o definen, según sea el caso, las formas en que los ciudadanos perciben, comparten, rechazan o toleran el ejercicio del poder y la práctica política; que los medios son espacios del quehacer político; que no hay política moderna sin comunicación social y que las elecciones son cada vez más competitivas. La democracia mexicana en construcción, está cambiando por efecto de los medios y ahora vive como uno de los factores básicos del futuro político.

El poder de los medios de comunicación es un hecho propio de la vida moderna. Si vamos a vivir en democracia vamos a necesitar de unos medios cada vez más libres y cada vez más influyentes. Necesitamos su libertad y su influencia, pero también necesitamos del compromiso explícito y actuante, que los medios se sientan un elemento de la democracia mexicana, una de sus instituciones y, como tal, sujeta a reglas y valores.

Nuevas relaciones.
Las relaciones entre la política y los medios han cambiado y se han transformado con el transcurrir del tiempo. Décadas atrás los medios de comunicación social se encontraban supeditados ante el control del poder político, eran temerosos a alguna represalia del sistema o de alguno de sus detentadores. Ahora las reglas se han invertido, los políticos están expuestos ante la mirada de la opinión pública y son ellos quienes buscan acaparar la mayor cantidad de espacios en los medios, buscan los reflectores, cosa que antes despreciaban.

Hacer el repaso de la vieja política, hoy menguante, sería ocioso, porque no hay nadie que ignore sus disfunciones y su patético anacronismo. Los viejos problemas que todavía no superamos los mexicanos, y los nuevos problemas que nos han caído en aluvión, reclaman una nueva política que ya está en marcha, aunque haya oídos que no escuchen el trote. La nueva política no es sólo obra de un hombre, quien sólo puede ser su conductor. Una nueva política es quehacer colectivo y no obra heroica. Los medios de comunicación social tienen como fin informar, así como inculcar a los individuos los valores, creencias y códigos de conducta que les harán integrarse en las estructuras institucionales de la sociedad.

Debemos desarrollar ideas sobre el papel que los medios juegan en las sociedades democráticas, ubicar sus aportes en la consolidación de instituciones y prácticas democráticas, así como en la formación de una cultura política ciudadana más participativa y deliberativa. Al mismo tiempo, debemos analizar los obstáculos y dificultades que existen en la relación entre medios y política.

Es nuestro deber alentar la búsqueda de propuestas que permitan un empleo de los medios donde se asuman y defiendan los valores básicos de la práctica democrática, como el piso común indispensable para la construcción de un sistema democrático. Estamos seguros que en ese propósito existe plena coincidencia entre los partidos políticos, los especialistas y los representantes de los medios.

El protagonismo de los medios masivos y el ensanchamiento de las clases medias, exponen a la política que cada día es menos secreta. Ni las decisiones concretas, ni las políticas generales, ni los hombres del poder pueden quedar sustraídos porque las democracias están hoy más informadas y, por ende, son más críticas. Quienes no aprecian que los escenarios de los políticos ya no son sólo los recintos oficiales, caen en el traspiés o muestran que les falta el instinto de la contemporaneidad. Ahora bien es necesario sin duda, establecer reglas claras en cuanto a la injerencia y participación de los medios en el quehacer público; hoy más que nunca se vuelve inaplazable una Reforma del Estado que incluya un apartado que regule las funciones y relaciones de los medios de comunicación.

Retos actuales.
Los medios tienen en la libertad de expresión a su arma más importante, actualmente se ejerce sin temor a ninguna represalia, esta garantía había sido el valuarte más preciado y exigido por ellos. Los medios tienen un papel insustituible, ya que la democracia es el régimen explícitamente fundado en las opiniones, la confrontación y coexistencia de las mismas. La formación de eso que llamamos opinión pública depende en gran medida del trabajo de los medios. Los conflictos son la realidad ordinaria de la sociedad y el Estado democráticos, y a ellos la democracia les ofrece un cauce institucional para desarrollarse. Precisamente por eso tiene tanta importancia el lenguaje que los comprende, y los enmarca. Y ese lenguaje depende en gran medida de los profesionales de los medios de comunicación.

Aún hay mucho que hacer en lo que se refiere a los contenidos de los mensajes políticos, pues apelan a la subjetividad y a los sentimientos de la ciudadanía en lugar de a su racionalidad y capacidad deliberativa. El escándalo y la estridencia encuentra seguidores ávidos, pero siempre escépticos y desinformados, lo cual está lejos de contribuir a fortalecer la cultura participativa de la sociedad. Si los medios difunden, premian, multiplican la ofensa, la ofensa se sentirá con incentivos; si premian el razonamiento y el argumento fundado, emergerá un tipo de debate diferente, una calidad democrática distinta; creo que la que necesitamos hoy más que nunca. Como en otras zonas de la vida pública, en los medios de comunicación se exhibe un cambio espectacular, protagonizan una verdadera apertura en la que circulan todas las posiciones, todos los argumentos y ya se han convertido, de hecho, en la respiración misma de la vida pública.
Este renovado papel exige también nuevas responsabilidades, como atinadamente expresa Adam Michnick "en la consolidación de las democracias los medios libres tienen dos grandes enemigos: uno es la supremacía de la ideología o del partidismo sobre la honestidad de la información; el otro gran enemigo es la ceguera, porque ofrece y difunde la visión de un mundo trivial, un mundo que no requiere estudio, análisis e investigación".

La democracia pierde cuando los medios renuncian a su deber de describir, de educar y de explicar. Los medios y los partidos tienen que mostrar y difundir que la democracia tiene sentido más allá del voto, que su mutua interacción está creando nuevas realidades y percepciones. La refutación de las opiniones ajenas es más que legítima y permitida en el México contemporáneo, pero la democracia para subsistir tiene que ser espacio también La transición democrática de México, ha impreso ya una huella profunda en la vida pública, ha modificado expectativas, ha determinado nuevas imágenes de nuestra historia, ha creado cadenas de aprendizaje distintas y ha redefinido tomas de posición frente al futuro.

Medios de comunicación libre, sin cortapisas, y partidos políticos nacionales fuertes y arraigados, son dos elementos novedosos del tránsito político mexicano; son realidades que nos hacían falta para construir una vida democrática duradera. México hoy reclama medios de comunicación con sentido social y plena autonomía y una política que rescate sus valores éticos y principios morales, que privilegie la colectividad, los acuerdos y el desarrollo de todos los campos del quehacer humano.

Elecciones

El proceso no ha terminado…
Ante cientos de miles en el zócalo capitalino, López Obrador define estrategia.
Impugna las elecciones del 2 de julio.
De ser necesario llegaré a la Suprema Corte: López Obrador.
La indefinición tiene a millones de mexicanos en suspenso.


Eduardo M. Gutiérrez.
Se acabó el mundial de futbol y los mexicanos hemos tenido que volver a la realidad. La final del campeonato, pero del electoral, nos ubica en un país dividido en dos: el México de las necesidades y de los deseos incumplidos, y el de los satisfechos con un sistema de cosas que tal vez haya llenado sus expectativas. La final del campeonato electoral, también nos ha dejado la duda sobre la total transparencia y legalidad de un proceso, largo proceso, que también algunos dan por bueno y han calificado de ejemplar.

Y es que los resultados de las elecciones presidenciales no le fueron favorables al candidato de la Coalición por el Bien de Todos (PRD, PT y Convergencia) Andrés Manuel López Obrador, que con un cómputo final de 35.31 por ciento de la votación contra 35.89 a favor del candidato panista, Felipe Calderón Hinojosa, no se sienten derrotados y han clamado que el proceso fue un fraude, lleno de irregularidades y que habrá que revisar.

El sábado 8 de julio, el candidato de la Coalición por el Bien de Todos citó a la ciudadanía a lo que llamó una primera Asamblea Ciudadana Informativa durante la cual dio a conocer los puntos de una estrategia para obligar a las autoridades electorales a reconocer su triunfo sobre su adversario más próximo: Felipe Calderón. López Obrador ha pedido la revisión “voto por voto, casilla por casilla” porque están seguros que esto va revertir los resultados finales que fueron dados por buenos por el Instituto Federal Electoral (IFE). La impugnación de las elecciones se ha ido al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, y, de ser necesario hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación..

Momento inédito en la historia electoral mexicana, no registrado ni en 1988 cuando “se cayó el sistema” y el hijo del general tuvo que aceptar los resultados de una elección amañada y fraudulenta que le dio el triunfo al Carlos Salinas de Gortari. Hoy, las cosas son un tanto diferentes, ha mediado un lapso suficiente como para que la ciudadanía madurara políticamente, sin embargo los métodos para ganar adeptos han cambiado. Es la guerra y como en todo conflicto que se respete, “todo se vale”. La descalificación, el insulto al oponente político, las acusaciones, meter miedo y hasta la calumnia se utilizaron durante la pasada contienda con tal de derrotar al oponente y ganar votos. Por eso, estas elecciones han sido calificadas como sui generis por analistas y politólogos.

En la plaza de la Constitución se reunieron cerca de 500 mil ciudadanos, según los organizadores, 280 mil de acuerdo con el reporte de las autoridades capitalinas y los medios de difusión. Y, al grito de “¡voto por voto, casilla por casilla!” la multitud ahí congregada vitoreó a un López Obrador que se lanzó duro contra el presidente Fox y las autoridades electorales: “sin recato alguno y sin cuidar la investidura presidencial, se dedicó a atacarnos, ha terminado por ser todo un traidor a la democracia”. La gente le gritaba: ¡presidente, presidente, presidente! mostrando su apoyo a la impugnación de las elecciones que más tarde anunciaría.

Tras asegurar que es el gobierno federal quien “quiere imponer en la Presidencia de la República a un empleado incondicional, a un pelele que les garantice perpetuar la corrupción”, señaló que impugnará las elecciones presidenciales del pasado 2 de julio. Ante una multitud, López obrador sostuvo que defenderá el voto de los ciudadanos y que de ser necesario llegará a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para solicitar se realice una averiguación de los hechos que, según dijo, constituyen la violación del voto público y la ilegalidad de todo el proceso. Bajo el cielo nublado, el político tabasqueño sostuvo que la Coalición por el Bien de Todos cuenta con pruebas fehacientes para demostrar que se violaron los principios de certeza, legalidad, imparcialidad y objetividad establecidos en el Artículo 41 de la Constitución.

Ante ciento de miles de simpatizantes, López Obrador convocó a una marcha nacional pacífica por la democracia a partir del miércoles 12 de julio desde todos los distritos electorales del país hacia la ciudad de México, aunque aclaró que será una movilización pacífica y que no habrá bloqueos ni cierre de carreteras. “Estas movilizaciones se llevarán a cabo haciendo uso de nuestras garantías individuales sin afectar derechos de terceros. No vamos a caer en ninguna provocación”.

La maestra está involucrada.
Durante la asamblea informativa en el zócalo capitalino, el coordinador de la campaña de Andrés Manuel López Obrador, Jesús Ortega, presentó dos grabaciones que involucran a Elba Esther Gordillo y al secretario de Comunicaciones y Transportes, Pedro Cerisola, con el gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández Flores, en apoyo a Felipe Calderón.

Ortega dijo que en una de las conversaciones entre Hernández Flores y Gordillo Morales se reconoce que el día de las elecciones las tendencias favorecían al candidato del PAN, Felipe Calderón Hinojosa con 34.1 por ciento, seguido del PRD, con 33.6 por ciento. En la supuesta grabación que entregó un ciudadano a la dirigencia perredista, Gordillo Morales comenta que el PRI se cayó, y que hay que hablar con gobernadores priístas para que apoyen el voto a favor del PAN.

En la segunda grabación el secretario de Comunicaciones y Transportes pide al gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández Flores, que se comunique con sus amigos del PRI para apoyar al candidato panista. Jesús Ortega señaló que están solicitando a la ciudadanía que presente pruebas sobre la manipulación del voto para evidenciar que hubo irregularidades durante la jornada electoral del pasado 2 de julio.

En las grabaciones se pone en evidencia que funcionarios federales pidieron el apoyo a gobernadores priístas de algunos estados del norte del país, con lo que violentaron la voluntad ciudadana en apoyo al candidato del PAN. Este es un elemento que los panistas y priístas han considerado de poca importancia ya que habría que comprobar la autenticidad de las grabaciones, aunque no deja de inquietar que un elemento más se sume a la lista ya muy larga de irregularidades que han desembocado en esta espera que ya se está haciendo larga.

Mientras tanto, el Cuarto Pleno Extraordinario del VI Consejo Nacional del PRD resolvió solicitar juicio político contra los consejeros del IFE, en especial contra Luís Carlos Ugalde, por presunta usurpación de funciones del organismo electoral. El consejo del Partido de la Revolución Democrática (PRD) dio a conocer tal determinación en virtud de que, a juicio del organismo político, el Instituto Federal Electoral (IFE) ha realizado tareas que solo competen al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Confió en que el órgano jurisdiccional actúe con responsabilidad en la resolución de los recursos de impugnación de la elección del 2 de julio que le presentó la Coalición por el Bien de Todos, integrada por el PRD, el Partido del Trabajo (PT) y Convergencia. “Nosotros estamos convencidos de que quien ganó la elección presidencial fue Andrés Manuel López Obrador”, manifestó el consejo perredista, y expresó su absoluto respaldo al plan de acción del tabasqueño.

La indefinición tiene a millones de mexicanos en suspenso, el proceso que para estas alturas debió haber definido a un ganador de las elecciones federales, está en un perverso impasse que ha detenido en muchos aspectos el progreso y vida normal del país. Pero, la democracia se debe aplicar y, hasta no llegar a una certeza definitoria, los mexicanos no estaremos satisfechos con el proceso que muchos han calificado de ejemplar. Y, sí, ha sido ejemplar, pero por parte de los ciudadanos que han cumplido con su parte al participar entusiastamente y con la confianza de que los responsables de las elecciones actuarían con transparencia y legalidad, pero, esto no ha sucedido así. Las irregularidades y sospecha de fraude cibernético avalan el que se exija una revisión minuciosa de urnas y casillas electorales.

Medios

Los medios de comunicación factor de influencia en la lucha política.
Una contienda política clara y democrática, requiere de medios con credibilidad.
En el actual momento por el que atraviesa el país, los medios juegan un papel por demás relevante.
· A mayores recursos mayor acceso a los medios de comunicación.

Eduardo M. Gutiérrez.
En una de las contiendas políticas más polémicas y disputadas, el campo de los medios es crucial. Hoy, a diferencia de hace apenas algunos años, los medios de comunicación son reconocidos como factor de primera importancia en la lucha política, no sólo por los partidos, sino ya también por grupos sociales que otrora no percibían como hoy la dimensión de los medios en el contexto de dicha confrontación.

De ahí los cada vez mayores reclamos por un mayor acceso de los mensajes de los partidos políticos en los medios de comunicación, punto en el que topan, en la mayoría de los casos, las posturas partidistas sobre los medios, sin incorporar otras demandas sobre el campo de la comunicación social a sus proyectos y propuestas.

Hoy en día los partidos, sobre todo los de oposición, han logrado un acceso mayor a los medios que hace unos cuantos años. No obstante, con todo y las modificaciones realizadas a la legislación electoral, la equidad continúa sin ser alcanzada. La insistencia sobre una presencia democrática de las agrupaciones políticas en los medios sigue prevaleciendo y está aún pendiente, a más de dos décadas del establecimiento de las primeras reglas para manejar el acceso de los partidos políticos a la radio y la televisión consignadas en la Ley Federal Electoral de 1973. La insistencia y la necesidad persisten, aunque con un contexto por completo distinto y en plena transformación.

Sería útil, sin duda, hacer el recuento del comportamiento de los medios en procesos electorales recientes. Sin embargo, las condiciones de transición por las que atraviesa el país en este momento impulsan a preguntarse sobre los nuevos retos que dicha etapa de cambio plantea a los medios en sucesos políticos de relevancia como los electorales, para que contribuyan a un ejercicio más amplio y democrático de la ciudadanía. Intentemos un abordaje mínimo, a través de algunas precisiones.

Es necesario, en este momento de transición -para el cual las elecciones del año 2 000 constituyen sin duda una importante prueba-, que los medios realicen la actividad informativa encomendada por la sociedad con un alto sentido de profesionalismo, que en este caso se relaciona justamente con las nociones de equidad y veracidad, pero también con principios éticos, cuya insuficiencia ha empañado en muchas ocasiones la eficacia de su propia labor informativa. Ocurrió, por ejemplo, en 1994, cuando ante lo desequilibrado de la presencia en los medios de los distintos partidos, se hizo necesaria, ya muy próximos los comicios, una reconvención del Instituto Federal Electoral a los medios, especialmente los electrónicos.

Una contienda política clara y democrática, que es a la que parece aspirar una buena parte de la ciudadanía en estos momentos, requiere de medios con credibilidad, de medios confiables. Y tal como están las cosas, una porción significativa de ellos tendrá que ganársela a pulso.

El logro de la credibilidad puede alcanzarse a través del desempeño profesional, veraz y eficiente de la tarea informativa. Pero también vía una mayor pluralidad en los medios, traducida en mayores espacios para grupos que hoy no tienen cabida, para actuar como verdaderos interlocutores entre los distintos sectores de la sociedad.

Un cuarto punto a considerar sería, ni más ni menos, la revisión, por los medios, de sus compromisos y de la verdadera naturaleza de su función, que es, aunque a veces poco se recuerde, de tipo social. A quién se deben y a quién realmente tienen que responder por su desempeño, es uno de los cuestionamientos que tienen que plantearse hoy los medios. Si actualmente el reclamo es que su compromiso sea en verdad con el país -un país que busca salir del marasmo para ir construyendo, no sin dificultades, un proyecto distinto del que le llevara a la crisis-, entonces los medios tendrían que ofrecer una contribución que, por cierto, no es sólo un grano de arena. Su aportación tendría que ser más sustantiva, pues deberían ir a favor de la construcción paulatina de una cultura política nueva, que se apoye en la existencia de una sociedad informada, con elementos para la participación y toma de decisiones políticas.

Los puntos anteriores conducen con naturalidad a uno más, que los implica y reúne: el punto que marca la importancia del papel de los medios de comunicación en el proceso de búsqueda de la democracia. "La democracia es gobierno de opinión", ha dicho Sartori, "un gobernar fundado en la opinión pública", entendida ésta como un punto de vista claro de la ciudadanía sobre el manejo de los asuntos que le interesan o le afectan, entre los cuales se encuentra la esfera política.

¿Y cómo puede formarse esa opinión fundamentada de los ciudadanos sobre la "cosa pública", sobre los asuntos de interés de la sociedad y cuyo certificado de autenticidad radica en su condición de autonomía? Desde luego, como es sabido, en el proceso de formación de la opinión ciudadana se interactúa con flujos de información e intervienen varios factores, entre ellos los mensajes de las personalidades que difunden aquéllos y que en muchas ocasiones adquieren influencia pública.

Pues bien, una premisa indispensable en el surgimiento de esa opinión pública autónoma que allana el camino hacia la democracia es la existencia de una ciudadanía interesada en los asuntos a discutir, así como el requisito de que ella cuente con información fidedigna y oportuna sobre los temas de su atención.

A primera vista parecería que estos requisitos podrían verse cumplidos hoy en día en nuestra sociedad, que últimamente ha mostrado mucho mayor interés que antes en los asuntos nacionales, además de contar con una red de medios, sobre todo electrónicos, que impacta a amplios auditorios en el país.

Pero cuando contrastamos los requisitos mencionados para la existencia de una opinión pública autónoma que nutra el proceso hacia la democracia, con las condiciones generales de funcionamiento de los medios de comunicación de nuestro país, la apreciación cambia: ¿realmente puede decirse que los públicos nacionales están interesados e informados bien a bien sobre los sucesos políticos del país? La pregunta es válida de plantearse ante las prácticas informativas generales de los medios, que, salvo las excepciones del caso, son: rápido desfile de notas de asuntos de lo más diverso, que conviven con la publicidad y que alejan la posibilidad, ya no se diga de reflexionar sobre la información, sino muchas veces ni siquiera de que ésta sea expuesta con profundidad. La tónica a seguir por una buena porción de los medios es. A mayor cantidad de datos o notas, igual a " mayor información".

Agréguese a esta circunstancia el fenómeno reciente del tratamiento de la información como espectáculo o material altamente vendible y las distorsiones en el manejo informativo que con frecuencia practican los medios a raíz de sus compromisos con intereses político-económicos y que se traducen a veces en omisiones, amplificaciones o hasta distorsiones en temas diversos. Pero eso no es todo. El surgimiento de la opinión pública autónoma no sólo supone la existencia de un público con amplia información, pues para que los públicos emitan una opinión necesitan contar con elementos que les permitan, primero, comprender la información política, para después estar en posibilidad de interpretarla y construir un punto de vista propio.

De más está decir que los públicos mexicanos no están muy cerca de esta posibilidad de transformar la información política en comprensión y reflexión crítica: por el contrario, si el sector educativo formal apenas les proporciona escasos elementos de educación política y hasta cívica, los medios, por su cuenta, tampoco le apoyan en este sentido, al estar volcados al entretenimiento y con formas discursivas donde pocas veces se analiza una idea y con la ley del rating como imperativo.

Formados los públicos de esta manera, las resultantes es el alejamiento de la ciudadanía del ejercicio de la capacidad de reflexión en torno a la información política, circunstancia que mucho ha beneficiado para mantener el orden de cosas, cuando ante momentos determinantes para la vida nacional, se ha sentido la ausencia de una opinión pública vigorosa y más amplia que la hasta ahora presente en algunos sectores de la sociedad.

De este modo, en el actual momento por el que atraviesa el país, los medios juegan un papel por demás relevante, puesto que son los conductos a través de los cuales circula el debate y se definen las diferentes propuestas políticas. Incluso, los medios son, y en especial los electrónicos, los vehículos a través de los cuales la ciudadanía se pone en contacto con las opiniones y puntos de vista de los actores políticos. Por tal razón, si en los medios no se expresa la pluralidad, o si ésta se ve impedida en ellos, no habrá contienda democrática auténtica.

Periodismo y Libertad

Periodismo y libertad
El periodismo no es el “cuarto poder”. Es parte del poder.
Esto ya es historia, pero, queda en la conciencia colectiva.
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Eduardo M. Gutiérrez.
En general, comunicación remite a medios masivos. Y se nos ha hecho creer que en un mundo “globalizado” vivimos en la Sociedad de la Información. Existe, en verdad, una sobresaturación informativa. Pero, ¿quién pone los contenidos? ¿Quién controla la producción y difusión de la noticia? ¿Cómo podemos diferenciar lo riguroso y valioso de lo manipulado y superficial? ¿En beneficio de quiénes circula esa información? Como dijo Eduardo Galeano, “nunca tantos han sido tan incomunicados por tan pocos. Cada vez son más los que tienen el derecho de escuchar y de mirar, pero cada vez son menos los que tienen el privilegio de informar, opinar y crear”.

No es común que la gente al abrir un periódico, escuchar una radio o elegir un canal de televisión sepa quiénes son sus propietarios, quiénes los mantienen mediante la publicidad, qué relaciones poseen con el gobierno o las empresas. En los medios en México, existe un acelerado proceso de concentración. Al duopolio privado de la televisión, controlado por dos plutócratas que integran la lista de magnates de la revista Forbes, Emilio Azcárraga Jean (Televisa, Cablevisión, Radiópolis) y Ricardo Salinas Pliego (TV Azteca, Elektra, Banco Azteca, Iusacell, Unefón), ha venido a sumarse ahora el Grupo Empresarial Ángeles (GEA), cuyo principal accionista es Olegario Vázquez Raña, dueño de los hoteles Camino Real y los hospitales Ángeles. GEA controla el Grupo Imagen, que acaba de adquirir el Canal 28 de televisión, y que está integrado, además, por Imagen Informativa, Reporte 98.5 y el periódico Excélsior.

Con mayor precisión puede decirse que Televisa, TV Azteca, GEA, el Grupo PRISA (propiedad de la familia Polanco de España, asociada aquí con Televisa Radio) y otras tres familias de concesionarios privados: los Vargas Guajardo (MVS); los Aguirre Gómez (Grupo Radio Centro) y los Azcárraga Romandía (Organización Radio Fórmula) controlan los medios electrónicos del país.

Según la UNESCO, la información “es un bien social”. Pero esos conglomerados mediáticos responden a un capital. A los intereses de sus dueños. Para ellos la información es una mercancía. Un capital que tiene como objetivo vender productos y crear hábitos de consumo. Esos consorcios que dominan tecnologías y contenidos han convertido a los medios masivos en insaciables maquinarias para obtener mayores tasas de ganancia en el más breve tiempo. Más allá de las contradicciones intercapitalistas y la competencia, como consecuencia de la confluencia de tan poderosos intereses se ha establecido de modo tácito un “consenso mediático” que opera como una gran maquinaria de la dictadura del pensamiento único. La clase dominante marca sus posiciones político-ideológicas a través de los medios y ya no, como antaño, vía los partidos. Los medios se han convertido en un verdadero poder articulador de la plutocracia. Bajo esas condiciones, la posibilidad de expresión pública de las voces críticas y de los sectores subalternos es mínima. Y cuando lo logran, éstas son tergiversadas de manera sistemática.

El periodismo no es el “cuarto poder”. Es parte del poder a secas. Forma parte de un único poder que responde a la lógica de dominación de clase, de propiedad de los medios de producción y de acumulación de la tasa de ganancia. La batalla de las ideas se sigue jugando en el terreno cultural. Lo saben muy bien quienes tienen la sartén por el mango. La “información” surge de la decisión previa de gente que piensa lo que hay que pensar y construye la “noticia” en función de sus intereses. A través de sus intelectuales orgánicos y asalariados –Enrique Krauze, Jorge G. Castañeda, los hermanos Federico y Jesús Reyes-Heroles González Garza, Pedro Ferriz de Con, Mario Ramón Beteta, Joaquín López Dóriga, Víctor Trujillo y quienes les hacen eco–, los medios crean y alimentan mitos. Su poder y su magia invisibles corroen las conciencias y percepciones. Los “guardianes de la democracia” fomentan el unanimismo, la amnesia, el olvido. Fabrican y construyen estereotipos. Demonizan a los de abajo. Criminalizan a los sucios o impuros. Los convierten en un “peligro” para México. Los tachan de “ilegales” y “violentos”, en contraposición a los “pacíficos y “legales”. Transforman a las víctimas en victimarios. En la coyuntura, por ejemplo, cometieron la canallada de respaldar al embajador de Israel, David Dadonn, quien tuvo la desfachatez de asociar a quienes se solidarizaron con los palestinos y libaneses víctimas de la ocupación genocida de los neocolonialistas sionistas, con “cómplices” del “terrorismo árabe”; una concepción que tiene un fondo profundamente racista y fascista.

No hay periodistas “neutrales”, “apolíticos” u “objetivos”. Quien afirma eso miente o es ingenuo. Casos como el desafuero de López Obrador, la violencia en Sicartsa, Atenco y Oaxaca, y ahora el fraude electoral, han desnudado todo un andamiaje propagandístico mediático pro “institucional” que se sostiene en la mentira, la tergiversación y en campañas miserables de odio y de miedo. O de auto-elogio y auto-legitimación, como ocurrió con la campaña de propaganda que promovió la defensa a ultranza del Instituto Federal Electoral (IFE).

A la luz de la crisis postelectoral, conviene subrayar algunas cosas. Por ejemplo, que los mexicanos están gobernados por los grandes medios masivos y, en su mayor parte, apenas si se dan cuenta de ello. Como apuntábamos arriba, la prensa, en particular las cadenas de radio y televisión privadas, cumplen su papel de fábrica de comunicación. Noam Chomsky ha explicado que la función de los medios es manufacturar el consenso: vaciar las mentes de la gente en un molde uniforme y asegurar el alineamiento de cada individuo aislado con el modelo de dominación impuesto; el modelo de la clase dominante.

Aunque en la coyuntura ha perdido credibilidad, Televisa ha jugado un papel clave en la conformación de una multitud de telespectadores de signo conservador, reaccionario. Individuos atomizados, crédulos, despolitizados, maleables, que componen la nación y también son ciudadanos y votan en las elecciones. Un público que recibe de manera simultánea las mismas imágenes e informaciones y, por lo tanto, las mismas ideas. Los programas y noticieros transmitidos están concebidos a partir de la psicología y los prejuicios corrientes de la mayoría de la población y se da una interacción en el sentido de una uniformidad cada vez mayor. Esa masificación, que muchas veces en tiempos de campañas electorales el telespectador no identifica como propaganda política, se instala en la conciencia de la gente y, gracias a ella, por un efecto de repetición, los que mandan y sus empleados hipnotizan a la multitud. La repetición homogénea de falacias, mitos y eslogans como “noticia”, tiene, siempre, valor de confirmación. La repetición obstinada fija la idea, aunque esa idea haya sido producto de una maniobra de simulación.

El arte del camuflaje es practicado por la clase dominante y sus “comunicadores” de masas para controlar y domesticar a la población. No quieren que la gente piense ni participe. Y explotan, a través de los medios, la psicología y los prejuicios de las masas. Explotan la necesidad de odiar a alguien, la búsqueda de un chivo expiatorio. Suscitan ese odio y a veces apasionan a la gente, la sublevan y le conceden una actividad. Por ejemplo, votar. Durante las campañas políticas, revelarle, entregarle tal objeto de aversión y escándalo a las masas es permitirles que den libre curso a su agresividad latente. Un objetivo es predisponer al público contra un adversario, un personaje, una idea. Incluso por la vía de la difamación y la mentira.

Eso ocurrió aquí. El Consejo Mexicano de Hombres de Negocios; su grupo de choque, el Consejo Coordinador Empresarial; jerarcas de la Iglesia católica, el gobierno de Vicente Fox, el Partido Acción Nacional (PAN), sus aliados del Partido Revolucionario Institucional (PRI), la ultraderecha yunquista, los tecos y las grandes cadenas electrónicas privadas participaron en una campaña de odio contra Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Mediante una estrategia de persuasión, inducción y coacción hicieron revelaciones, generaron escándalos y reprodujeron hasta el cansancio exageraciones y mentiras para afirmar ideas y dogmatizar a una multitud pasiva a la que después se pidió sufragar por su candidato, Felipe Calderón. El voto del miedo funcionó, aunque muchos de quienes sufragaron por el candidato del PAN conservan la ilusión de haber decidido por sí mismos, sin darse cuenta de que fueron influidos o manipulados.

En buena medida, la sugestión compulsiva –la guerra sucia mediática con eje en la sentencia “AMLO es un peligro para México”– fue ejecutada por un puñado de hipnotizadores a distancia, conductores “estrellas” de los medios electrónicos que practican a diario la disimulación.

Además, los canales del duopolio televisivo –Televisa y TV Azteca, cuyos dueños integran la plutocracia y se han convertidos en actores políticos– fueron protagonistas del show electoral, y autoerigidos en “suprema corte mediática” siguen ejerciendo su privilegio de mandar. El 5 de julio, mientras “fluía” el conteo distrital, el vocero de la Casa Azcárraga (Joaquín López Dóriga) realizó una entrevista con José Woldenberg para reasegurarle al populacho lo impecable de la maquinaria del IFE y la imposibilidad de fraude. Era obvio qué iba a pasar. No en balde Calderón cerró su campaña en el Estadio Azteca, propiedad de Televisa, y en el capítulo del 28 de junio de la telenovela La fea más bella, dos protagonistas, José Luís Cordero y Eric Guecha, invitaron a la audiencia a votar por el candidato del PAN.

Después, López Dóriga, en su papel de cuico o policía del pensamiento –como antes Brozo–, siguió con su tarea mercenaria de convencer a los mexicanos de que Calderón ya ganó y que López Obrador debía reconocer su derrota. Habló por la voz de su amo, cuya empresa utilizó el último capítulo del programa de sátira política El privilegio de mandar para atacar a AMLO y enviar un mensaje siniestro a todo México. A través del personaje Canti, parodia de Cantinflas, interpretado por Carlos Espejel, la “posición institucional” de la televisora –según reconoció el guionista Manuel Rodríguez Ajenco ante Carmen Aristegui– fue que “en la democracia se gana y se pierde (…) no hubo vencedores ni vencidos, aquí todos somos México (…) no es hora de dividir, es hora de sumar”.

Pero como lo vino demostrando la presencia del pueblo en las calles en reclamo del voto por voto, casilla por casilla y en contra del fraude electoral, los medios no son todopoderosos; han perdido credibilidad. Y están pasando cosas. Mucha gente recupera la palabra –que es vida, memoria, elaboración, liberación–, se sumó al megaplantón ciudadano, participó de la resistencia civil pacífica y le fue poniendo su verdadero nombre a las cosas. El capitalismo se llama capitalismo. El fraude, fraude. Algunos saben que el problema no es el modelo sino el sistema. En ese contexto, la tarea de los trabajadores de la comunicación es esencial: tienen la posibilidad de romper desde adentro los filtros y las censuras, abiertas o encubiertas, mediante las cuales se des-informa, des-educa y manipula a la sociedad.

Lo que sigue es incierto. Hay quienes impulsan un autoritarismo de nuevo tipo. Una dictablanda. Otros quisieran imponer un fascismo a la mexicana. Ante esos escenarios, la movilización social, la resistencia popular, la desobediencia civil son armas legítimas. Pero no se trata sólo de la defensa de la sociedad, sino de construir una patria nueva sin mentiras, sin capuchas, sin torturas, sin cadenas. Participar, sí. Pero también esclarecer. Lograr que la comunidad tome conciencia de la lección que proporcionan los hechos. Los propios y los ajenos.

La Reforma del Estado

La Reforma del Estado: asignatura no cumplida en el periodo foxista.
Baja productividad y efectividad del Congreso mexicano.
Queda el reto de seguir la lucha por la transformación democrática del Estado Mexicano.


Eduardo M. Gutiérrez.
A pesar de los múltiples estudios, foros, conferencias que se organizaron y de las cientos de iniciativas que se elaboraron y presentaron en la tribuna parlamentaria, el avance de la Reforma del Estado es absolutamente magro. Con el agravante de que los decretos de reforma aprobados son inconexos y en ocasiones representan retrocesos en cuanto al método y la aspiración para la construcción de un régimen cabalmente democrático para México.

Sin ir más lejos, la aprobación de la llamada “Ley Televisa” y la Reforma Electoral restrictiva para las nuevas formaciones políticas son un claro ejemplo de los retrocesos. Queda todavía un cúmulo de reformas urgentes que no se aprobaron a pesar de contar con un aparente consenso general. Tal es el caso de una Reforma Electoral más profunda que restringiera el gasto y los tiempos de campaña, que normara las precampañas, que aumentara las facultades del Instituto Federal Electoral; otro ejemplo de ello es la no aprobación de la figura del jefe de gabinete, a pesar de que políticos, académicos, periodistas, empresarios, y hasta el clero se manifestó a favor; otro ejemplo más fue la incapacidad de reformar el congreso ya que entre otras cosas, no hay todavía previsión legal y reglamentaria para poder hacer coaliciones legislativas estables que ayuden a la gobernabilidad del país, no se lograron aumentar las capacidades investigativas de las comisiones legislativas y sigue sin abatirse el monstruoso rezago legislativo que conforma la ya legendaria congeladora legislativa, y el colmo, a pesar del gran consenso que existe en torno al tema, el formato del informe presidencial no se modificó en lo absoluto.

Sin embargo, es importante dar cuenta puntual de lo que se ha logrado avanzar, aunque de este avance resalten pocas cosas. Ahí está por ejemplo, la ampliación del segundo periodo legislativo, el mandato para construir una agenda legislativa común, se logró adelantar la fecha de presentación del paquete económico y por tanto se amplió el periodo para el análisis de la propuesta del Ejecutivo de Ley de Ingreso, del presupuesto de egresos de la federación y de la miscelánea fiscal. También se crearon centros de investigación especializados en la Cámara de Diputados para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género y para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria.

Se le confirió finalmente la autonomía al INEGI; se pudo crear como órgano autónomo la agencia de noticias del Estado; se creo el IFAI, que a pesar del uso restrictivo que le ha dado el gobierno, la Ley de Transparencia y acceso a la información que le da vida, es sin duda la joya de la corona de este periodo por su implicación y su alcance potencial a futuro; finalmente se instrumentó –con limitaciones- el voto de los mexicanos en el exterior; también se aprobaron disposiciones financieras importantes.

Pero sin duda, lo más inquietante, es observar el cúmulo de reformas pendientes y urgentes. Hay que reformar el Estado mexicano, lo que implica la construcción de un nuevo régimen político. Es decir, hay que en colocar el tema de nueva constitucionalidad en el debate nacional, insistir en conferirle características parlamentarias a nuestro sistema político, lo que implica la posibilidad de instaurar la figura de Jefe de Gabinete, modificar el formato del informe presidencial, incrementar las relaciones entre los poderes, que el congreso ratifique a los secretarios de despacho, sentar las bases para la construcción de coaliciones legislativas estables que respalden al ejecutivo con una mayoría sobre un programa y compromisos específicos; reformar al congreso, aumentar las facultades de las comisiones, acabar con el rezago legislativo, aprobar una reforma electoral que acote el gasto, que reduzca los tiempos de campaña, que construya un calendario electoral concurrente para el mismo mes de cada año. Hacer de los ejes de la política exterior una política de Estado.

Está pendiente también la creación de un tribunal constitucional que dirima las controversias entre poderes, la autonomía del ministerio público, la autonomía plena al IFAI, la creación de una procuraduría del medio ambiente, profundizar la reforma política del Distrito Federal, impulsar una reforma hacendaria, que fortalezca el federalismo, profundizar los derechos de los pueblos indígenas.

También se deben promover las políticas sustentables como políticas de Estado, profundizar la reforma social del Estado, garantizar la visión de género, garantizar las pensiones para los jubilados, universalizar los servicios educativos, invertir mas en ciencia y tecnología, ampliar el compromiso del Estado con la cultura, impulsar la educación cívica para la construcción de una ciudadanía que trascienda al ámbito electoral y comprometer a todos los ámbitos del gobierno y la sociedad en una cruzada contra la inseguridad.

La baja productividad y efectividad del Congreso mexicano, se expresa con claridad en las siguientes cifras. En dos legislaturas, se presentaron poco más de 6000 iniciativas, de las cuales, sólo el 12% están dentro de la clasificación de los temas para la reforma del Estado, y de este universo de más de 700 iniciativas presentadas con estos temas, se promulgaron 76 nuevas leyes y decretos, es decir, un 10% aproximadamente, lo que equivale a poco más de 1% del total de las iniciativas presentadas en el Congreso de la Unión durante este sexenio, es decir, casi nada.

Queda pues el reto de seguir la lucha por la transformación democrática del Estado Mexicano y de mantener estos espacios de deliberación y elaboración y ahora emprender el esfuerzo para que estas comisiones especiales se pudieran transformar en comisiones ordinarias, es decir, con capacidad de dictaminar las iniciativas, para así tratar de avanzar con mayor fuerza y con mayor celeridad la agenda pendiente para la Reforma del Estado desde el Congreso de la Unión.

Sunday, August 27, 2006

Un México Dividido
Muchas veces dividido.
Lucha por el poder implica riesgos explosivos.
El país se divide y se fragmenta en muchas partes.


Eduardo M. Gutiérrez.
Las elecciones para elegir presidente de la República aún no han arrojado un ganador, pero si han dividido al país. Por un lado los que votaron por Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición Por el Bien de Todos y, por el otro los que eligieron a Felipe Calderón, del Partido Acción Nacional, como el sucesor del Vicente Fox Quesada se proclaman ganadores de la contienda. Izquierda y derecha, derecha e izquierda como resultado de un posible fraude maquinado, se hallan enfrentadas dentro de una sociedad que ha encontrado en opuestas ideologías su razón de ser y su verdad.

Los continuadores de un sistema que quiere un México de rodillas ante el poder del dinero y los desposeídos de hasta lo más necesario junto a otros que quieren ver un México libre y con instituciones verdaderamente democráticas que den oportunidades a todos por el simple hecho de ser mexicanos, hoy se ponen de uno y de otro lado para terminar de vender o para recuperar el país de nuestros ancestros. Todo esto como producto de la ignorancia y miopía de unos cuantos, de la ambición desmedida por el poder y el dinero.

No es la primera vez que el país se divide. Liberales y Conservadores ensangrentaron al país durante la Guerra de Reforma cuando Juárez luchaba por un país más justo para las mayorías. Del otro lado, los Conservadores luchaban por mantener sus canonjías y privilegios por encima de un pueblo empobrecido y explotado por verdaderos señores feudales cuyo ideal era un sistema monárquico dirigido por extranjeros ya que consideraban inmadura a la ciudadanía de entonces para poder regir su propio destino. Así, cada bando se enfrentó y al triunfo de los Liberales México se constituyó como una República federativa fundamentada en la Constitución de 1857.

Más tarde, la Revolución iniciada en 1910 ensangrentaría al país de nuevo. Ricos y pobres partirían a México en dos y la lucha por el poder dejaría más de un millón de mexicanos muertos. Nuevamente, las familias privilegiadas por el porfiriato y su sistema latifundista abusaban del pueblo y de los campesinos acasillados que al grito de “tierra y libertad” iniciarían la primera revolución social del mundo Y la Constitución de 1917 iniciaría el camino, largo camino hacia la democracia. La división entre revolucionarios y los diferentes gobiernos que se enfrentaron por el poder fue parte del proceso que finalmente daría a nuestro país estabilidad social y política al triunfo de la Revolución.

Otros conflictos como la guerra cristera en la época del presidente Cárdenas polarizó a los mexicanos en bandos que sostenían tener la verdad de su lado. La sangre de mexicanos también corrió en esta ocasión en que el país parecía no hallar otra salida más que la violencia. Y esta violencia ya se daba mucho antes de que fuéramos una nación. Desde antes de la llegada de los españoles y la conquista de un gran territorio, esta parte del mundo ya era habitada por tribus y naciones indígenas que luchaban y se encontraban divididas y dominadas unos por otros.

Si bien hoy los mexicanos conformamos una nación bien constituida, y, fundamentada en una Constitución que avala la existencia de las instituciones que norman la vida del país, la democracia a la que aspiramos nos está saliendo cara. Y, no sólo hablamos de los cientos de millones que se han gastado antes, durante y después de las elecciones del 2 de julio; nos referimos también al costo político que ha representado llegar a estas alturas y que sin embargo parece que ha sido necesario. Depurar la política ha implicado destapar algunas cloacas y darnos cuenta del estado deplorable en que ha caído el ejercicio de la política y los políticos nacionales. Ha sido necesario darnos cuenta de que falta mucho camino por recorrer para arribar a una verdadera democracia.

Durante el último sexenio, el prestigio de algunas de nuestras más caras instituciones ha quedado por los suelos. La política exterior de México es un claro ejemplo de lo que hablamos. La famosa doctrina Estrada que definió la no intervención y la autodeterminación a que tienen los pueblos del mundo quedó difuminada cuando ciertos eventos que ya ni vale la pena mencionar se dieron en el pasado reciente para vergüenza de todos los mexicanos que creímos superadas ciertas etapas de nuestro crecimiento como nación integrada al mundo globalizado.

Hoy, la confrontación electoral que, se llevó a cabo ordenadamente y con civilidad por parte de los ciudadanos, quienes sí dieron muestra de confianza en las instituciones electorales, se vieron defraudados ante la gran duda de que la voluntad de todo un pueblo se vaya a cumplir. Surge el México dividido otra vez y la lucha por el poder implica riesgos explosivos y que pueden desestabilizar a esta nación. La posibilidad de una guerra civil, de un conflicto armado es una semilla abonada por años de injusticia, pobreza, carencias y mal gobierno.

Más de 50 millones de mexicanos, es decir, más de la mitad de los habitantes del país, sufren del mal de la pobreza. La desesperanza en las nuevas generaciones es ya un síndrome común y no ven la salida a esta situación si no es por medio de la “tranza” o de la emigración al vecino país del norte. El país se divide y se fragmenta en muchas partes. En lo político y en lo económico hay quienes preferirían sumarse como una estrella más de la bandera norteamericana; otros, individualistas y educados por visionarios de la derecha, prefieren vender sus esfuerzos a las trasnacionales o a la iniciativa privada local que ve en la ganancia su único camino. Los más, el pueblo, ve en la lucha social, pacífica y organizada la esperanza de trastocar las condiciones actuales y lograr el cambio hacia la justicia social. Otros, los menos afortunadamente, ven en la vía violenta la manera de transformar y forzar una realidad.

Los muchos Méxicos están mostrando sus caras y las diferencias se hacen aún más notorias al finalizar un ciclo sexenal más, porque todos sabemos que el balance no será positivo para el país. Porque sabemos que durante el foxismo no se hizo nada a favor de los que menos tienen y sí en cambio se favoreció a una minoría enriquecida, a una minoría privilegiada: a la clase empresarial. Se muestran las caras de la inequidad, de la mala administración, del abuso, del nepotismo, de la explotación junto a las de la miseria, la pobreza y la desnutrición física, cultural e intelectual.

Y, ¿Hay salida posible?
Hasta donde entendemos, como en la física: un cuerpo permanecerá estático, sin movimiento hasta que no haya una fuerza que interaccione con él, que le comunique energía cinética, energía en movimiento. La salida es posible por medio de la energía social, de la fuerza de la voluntad del pueblo que ya se manifiesta con la inconformidad en los resultados de las pasadas elecciones presidenciales; en las manifestaciones y plantones, que aunque molestos para algunos son un derecho constitucional pésele a quien le pese. La salida, a mediano plazo, no es probablemente contar voto por voto, casilla por casilla, cosa que no sucederá, sino la depuración del país, la renovación de sus instituciones como cimientos de una verdadera democracia. Y, es una tarea que se antoja larga y dificultosa, llena de pequeñas y grandes batallas que solo el pueblo puede ganar.

Muy probablemente el Tribunal le de el gane a Felipe Calderón y este miembro de la derecha mexicana sea el próximo presidente de México. Muy probablemente Calderón seguirá aplicando el neoliberalismo como sistema económico y siga, como su antecesor, favoreciendo a ricos y poderosos. Probablemente seguirá vendiendo el país a las trasnacionales y probablemente el número de pobres aumente, la desocupación y la falta de oportunidades siga y la enfermedad y desesperación de las familias llegue a niveles insoportables pero, la fuerza que provoca el movimiento estará ahí siempre presente para impulsar el cambio cuando el pueblo se decida.

Entonces le tocará a Felipe unir al México dividido por la injusticia social, por la existencia de tan pocos ricos que poseen todo y tantos pobres que no tienen nada; le tocará armar las piezas del rompecabezas económico en que se ha convertido la nación para, con las manos limpias, dar oportunidades a todos (a millones), o asumir las consecuencias.

Wednesday, May 17, 2006

Atenco: la mecha està lista.

Guerra en Atenco:
En el ocaso de su desgobierno
Fox agita la ingobernabilidad
+ ¿Culpables?: Los 3 niveles de gobierno.
+ El fondo: institucionalidad vulnerada.
+ ¿Movimientos de la Revolución Interrumpida?
+ ¿Guerra en el reino de Nezauhalcoyotl?

Eduardo Maldonado G.
Las imágenes de las policías federales, estatales y municipales corriendo para escapar de los machetes de algunos habitantes de Texcoco-Atenco, en el estado de México, le dieron la vuelta al mundo. Son la fiel representación de la institucionalidad mexicana profundamente vulnerada, por el gobierno foxista que llega a su último semestre, en grave ingobernabilidad.

De acuerdo con las primeras informaciones, dadas a conocer por los medios electrónicos, en particular la televisión y, particularmente: Televisa, es difícil entender que un incidente: el desalojo del mercado Belisario Domínguez, en Texcoco-Atenco, de un grupo de vendedores de flores ambulantes, se haya convertido en menos de 24 horas, en un conflicto casi bélico de proyecciones graves.

Como un reguero de pólvora, se incendiaron los ánimos tanto de los pobladores de la zona, como de los agentes de policías municipales, estatales y federales. El resultado fue: docenas de heridos, casi dos centenares de detenidos. Pero, además: más de una docena de policías secuestrados por un grupo de gente armada de machetes, jefaturados por Ignacio Valle, quien más tarde sería aprehendido y encarcelado, acusado de diversos delitos.

Todo se inició en el mercado Belisario Domínguez, cuando la policía municipal, enviados por el presidente municipal perredista Nazario Gutiérrez trató de desalojar del lugar a un grupo de vendedores ambulantes de flores. Se dijo, oficialmente, en el municipio que se tenía un acuerdo para dejarlos vender sus flores, como en años anteriores; pero, que el munícipe Gutiérrez, desconoció el acuerdo.

La violencia con que actuaron los policías que arremetieron contra los floricultores, desató la ira de campesinos y moradores del valle de Texcoco, que respondieron blandiendo sus machetes, y tirando piedras y bombas molotov a los policías que ya estaban apoyados por fuerzas estatales y federales de la policía preventiva.

¿Venganza?
Texcoco-Atenco (San Salvador Atenco) y toda la zona del oriente del estado de México que colinda con el Distrito Federal, es una región con añejos problemas económico-sociales. Tierras rurales y urbanas, sobre las que sus habitantes han vivido -¿o sobrevivido?-, oscilando entre la pobreza y la extrema miseria. Es otra de las muchas regiones olvidadas en México, igual por autoridades federales, como estatales.

Tienen permanentes problemas de agua, transportes, sanidad; y, desde luego deslindes de tierras. En esto último, igual son víctimas de especuladores en la compra y venta de tierras, particulares y de mayores y menores funcionarios federales, estatales y municipales. Es gente que vive con una enorme carga de explosividad, que estalla al menor motivo.

Los gobiernos federal t el denominado “mexiquense”, especialmente a partir del “gobierno del cambio”, han sido totalmente ciegos y de una ineptitud política que asombra, para buscar solución a los problemas de la clase trabajadora y la población en general. Pero, Atenco, es patente de la incapacidad del gobierno de Vicente Fox.

Como se recordará, a principios del sexenio de este gobierno (que, que bueno que ya se va) el grupo en el poder provocó un conflicto que lo marcó para siempre: intentó construir un aeropuerto alterno en esa zona del estado de México. Pretendió expropiar las tierras que esta gente ha habitado desde antes de la llegada de los españoles. Quiso apoderarse de 4 mil 500 hectáreas y, pagarlas con una indemnización de: ¡seis pesos por metro cuadrado!

Se trató del intento de despojo de esas tierras –no puede llamarse de otro modo-. Los habitantes de la región, no nada más se inconformaron con la medida: se movilizaron y, marcharon a la ciudad de México y, frente a la autoridad federal, rayaron el pavimento con sus machetes. El resto lo hizo, la televisión asociada al gobierno foxista: presentó a los atenquenses como: gente violenta, arbitraria y casi, casi, antipatriota.

Las opiniones se polarizaron. Los menos, defendieron el derecho de los atenquenses a defender sus tierras; pero, los más, acusaron al gobierno de Fox de débil, pusilánime; falto de autoridad etc., etc. Y, Chente echó marcha atrás, no obstante que entonces, como ahora, hubo secuestros de funcionarios federales y estatales. En este último, el gobierno de Arturo Montiel Rojas, enamorado de la posibilidad de alcanzar la nominación como candidato priísta a la presidencia de la República, calificó el asunto, como una cuestión menor y, nadie se ocupó de la tan mentada aplicación del estado de derecho.

Hoy, la calificación es otra: hay quienes sostienen que la rectificación del gobierno del esposo de Marta Sahún y, la suspensión del proyecto aeroportuario, ha sido la única medida sensata y democrática del foxismo. Por otra parte, están quienes sostienen que: la ley es la ley, nadie por encima de ella; y, que quien delinque (secuestrar funcionarios es un grave delito federal), deben ser castigados y hacerles pagar su delito.

Esta vez, ambos gobiernos: federal y estatal, actuaron no nada más con energía para hacer valer la ley. Fueron más allá: golpearon, atacaron con armas de fuego (un joven de 14 años, Javier Cortez Santiago, fue muerto de un balazo; y, la bala asesina, salió de un arma del gobierno); recuperaron con violencia a policías detenidos por el grupo rebelde, denominado oficialmente como: “macheteros”; violaron domicilios sin órdenes judiciales; detuvieron con saña y lujo de violencia a cerca de 200 personas.

La violencia como método.
Los hechos de violencia que enfrenta la nación, en diversas partes del territorio; y los desarreglos en materia de seguridad, golpean todos losdías y a todas horas, a los mexicanos de todos los sectores sociales. Igual que ocurrió y ocurre en Sinaloa, Chihuahua, Baja California, Nuevo León y Tamaulipas, los asesinatos por venganza o, disputas de territorio para el narcotráfico, se han trasladado ahora a otras entidades: Michoacán y Guerrero, entre otros. La violencia recorre todo el territorio de la República.

La violencia como método para resolver diferencias en negocios legales o chuecos; o, para imponer el dominio territorial de las bandas de narcotraficantes; e, inclusive, en el hacer de la política, se ha incrementado a niveles antes no conocidos. Hay quienes observan que ello sucede, a partir del momento en que, Carlos Abascal Carranza, arribó a la secretaría de Gobernación.

Sea o no ese el hito histórico, lo cierto es que en el asunto de San Salvador Atenco, mientras el prestigiado escritor, Carlos Monsiváis, condena la represalia contra los habitantes de esa zona, como una mala decisión del gobierno saliente de Vicente Fox; el subcomandante insurgente Marcos, califica la agresión gubernamental a Atenco, “como parte de la guerra contra los de abajo”.

Al subcomandante Marcos, ahora delegado Zero, acusa la ultraderecha mexicana, de “la federalización del conflicto de Atenco”. La situación es de tal manera cambiante en estos momentos en cuanto a este conflicto, que nadie podría afirmar responsabilidad penal a Marcos, con excepción, naturalmente, del arzobispo primado de México, el señor Rivera, quien sentenció que “si Marcos vino a la ciudad de México a provocar violencia, debe irse”.

Marcos ha dicho que se irá de la ciudad de México y la zona colindante con el estado de México, hasta que: “todos los presos queden en libertad”. Nadie puede en estos momentos, vaticinar nada en relación con este asunto; porque Marcos en su campaña nacional, no está aquí únicamente por el problema suscitado en el Edomex. Lo está también, por las próximas elecciones del 2 de julio. Ha condenado los hechos, pero no ha hecho ningún llamado a la revolución.

Historiadores, investigadores y estudiosos de la historia de México y sus movimientos sociales, afirman que ningún hecho de esta naturaleza, está descontinuado: desde la independencia del país del dominio español; los ajustes de los gobiernos liberales con Juárez a la cabeza; y, más tarde las revoluciones (la Revolución Mexicana, no fue una, fueron varias) armadas y las protestas, marchas y otras formas de protesta masiva, son considerados como hechos concatenados, irremediables, “mientras el pueblo mexicano, no alcance la justicia social”.

Y, bueno, parece haber esa intención: en el caso que nos ocupa, el gobernador del Edomex, Enrique Peña Nieto, no intervino para calmar los ánimos en Atenco; menos para buscar soluciones: lo hizo para echar más leña al fuego, pues no de otro modo se explica que en vez de convocar a pláticas y negociaciones, se haya reducido a enviar su fuerza antimotines.

Pero, inclusive los medios informativos, no se concretaron a informar objetivamente, dentro de las posibilidades de la objetividad, nada fácil. Hicieron, repetimos; en particular la televisión y, concretamente Televisa, para presentar a los atenquenses como “rebeldes” “revolucionarios”; intransigentes, violentos y levantiscos. Esos medios fueron los que intentaron ligar los hechos con la presencia en la ciudad de México, del subcomandante Marcos.

Ingobernabilidad: y, desgobierno.
Este es un asunto, independientemente de otras consideraciones histórico-sociales, producto de la insensibilidad, la ceguera y la ineptitud de análisis del gobierno, sus grupos dominantes; sus consejeros empresariales; la ultraderecha de El Ynque; y, desde luego, por esa inclinación que a lo largo de cinco años y medio, ha mostrado el desgobierno de Vicente Fox Quesada, hacia el autismo.

Los gobernantes: Fox y Peña y sus “consejeros” y estrategas no fueron capaces de evitar el conflicto, mediante la negociación –lo que robustece la idea de “la tardía venganza de Fox” por lo del aeropuerto- y la concertación. Todo lo contrario: lo llevaron y, ¿Quién sabe por cuanto tiempo?, a terrenos pantanosos; a la injustificada violencia y, terminaron, por vulnerar profundamente la institucionalidad nacional. Lástima: no es tiempo para hacer fogatas en la seca pradera.

Monday, April 17, 2006

Editorial

EDITORIAL

A la suma de acciones emprendidas por partidos y candidatos registrados en la presente campaña preelectoral hacia la conquista de la presidencia de la República, se han coaligado e inmiscuido, diversos emporios mercantiles, principalmente los mediáticos. El resultado, hasta ahora, faltando la parte más estrujante del proceso, es la inoculación de un serio y grave sentido demagógico y de una peligrosa simulación.

El fenómeno no es ni característico mi exclusivo de la presente actividad político-social; proviene desde hace varios años en los que los valores socioeconómicos, éticos y morales, se han venido debilitando y provocando en diversos sectores de la población, actitudes y acciones que están llevando a la sociedad a una profunda crisis.

Tampoco por otra parte, se trata nada más del declive y la casi inmoralidad en que han caído los programas de campaña con su lenguaje ofensivo de carácter personal que arremete la tranquilidad y la paz, con las amenazas de uno a otro de los candidatos. Hay algo aún más preocupante: la nación ha caído en un estado criminal.

La pérdida de respeto al contrincante, ejercido a través de cataratas de spots de radio y televisión, en los cuales se denosta a los contrarios no por sostener tesis que los unos suponen equivocadas de los otros; sino, por el afán de eliminar el escollo que significa “el otro”, agrediéndole sin miramientos, inorando a otras personas de su familia o de sus partidarios.

Esto ha traído no nada más el aceleramiento de la descomposición del hacer de la política –la política es actividad lícita y honorable cuando tiene sanos propósitos; pero, es también perversa manera de actuar, cuando sus fines son aviesos, de ambición desbocada o, por el sólo fin del poder por el poder mismo- que se ha trasminado a un alto porcentaje de los 70 millones de ciudadanos que emitirán el voto el 2 de julio.

Desde este último aspecto, el resultado será de gran fatalidad para todos por parejo: la ciudadanía que no entre en descomposición, se cobrará el daño con el peor de los castigos para la democracia participativa: el abstencionismo. El más reciente ejemplo de ello, fue el resultado de la votación en las elecciones del 2005 para la elección de gobernante, diputados y munícipes en el estado de México.

El alejamiento de la ciudadanía de las urnas alcanzó el 60 por ciento de uno de los padrones más altos de la república. Debido al uso y abuso del dinero; de recursos oficiales estatales y de la mercantilización del proceso electoral, que condujo a las amenazas abiertas o disimuladas contra la población votante, que decidió: hacerse a un lado.

La historia nos ha enseñado que para que la auténtica democracia se manifieste; y, el concurso a las urnas, es la más clara expresión de esa voluntad, tiene que hacerlo en un contexto de reciprocidad compartida, de respeto mutuo; y, ceñida a los lineamientos claros y equitativamente establecidos.

Las maniobras políticas sucias, repugnan a la gente limpia y de proceder honrado y honesto. La falta de respeto producto de la ignorancia; y, pongamos un ejemplo: la sucia campaña de denuestos contra una persona tan querida y admirada, como es la escritora Elena Poniatowska, por parte del Partido Acción Nacional y su candidato, Felipe Calderón, es más que una perversidad, es una estupidez.

La critica a la escritora, autora de: La Noche de Tlatelolco, conocida y reconocida internacionalmente por su calidad de escritora y por su empeño permanente por la defensa de los débiles y los pobres, es de una vileza tal que no puede calificarse sino como una barbaridad; pero, ya lo señalamos: más que una atrocidad es una estulticia.

La experiencia demuestra que cuando alguien alcanza un determinado nivel de poder político, este, ha sido seguramente precedido de un interés muy especial: una ambición que va desde la buena fe ingenua hasta la codicia más vulgar y sagaz. Lamentablemente esto último, ha sido el común denominador y la fuerza motriz de una gran parte de dirigentes políticos.

Los pragmáticos modernistas, es decir los que no tienen principios, suelen decir que hay que rodearse de todos los títulos posibles, hacer creer que están animados de los más firmes y sanos deseos. Pero también es proverbial que se expresen con cierta altanería y cinismo: “el que no tranza, no avanza”, dicen sin ambages.

Y, naturalmente, semejante convencimiento o, pretexto parece ser simplemente un ocultar la realidad de su modo de ser; esconder una personalidad aviesa y dispuesta a todo con tal de escalar los peldaños del poder y desde ahí saciar sus incontroladas ambiciones y realizar sus bajas pasiones. Y, ¡claro! Sin importar a quien tengan que atropellar.

Es ya voz común entre analistas, politólogos y estudiosos del ejercicio de la política profesional, que hay un notable descenso de la ética a que todo político que se aprecie a sí mismo, debe sujetarse y sujetar sus actos personales, de sus auxiliares y partidarios y extenderla hasta los grupos que le sean afines.

Porque finalmente habrá que decirlo y reiterarlo cuantas veces sea necesario, como es el caso actual, que actitudes valetudinarias, provocaciones; agresiones verbales o de hecho; insultos de toda calaña, no sólo dañan a quien las recibe; sino, mucho más a quienes las infieren; y, finalmente, tienen un efecto bumerang.

Pero también, es menester que, con sentido autocrítico, digamos que en situaciones de trascendencia como son las renovaciones de gobierno y de las instituciones representativas, la prensa escrita, televisiva o radiofónica, debiera frenar un tanto sus ambiciones mercantiles de utilidades económicas y, no contribuir a la destrucción de la fortaleza de la sociedad.

Desatada la violencia incontrolable de: todos contra todos, es difícil dar marcha atrás; y, de una lamentable situación fuera del respeto a los demás, lamentablemente, todos saldríamos perdiendo.

Thursday, September 01, 2005

Elecciones 2006

Congresistas
Eduardo Maldonado G-

La lucha por la Presidencia en el 2006
Tiene harta y fastidiada a la sociedad
  • 2004: Saldo negativo de los partidos

  • 2005: Antesala de una guerra sucia

  • “Judicializaron” el hacer de la política.

  • Peligro de que se caiga en la violencia.

Eduardo Maldonado G.
Los procesos electorales efectuados en el país durante el 2004 para la renovación de mil 522 cargos de elección de gobernadores, diputados estatales y munícipes, resultaron un penoso ensayo de triquiñuelas, dispendio económico y malas artes. Fueron la negación de los propósitos de fortalecer e institucionalizar la democracia mexicana.

Los partidos políticos: PRI, PAN, PRD, Verde Ecologista de México (PVEM), Convergencia y del Trabajo (PT), ejercieron el hacer de la política más como una convulsión, marcada por el enfrentamiento entre sí y entre los poderes de la Unión (Ejecutivo, Legislativo y Judicial). No hubo ofertas de opciones ideológico-económica y sociales, ni proyectos comunes con los intereses nacionales.

Las alianzas interpartidarias resultaron verdaderos conjuros entre grupos facciosos para el reparto de los poderes locales, con miras al control del poder político como medio para alcanzar el reparto de la riqueza, sin importarles un bledo, las necesidades y aspiraciones de la sociedad. Y, esta, (la ciudadanía) respondió con un mayor abstencionismo. La abstención, es también un voto: negativo.

El camino hacia la sucesión presidencial en el 2006, se empedró con procedimientos muy ajenos al sistema democrático. Los 15 procesos del calendario electoral en el 2004, fueron un notable ejemplo de lo que es la guerra sucia, el uso del lavado de dinero para la compra de votos y, en lo menos malo de los resultados, la voluntad de la ciudadanía quedó en resoluciones de las instancias judiciales.

Las principales fuerzas políticas –PRI, PAN y PRD-, recurrieron a las descalificaciones con el uso de un lenguaje mediocre y procaz. Hubo acusaciones de todo tipo, “madruguetes” y golpes bajo la mesa y toda clase de recursos para descalificar a sus rivales, en una lucha campal que no respetó regla ninguna. La ciudadanía quedó con el sentimiento de que no hay líderes a la altura de las circunstancias y, menos aún, proyectos claros y propósitos ideológicos doctrinarios definidos.

Toma y Daca de Posiciones.
En el 2004 hubo elecciones en 14 estados, en 10 de ellos (Aguascalientes, Chihuahua, Sinaloa, Durango, Zacatecas, Tamaulipas, Oaxaca, Puebla, Veracruz, Tlaxcala) se renovaron gobernadores. El PRI conservó los 7 que tenía y, alcanzó 35 por ciento de la votación de 14.7 millones; esto es, se llevó 6.3 millones de votos.

El PAN, conservó Aguascalientes y le quitó Tlaxcala al PRD (con un candidato priísta: el ex alcalde Héctor Ortiz, ex empleado de la ex gobernadora priísta Beatriz Paredes. El Porcentaje panista en las diputaciones locales fue de 30.7 por ciento. El PRD por su parte, perdido en la guerra intestina de sus gavillas, como ya dijimos perdió Tlaxcala, se afianzó en Zacatecas y logró su tradicional porcentaje: 17-18 por ciento.

Pero todos alardean a su manera: el PRI, sostiene que luego de la derrota del 2000, ha ganado 2 mil 426 de los 4 mil 420 cargos de elección en estos cuatro años. Ganó también las gobernaturas de Oaxaca, Veracruz, Tamaulipas, Durango, Chihuahua y Puebla. Pero no dicen que bajaron en la votación del llamado “voto verde” (los campesinos) que tuvieron siempre cautivos…

Se hacen lenguas, argumentando que recuperaron municipios “significativos” que por varios periodos estuvieron gobernados por panistas y perredistas, tales como: ciudades de Durango, Oaxaca, Puebla, Tijuana, Jalapa, Córdoba, Tuxtla Gutiérrez, Ocosingo, San Cristóbal de las Casas; Mexicali y Lázaro Cárdenas. Dicen que en cuanto a alcaldías, han ganado mil 557 de las 2 mil 935 en disputa entre el 2000 y el año pasado.

El PAN, se dice el partido que más ha crecido electoralmente. Proclaman haber logrado en la última década entre 1998 y el 2004: un millón 300 mil votos: “aumentamos las votaciones a nivel local de diputados y, sobre todo: ¡estamos ganando el voto rural que… está perdiendo el PRI!”. El PRD, puede considerarse un caso lamentable. Casi en el exterminio… en vías de extinción. Pero su consuelo, en la relatividad, es que, superó su propia votación de hace tres años (1.9 millones en 2001 y 2.1 millones en el 2004).

Mal de muchos, consuelo de…
Los tres principales partidos: PRI, PAN y PRD, hacen cuentas alegres… se dicen “triunfadores” y los tres pretenden afianzarse este año en el cual habrá elecciones en siete estados: Baja California Sur, Guerrero, Quintana Roo, Hidalgo, México, Nayarit y Coahuila. Se disputan igual número de gobernaturas, 231 alcaldías y 155 diputaciones locales. Los primeros cuatro estados, son “el paquete de febrero”.

En ese grupo van: Baja California Sur, Guerrero, Quintana Roo (el 6 de febrero) y el 20 del mismo mes, en Hidalgo. Y ya se dan por hecho los triunfos: B.C. Sur, ganará el PRD, por el control del actual gobernador perredista, Zeferino Torreblanca, que hizo buen gobierno en la alcaldía de Acapulco. En Quintana Roo, la lucha es entre dos priístas: Félix González Canto y, Addy Joaquín Codwell, priísta y hermana del ex gobernador Pedro de los mismos apellidos; sólo que, ella va ahora por el PAN.

Pero, la “gran jugada” está en el Estado de México. Ahí está cifrada toda la esperanza del PRI, para sumar los votos de Veracruz y Oaxaca, con los casi 9 millones del Edomex. El PRI irá con todo, solo que (hasta el momento de escribir estas consideraciones) el presidente del tricolor, Roberto Madrazo, no logra la unidad de los muchos grupos y corrientes internos del viejo partido.

El Pan va a ir por la gobernatura del Edomex con el ex presidente municipal, Rubén Mendoza Ayala. Los panistas dominan el norte del Valle de México (la zona industrial y el valle de Toluca) y, la capital. Esperan una votación mayor al 30 por ciento que obtuvieron en la última elección. Mendoza Ayala, dejó fuera al otro precandidato fuerte, José Luís Durán Reveles.
Para el PRI, esa entidad es el símbolo del poder y por ello y sus relaciones de parentesco con el viejo grupo hankista de Atlacomulco. Madrazo impulsó la candidatura de Carlos Hank Rhon, heredero de la siembra que su padre, Carlos Hank González, hizo con los poderosos grupos de político-industriales. El muchacho, desechó la candidatura dizque “para no sembrar la lucha intestina entre los priístas”.

Pero claro, nadie le cree; y es más, se dice que todo es una jugada del propio Madrazo, y que la candidatura “encubierta” de Hank Rhon, será lanzada este mes de enero por el Partido Verde Ecologista de México. El todavía gobernador Montiel, pretendía lanzar a su cercano colaborador, Enrique Peña; y una jugada magistral de Madrazo, quitó de en medio a Isidro Pastor, fuerte aspirante a la candidatura.

El PRD ya tiene candidata en la persona de la ex dirigente de la Canacintra, Yeidkol Polenvsky, que va a quebrar la hegemonía del PAN. Un alto porcentaje de panistas mexiquenses votarán por Polenvsky. Y, en Hidalgo, la alianza PRI-PVEM, sostiene la candidatura de Miguel Osorio Chong, que deberá vencer a otro priísta sostenido ahora por el PRD, José Guadarrama.

El escenario pues, está ideal para nuevos “amarres” en contienda de metodologías conocidas por unos y otros. Habrá deslealtades desde luego y, no falta quien advierta que en estas elecciones (del año actual) se juega el destino de entidades con infraestructura turística. Y, ¿sabe qué?, tal como sucedió en Tamaulipas, el dinero del narcotráfico, correrá a raudales.

Dinero, dinero y… dinero.
Al turbio escenario que representan las profundas divisiones en los tres principales partidos: PRI, PAN, y PRD, habrá que agregar el corrupto clima partidista: en los tres mencionados, hay cambio de dirigencias; y, también, en los tres habrá definición de los aspirantes a la sucesión presidencial del 2006.

En el PRI, las mafias de Madrazo y la todavía secretaria general, Elba Esther Gordillo Morales, van a poner toda la carne al asador. Entre el uno de enero y el 31 de julio del 2004, las más de 50 Asociaciones Políticas Nacionales, embriones (renacuajos) que anteceden ante el Instituto Federal Electoral (IFE), las pretenciones de partidos políticos (sapos).

El 15 de agosto, el IFE informó haber aceptado el trámite de notificación de solo 18 APN, que, a partir de esa fecha y en seis meses deberán cumplir con el proceso de asambleas y listado de las membresías necesarias. Hay una serie de requisitos para las asambleas, la legitimidad de las credenciales, los formatos de afiliación; y, ante de que termine este mes de enero todas las APN que consideran haber cumplido con los requisitos, deberán solicitar su registro de partido.

Solo que, nada más 4 de las 18 APN aceptadas en principio por el IFE, tendrán posibilidades de alcanzar la edad de partido. Del 15 de febrero al 15 de agosto, se agotará todo trámite. Y uno de los cuatro nuevos partidos, para elevar a 10 el número total, el Partido del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), bajo el control –moral y político-, de la maestra Elba Esther Gordillo Morales. Surgirá de la APN Conciencia Política.

Doce precandidatos a “La Grande”.
Todo está pues, preparado para que durante este 2005, tengamos nuevamente un espectáculo de órdago: espectacular en cuanto a la parafernalia publicitaria –principalmente en radio y televisión-. Con dinero sin control (no se han hecho las reformas electorales necesarias), “lavado” o sucio, pero a raudales. Hay doce aspirantes: seis del PRI; cuatro del PAN y al menos dos del PRD.

En el PRI, según algunos “bien informados”, la lucha es entre dos grupos, el que fracasó con Francisco Labastida; y, el que podría arrollarlo todo: el de Roberto Madrazo, candidato el único, para algunos, para evitar la ruptura interna del PRI; y, para otros, “el único que no garantiza el triunfo priísta…”.

Los contrarios a Madrazo, se inclinan porque el candidato surja del grupo que han constituido Enrique Martínez, gobernador de Coahuila; Manuel Ángel Núñez Soto, de Hidalgo; Arturo Montiel, del Edomex; Natividad González Parás, de Nuevo León; Eduardo Bours

A mediados de este año, el PAN elegirá a su candidato de entre: Santiago Creel Miranda, que lleva la delantera y es el alfil de Fox; Felipe calderón Hinojosa, ex secretario de Energía; el senador Carlos Medina Plascencia y el coordinador de los diputados federales, Francisco Barrio. “Ninguna contienda vale la división del partido. Sin la unidad interna, está comprometido el futuro del PAN”, dice el propio Creel.

Sus opositores no le creen; lo acusan, de “usar el dinero oficial” para andarse postulando desde hace varios meses en los estados del país. Antes de fin de año, tanto Creel como los otros aspirantes deberán renunciar a sus puestos: Gobernación, Senado, Cámara de Diputados; Calderón, lo hizo desde hace varios meses al “gabinetazo”.

Y, quiérase que no, el proceso para la sucesión presidencial en los tres partidos, está conectado con el desideratum y el intento de desafuero contra Andrés Manuel López Obrador. La forma como se resuelva la embestida de desafuero del gobierno foxista contra el jefe de Gobierno del Distrito Federal, marcará el resultado final de esta lucha sin límites de caída de todos los ahora precandidatos.

Porque también vivimos el tiempo de las mentiras convertidas en método de lucha: “doña Marta” de Fox, ha vuelto a decir que no participará, pero eso, que lo averigue Vargas; y, el propio Andrés Manuel, que las tiene todas consigo, salió casi al terminar el año, con que él no será candidato que “lo dejen trabajar por la ciudadanía del D.F.”.

Tal es el horizonte, con un denominador común: todos hablan de mantener la unidad; y, todos los partidos pueden resultar fracturados. El pueblo está hasta el gorro de “los políticos”. “¡no buscan más que robar y enriquecerse!”. Eso dice la gente que, aunque también es voz común que “el pueblo no se equivoca nunca”. Ojalá esta vez, y por el bien de este sufrido México, la gente se equivoque.