México Hoy

Artículos y notas acerca de la situación política en el México de hoy.

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Location: Ciudad de México, Mexico

Periodista mexicano,colaborador en medios nacionales.

Thursday, October 12, 2006

Proyecto Integral de Comunicación Alternativa

Proyecto Integral de Comunicación Alternativa
Medios Públicos
Prensa Escrita
Diario Capitalino
Por: Eduardo Maldonado Gutiérrez


Introducción.
Durante los últimos años y debido al predominio de la televisión, la prensa escrita ha venido a menos. Acaparadores de los recursos destinados a la publicidad gubernamental y partidaria, los medios electrónicos (que incluyen a la radio) como mass media han adquirido un gran poder. Durante los años que lleva el neoliberalismo en nuestro país se ha ido gestando este poder mediático-político dada la connivencia con grupos gobernantes. Tenemos casos a nivel mundial que ejemplifican hasta donde puede llegar el poder de los medios electrónicos, principalmente la televisión; uno de los más conocidos, y, por mencionar alguno, es el de Italia. Silvio Berlusconi y su imperio mediático que ha servido para llevarlo al poder e influir en la política de su país.

Sin los grandes recursos económicos e influencia para oponerse a tan desmedido poder, la prensa escrita ha tenido que refugiarse muchas veces en el análisis y las notas exclusivas. Los reporteros han tenido que agudizar sus sentidos para evitar que sus notas sean un reflejo de lo que maneja la radio o la televisión, poner más cuidado en la información para que sus notas sean más completas. No obstante, la prensa escrita no ha muerto de inanición, todos los días sale a la luz un nuevo periódico o revista; de variadas tendencias ideológicas tienen un público cautivo y fiel que sigue leyendo porque les gusta determinado columnista, analista o cuando menos los gráficos que incluyen la sección de espectáculos y deportiva.

Un medio escrito alternativo a los medios existentes, y con los contenidos necesarios para informar y orientar a una megalópolis de 25 millones de habitantes (y en todo caso al país entero) se hace necesario ya que la prensa escrita de nuestra ciudad y del país también está en manos de la iniciativa privada; son empresas cuya filosofía principal es la ganancia, el lucro pasando por encima del interés de la sociedad. Un medio escrito, cuya característica sea reflejar las inquietudes y necesidades de la sociedad, que sea un consenso verdadero de la opinión pública debe ser una de tantas metas a conseguir de un Estado verdaderamente democrático.

Medios Públicos.
Conocemos el poder de los medios –sobre todo los electrónicos-, de su gran penetración y de la eficacia con que llegan a millones de individuos. Sabemos que han establecido toda una “cultura” y, una ideología mediática. Son, el cristal a través del cual millones de seres en este sufrido país ven deformada la realidad, que analizan a través de toda una forma inducida de pensar, a golpe de repetición, de valores más que abaratados. De una manera zafia, estúpida, vulgar, mediocre y sin ningún ingenio, hacen el día de millones. Estos medios se han adueñado de mente de la mayoría de un pueblo que como zombis aceptan todo lo que les da, semi digerido y oliendo a deshecho, escatológico. Mal andan los políticos y la política al dejarse seducir por estos poderes que abaratan también la comunicación política con el pueblo.

Al mismo tiempo que esto sucede, la empresa Televisa se ha ido convirtiendo paulatinamente en uno de los grupos de presión que más ha contribuido a facilitar la penetración ideológica norteamericana, la incitación al consumismo, la manipulación y deformación de los acontecimientos sociales y políticos y la creación de estereotipos culturales ramplones y vulgares.

Por eso, ante la escasez de recursos de la sociedad civil, le corresponde al Estado patrocinar la mayoría de los grandes proyectos culturales, entre estos los medios públicos. El patrocinio estatal no equivale a intromisión en las organizaciones independientes, o pretensión alguna de arte oficial. La batalla por la libertad de expresión intelectual y artística se ganó hace décadas, y el proceso es irreversible. Pero hace falta que el Estado consolide este proceso con la eliminación total de la censura, y con programas que incluyan, en primer término, la defensa de la lectura a través de una política de auspicio de la industria editorial, y de la vigorización y ampliación constante del sistema de verdaderas bibliotecas.

Los concesionarios del monopolio televisivo, se han convertido en entidades prepotentes que diseñan los hechos de acuerdo a sus intereses, en obsequio de una mal entendida y abusada libertad de expresión. La libertad de expresión en la TV, espada de una punta, ha sido desenvainada siempre en contra del Estado mexicano, deteniendo reformas, ajustando borradores de reglamentos, amenazando funcionarios.

El problema que representan empresas como Televisa y TV Azteca tiene básicamente una fuente: la falta de voluntad política de los gobiernos por recuperar para sí la hegemonía social, económica y cultural que los medios privados parecen haber capitalizado hasta llegar al grado de sentirse los verdaderos dueños de la conciencia colectiva.

Ante la impotencia jurídica del Estado el monopolio televisivo privado ha capitalizado políticamente una función rectora en materia de información que ni con mucho le corresponde. Y lo que es más grave aún: con la colaboración, en diversas ocasiones, tácticas o expresamente, del propio aparato gobernante.

La solución no radica en privatizar o burocratizar los medios, sino en socializarlos. Socializarlos, implica que su funcionamiento no sea en atención a las directrices de tal o cual Secretaría o compañía embotelladora, sino de acuerdo a las necesidades sociales, según lo propuesto por especialistas que no tengan más compromiso que el de su propio trabajo.

En este sentido, se hace necesaria una revisión a fondo del estatuto jurídico que protege a los concesionarios y, porqué no, considerar la posibilidad de que alguno de los organismos públicos relacionados directamente con la actividad de la televisión y la radio, funja como órgano de vigilancia facultado para imponer sanciones y no, como se contempla ahora, que esta facultad esté parcelada entre diversas entidades.

Un medio de comunicación es un órgano destinado a la información pública; es decir que se convierte en la parte encargada de difundir la información de los hechos que acontecen en la comunidad. La política puede ser definida como el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados. Y tratando de establecer una definición personal, veríamos a la política como la búsqueda del bien común, encontrando en la voluntad y el respeto, los espacios para crear convergencias y acuerdos que ayuden a materializar los beneficios para la totalidad de la población.

La relación política-comunicación.
Los medios de comunicación social día a día ejercen un poder en el quehacer no solamente político, sino económico y social; juegan sin lugar a dudas el rol de intermediarios y transmisores de la realidad que se vive en el país. Algunos críticos, especialistas y analistas han querido ver a los medios de comunicación como el cuarto poder gubernamental, debido a la penetración que tienen en todo el entramado social; sin embargo esta visión se hace debido a los vacíos de poder que son dejados por alguna instancia del Estado y que no son cubiertos por otra, es aquí donde los medios ocupan ese espacio y lo ejercen en su beneficio y de acuerdo a sus propias necesidades. Pero para que los medios hayan obtenido tanta influencia, se requirieron de muchas circunstancias, enumeraremos algunas de ellas:

a) La implantación del sistema capitalista y el Estado neoliberal como modos de producción. Estos modelos políticos y económicos están basados en la libertad del mercado, la producción generalizada de mercancías y su comercialización, así como la generación de ganancias. Los medios en buena medida han coadyuvado, han sido cómplices y beneficiarios de este tipo de políticas económicas implementadas, alimentando un fenómeno social llamado consumismo y creando modelos o estereotipos a seguir, logrando así una gran aceptación y captación de los agentes sociales.

b) La imposibilidad de la política para atender y dar solución a las exigencias sociales. Es decir la sobrecarga de expectativas y exigencias a que se ve sometido el poder estatal por parte de la sociedad, y en consecuencia, la incapacidad del Estado de responder a éstas, provoca que actores como los medios de comunicación ejerzan esos vacíos de poder, al no llegar el Estado a satisfacer todas las necesidades de la sociedad demanda.

c) La sustitución del ofrecimiento de ideas, planes y programas de gobierno, por el llamado marketing político. En los últimos años hemos sido víctimas del poder de los medios, y los políticos se dejan llevar por él, ya que es mucho más fácil aparecer en un spot publicitario que crear verdaderos esquemas gubernamentales y proyectos de Estado que mejoren las condiciones sociales y económicas de la sociedad en una región determinada.

d) El uso de los medios de comunicación como aparato ideológico del Estado. El propio Estado para ejercer su política de comunicación social ha hecho uso de los medios y les ha dado poder de manipulación, esta herramienta ha sido usada por los políticos para seguir manteniendo el control estatal.

Opinión pública, ¿para qué?
Algunas de las principales reglas de la lucha por el poder recaen en entender y aplicar qué es la opinión pública; cómo se forma la opinión de la mayoría que habrá de llevar al poder a los grupos y sectores que aspiran a ostentarlo; cómo cambiar esta opinión; cómo usar los medios masivos de comunicación y cómo ya conquistado el poder, instrumentar y aplicar estrategias y tácticas de comunicación política para mantenerlo, en un marco estrictamente democrático. Comprendida como el conjunto de opiniones de los miembros de la sociedad sobre un fenómeno cualquiera, la opinión pública es la contestación o respuesta de las personas, ésta se puede dar como aprobación, desaprobación o indiferencia a los problemas políticos, sociales y económicos de un país.

Dicho en palabras de Sartori, opinión pública, es un “público o multiplicidad de públicos cuyos difusos estados de opinión se relacionan con las corrientes de información referentes al estado de la república”

Los canales y elementos que forman la opinión pública son muy diversos; pero podemos establecer que intervienen de manera importante los siguientes factores:

1. Hecho. Los hechos en sí mismos no constituyen opinión pública; ya que de ellos, según Karl Popper: “no se pueden deducir argumentos lógicos ni conciencia social, ni mucho menos conciencia colectiva, sino que se necesita de la información e interpretación de estos hechos”
2. Información. Es la descripción de un hecho que es interpretado en sus vertientes política, social y económica, y se hace llegar a la totalidad del entramado social principalmente a través de los medios masivos de comunicación.
3. Recepción. Es el canal por medio del cual es recibida la información, de este canal dependerá el grado de credibilidad y veracidad de la información.
4. Interpretación. Es el punto de vista que se otorga de los hechos y de la información.

Ahora bien, para que la opinión pública afecte las decisiones deberá abrirse paso entre el sistema político y llegar a la clase que ostenta el poder, con los siguientes objetivos: a) suspender o iniciar la discusión de las problemáticas actuales; b) influir en las decisiones; c) influir en la acción y participación; d) inducir en la clase en el poder que adopte ciertas políticas. Es aquí donde los medios de comunicación desempeñan un rol preponderante, ya que ayudan a controlar el flujo de información propiciando alteraciones en la cantidad e intensidad de la participación y en la formación de opiniones, actitudes y sentimientos.

Podríamos considerar que todo acto de comunicación busca la conquista de poder, pretende producir un comportamiento determinado o ganar adeptos a una causa, cualquiera que esta sea; buscando garantizar la persistencia y el equilibrio del sistema político. El fin de todos aquellos que detentan el poder es conservarlo por un tiempo indeterminado, evitando a toda costa que este tiempo llegue a su fin.

Productos y no políticos.
Los medios influyen de manera decisiva y máxima en el electorado, intervienen en el ánimo, las preferencias y la intención del voto.
No hay mayor diferencia entre la democracia y el mercado. Los consumidores (ciudadanos) compran (votan por) productos (líderes). De esta manera se construye un modelo de democracia que se ha llamado “elitismo competitivo”.Con mayor continuidad somos espectadores en los medios de un sin fin de spots o comerciales políticos sin fondo, ni mensaje; cuentan por el contrario con una presentación llamativa y espectacular; en tiempo de elecciones la enorme mayoría de los candidatos se vuelven productos y lo peor es que son de baja calidad.

El marketing político es la combinación metodológica entre las campañas publicitarias y las campañas políticas. Por marketing debe de entenderse el arte de la persuasión, tiene como objetivos ganar adeptos para quien ostenta o pretende estar en el poder y restarle imagen y fuerza al adversario. Para el marketing político el conflicto del poder se reduce a la cuestión de su conquista y mantenimiento por medio de la manipulación de la opinión, teniendo como primera y única máxima la victoria. Aquí cobraría lugar la tristemente célebre frase del gran Nicolás Maquiavelo “el fin justifica los medios”.

El marketing no se preocupa por quien será destruido, más bien le ocupa quién será el encumbrado con sus maniobras. El marketing percibe a la sociedad en términos de mercado, y entiende que, si todo es relativo, pueden defenderse estereotipos, aquellas estrategias, estos candidatos o aquellas ideologías. Llevado a la actividad política, supondrá la percepción del electorado como un mercado en el que compite por la captación de un recurso finito, el voto, competencia a cuyos servicios se pone toda la estética que permiten las modernas tecnologías al servicio de la comunicación social.

No importando la veracidad o la credibilidad de la información lo que al marketing le compete es persuadir y convencer, asegurar el triunfo. La finalidad del marketing es la seducción para ganar, para vencer. Lo que ha pasado a denominarse el marketing político, es decir, traducir las técnicas de venta publicitaria de productos al contexto político. En suma, la idea es: ¿puede venderse un hombre político como se vende un detergente?...Y la respuesta es, con todos los pronunciamientos que se quieran, afirmativa.

Esto es lamentable y denigrante para la actividad política, deja de lado la esencia misma de ella, el producir líderes sociales; los medios y la política los han mutado convirtiéndolos en líderes comerciales o mercadológicos. El problema en el horizonte del tercer milenio es, en efecto, que las nuevas prácticas del marketing socio-político no viven ya sólo en los períodos calientes de los enfrentamientos entre candidatos, sino que se han convertido en un elemento que estructura la vida diaria de todo habitante de la ciudad. En efecto, el marketing llegó para quedarse, se ha apostado en la conciencia colectiva y forma parte ya del desarrollo diario de los medios, se ha vuelto un muy buen socio de ellos ya que pretenden lo mismo; vender, vender, vender.

Revolución tecnológica.
Los constantes adelantos, desarrollos e innovaciones científicas y tecnológicas han beneficiado de una forma muy importante al renglón de las comunicaciones, día a día se realiza algún progreso en esta área, que le permite estar evolucionando al igual que la convivencia social.

El paso del bulbo al transistor aumentó a tal punto la capacidad de las sociedades para desplazar grandes volúmenes de información haciendo su tejido aún más cerrado y portando cambios en todos los órdenes de la vida… la tecnología de información viene a transformar radicalmente la economía, la cultura, la estructura social y la organización política de las sociedades… estas nuevas tecnologías perfeccionan los instrumentos de planificación y control social. Los instrumentos y herramientas más novedosos nos permiten una mejor y más precisa información, que en el terreno de la política puede contar con un gran valor, ya que la ventaja en el conocimiento de los acontecimientos puede redundar en una decisión más rápida y efectiva.

La revolución informativa se vuelve un reto ante las instituciones y los valores que se encuentran plenamente establecidos, redefiniendo la agenda del discurso político. La difusión de las acciones gubernamentales deberá partir de la premisa que la legitimidad se produce mediante la fundamentación sociocomunicacional de los proyectos de acción y la explicación que se dé de los beneficios que aquellos produjeron. Los medios de comunicación se convierten en la herramienta principal que; primero conducen y orientan la opinión pública y después, organizan y mantienen a la sociedad en los márgenes necesarios para su funcionamiento.

El medio superior.
La televisión es sin duda alguna el medio con más fuerza que existe actualmente; su influencia se vuelve inmensa en todos los aspectos de la sociedad. Nadie, sin embargo, parece dudar del importante papel que desempeñan los medios de comunicación y, especialmente la televisión en la creación de estados de opinión… La participación de los medios en política y de los políticos en los medios de forma habitual, está configurando una nueva cultura política.

Este medio ha sido transformado en agencia social para llevar a cabo los proyectos políticos de la actualidad, teniendo como premisa el amplio cuerpo social que es receptor de los mensajes de la televisión. Actualmente en nuestro país como en la inmensa mayoría de naciones, una campaña u operación política es considerada inconcebible, desorganizada, carente de fuerza y al borde del fracaso sin la cobertura de un medio tan importante como la televisión.

La televisión es en una parte un instrumento técnico y en otra, un proceso social. Para conceptualizar la importancia de este medio basta revisar el tamaño de las audiencias que lo atienden; y siguiendo esta forma de clasificación el medio que se encuentra por debajo de la televisión es la radio, y en un tercer puesto el periódico. Sin embargo, la ironía se presenta en que la veracidad, la objetividad y la crudeza de los comentarios con regularidad se hacen a la inversa, teniendo siempre al periódico y a la radio por encima de la televisión en cuanto a un análisis más claro de los hechos. La televisión por ser el medio más atendido tiene la obligación de ejercer una influencia más responsable y enriquecedora.

Degeneración política.
Existe en la actualidad una clara pérdida de la confianza en la política, en la gran mayoría de sus actores y en las instituciones públicas; debido a que la demanda social ha sobrepasado la capacidad que tiene el sistema político para resolverla, dar respuestas concretas y tomar decisiones acertadas.

La corrupción y la impunidad son vicios que dañan y corroen las entrañas del sistema político mexicano, imposibilitando la democratización total del mismo; estas acciones devalúan la vida y el actuar social y degradan a las instituciones, la sociedad debe de observar claramente el funcionamiento de los servidores públicos, criticar sus actividades y en caso de ser ilícitas denunciarlas; la transparencia y la rendición cabal de cuentas son armas poderosas para abatir este tipo de prácticas, ya que sólo con la observación permanente puede un funcionario público evitar caer en dichas irregularidades.

Ejemplificando la pérdida de valores y de la propia ética profesional, hemos sido víctimas de la degeneración y la pérdida de toda moral en la clase política, recordemos tan sólo un tiempo atrás cuando en red nacional se nos mostraron unos videos, en donde personajes activos de la vida política dejaban de lado el respeto, el compromiso y la obligación de cumplir de manera eficaz y transparente a la sociedad; cambiando todo esto por un beneficio económico. Se titularon estos videos como video escándalos, porque fueron cometidos por personas de distinta vertiente ideológica y posición política.

Pareciera que la famosa alternancia, no ha servido como instrumento para crear un rendimiento claro y sin desvíos de funciones. Hoy por hoy nos encontramos inmersos en el juego de la política, la lucha es de poder por el propio poder, no importando dejar de lado principios y normas de la conducta política e ideológica. Podríamos mencionar al igual los casos Pemexgate y Amigos de Fox, ejemplos ambos de la búsqueda de poder sin importar la violación flagrante a las leyes y los procesos. Es obligación urgente de la clase política reivindicar su actividad, y se convierte en derecho de la sociedad el contar con una política transparente, propositiva y de vanguardia.

En la relación ética-política debe existir un equilibrio entre la búsqueda y consolidación del poder político en detrimento de la moral y la reducción de la política a la moral en detrimento de la acción política, deben los políticos encontrar ese “justo medio” sin afectar política ni ética, optando por acoplar las dos en beneficio de la sociedad.

Política y beneficios.
Los políticos al ejercer la política, deben de atender al interés colectivo, de masas; dejando de lado intereses personales, de grupúsculos o sectoriales. El Estado en su conjunto se merece hombres de Estado, personas, mujeres y hombres que antepongan por encima de todo los beneficios de su comunidad.

En el panorama actual vemos con mucha tristeza, con gran desesperación y desagrado, la falta de acuerdos entre los distintos órganos de gobierno y las fuerzas políticas; existen preocupaciones de las dichas fuerzas que no corresponden en absoluto al bienestar social. Es aquí donde los medios disponen de un carácter primordial, al criticar y exponer las fallas que está teniendo la política, al desviarse de los temas de interés general. Los acuerdos, los consensos, las convergencias se dan en cualquier Estado y sistema gobernante ya que son necesarios para su correcto funcionamiento y el desarrollo social.

La legitimidad ya no puede ser un producto de la ideología; ahora es producida con el sustento que la comunicación social hace de los proyectos de acción y trabajo, y de la interpretación de los triunfos y logros sociales. Mediante el discurso, la clase ostentadora del poder ofrece a lo sociedad un plan a largo plazo: también los medios para hacerlo efectivo justificándolo en una imagen del futuro en función de la cual se lleva a cabo el esfuerzo del presente y tomando bases del pasado. La política queda limitada, tan sólo a la conciliación de intereses antagónicos por la vía pacífica y al proceso de la obtención de consensos mediante el discurso, para atraer a los agentes sociales y lograr la lealtad de masas que permita dar cauce a cualquier programa o proyecto.

Medios responsables.
Los medios de comunicación como se mencionó en líneas anteriores cuentan con una importante responsabilidad por su acceso generalizado a todos los integrantes de la sociedad. Sin embargo los medios también han sucumbido ante las prácticas viciadas del poder, y obviamente al formar parte del sistema capitalista privilegian las ganancias en deterioro de las prácticas de ética profesional. Al respecto, Duverger afirma: “los medios de información son libres ante el estado, pero no ante el dinero”.

En el plano internacional, fuimos observadores de la voracidad del capitalismo por parte de los medios es especial los estadounidenses, quienes televisaron en vivo y antes que nadie las guerras de Afganistán e Irak, mostrándolas al mundo occidental como un espectáculo de luz y sonido; nada más alejado de la realidad, tratan de separarnos de cualquier sentimiento humano y de respeto a la vida anteponiendo las ganancias o rentabilidad económica a la dignidad humana. Y esto claramente fue un acuerdo con el gobierno norteamericano para crear una falsa idea de la guerra en la sociedad estadounidense y en general del mundo occidental.

Aterrizando en el terreno nacional podemos hablar de una perversión de los medios porque muchas veces dejan de lado una de sus principales premisas; la objetividad, con el único fin de atacar y destruir a un adversario, quien la mayoría de las veces es político. Esto debe de cambiar en favor de la sociedad, al tener los medios como máxima obligación la veracidad de los hechos. Debemos resaltar que no hay cultura democrática contemporánea sin influencia, a veces definitiva, de los medios de comunicación; que los medios tamizan, reflejan, distorsionan, reproducen o definen, según sea el caso, las formas en que los ciudadanos perciben, comparten, rechazan o toleran el ejercicio del poder y la práctica política; que los medios son espacios del quehacer político; que no hay política moderna sin comunicación social y que las elecciones son cada vez más competitivas. La democracia mexicana en construcción, está cambiando por efecto de los medios y ahora vive como uno de los factores básicos del futuro político.

El poder de los medios de comunicación es un hecho propio de la vida moderna. Si vamos a vivir en democracia vamos a necesitar de unos medios cada vez más libres y cada vez más influyentes. Necesitamos su libertad y su influencia, pero también necesitamos del compromiso explícito y actuante, que los medios se sientan un elemento de la democracia mexicana, una de sus instituciones y, como tal, sujeta a reglas y valores.

Nuevas relaciones.
Las relaciones entre la política y los medios han cambiado y se han transformado con el transcurrir del tiempo. Décadas atrás los medios de comunicación social se encontraban supeditados ante el control del poder político, eran temerosos a alguna represalia del sistema o de alguno de sus detentadores. Ahora las reglas se han invertido, los políticos están expuestos ante la mirada de la opinión pública y son ellos quienes buscan acaparar la mayor cantidad de espacios en los medios, buscan los reflectores, cosa que antes despreciaban.

Hacer el repaso de la vieja política, hoy menguante, sería ocioso, porque no hay nadie que ignore sus disfunciones y su patético anacronismo. Los viejos problemas que todavía no superamos los mexicanos, y los nuevos problemas que nos han caído en aluvión, reclaman una nueva política que ya está en marcha, aunque haya oídos que no escuchen el trote. La nueva política no es sólo obra de un hombre, quien sólo puede ser su conductor. Una nueva política es quehacer colectivo y no obra heroica. Los medios de comunicación social tienen como fin informar, así como inculcar a los individuos los valores, creencias y códigos de conducta que les harán integrarse en las estructuras institucionales de la sociedad.

Debemos desarrollar ideas sobre el papel que los medios juegan en las sociedades democráticas, ubicar sus aportes en la consolidación de instituciones y prácticas democráticas, así como en la formación de una cultura política ciudadana más participativa y deliberativa. Al mismo tiempo, debemos analizar los obstáculos y dificultades que existen en la relación entre medios y política.

Es nuestro deber alentar la búsqueda de propuestas que permitan un empleo de los medios donde se asuman y defiendan los valores básicos de la práctica democrática, como el piso común indispensable para la construcción de un sistema democrático. Estamos seguros que en ese propósito existe plena coincidencia entre los partidos políticos, los especialistas y los representantes de los medios.

El protagonismo de los medios masivos y el ensanchamiento de las clases medias, exponen a la política que cada día es menos secreta. Ni las decisiones concretas, ni las políticas generales, ni los hombres del poder pueden quedar sustraídos porque las democracias están hoy más informadas y, por ende, son más críticas. Quienes no aprecian que los escenarios de los políticos ya no son sólo los recintos oficiales, caen en el traspiés o muestran que les falta el instinto de la contemporaneidad. Ahora bien es necesario sin duda, establecer reglas claras en cuanto a la injerencia y participación de los medios en el quehacer público; hoy más que nunca se vuelve inaplazable una Reforma del Estado que incluya un apartado que regule las funciones y relaciones de los medios de comunicación.

Retos actuales.
Los medios tienen en la libertad de expresión a su arma más importante, actualmente se ejerce sin temor a ninguna represalia, esta garantía había sido el valuarte más preciado y exigido por ellos. Los medios tienen un papel insustituible, ya que la democracia es el régimen explícitamente fundado en las opiniones, la confrontación y coexistencia de las mismas. La formación de eso que llamamos opinión pública depende en gran medida del trabajo de los medios. Los conflictos son la realidad ordinaria de la sociedad y el Estado democráticos, y a ellos la democracia les ofrece un cauce institucional para desarrollarse. Precisamente por eso tiene tanta importancia el lenguaje que los comprende, y los enmarca. Y ese lenguaje depende en gran medida de los profesionales de los medios de comunicación.

Aún hay mucho que hacer en lo que se refiere a los contenidos de los mensajes políticos, pues apelan a la subjetividad y a los sentimientos de la ciudadanía en lugar de a su racionalidad y capacidad deliberativa. El escándalo y la estridencia encuentra seguidores ávidos, pero siempre escépticos y desinformados, lo cual está lejos de contribuir a fortalecer la cultura participativa de la sociedad. Si los medios difunden, premian, multiplican la ofensa, la ofensa se sentirá con incentivos; si premian el razonamiento y el argumento fundado, emergerá un tipo de debate diferente, una calidad democrática distinta; creo que la que necesitamos hoy más que nunca. Como en otras zonas de la vida pública, en los medios de comunicación se exhibe un cambio espectacular, protagonizan una verdadera apertura en la que circulan todas las posiciones, todos los argumentos y ya se han convertido, de hecho, en la respiración misma de la vida pública.
Este renovado papel exige también nuevas responsabilidades, como atinadamente expresa Adam Michnick "en la consolidación de las democracias los medios libres tienen dos grandes enemigos: uno es la supremacía de la ideología o del partidismo sobre la honestidad de la información; el otro gran enemigo es la ceguera, porque ofrece y difunde la visión de un mundo trivial, un mundo que no requiere estudio, análisis e investigación".

La democracia pierde cuando los medios renuncian a su deber de describir, de educar y de explicar. Los medios y los partidos tienen que mostrar y difundir que la democracia tiene sentido más allá del voto, que su mutua interacción está creando nuevas realidades y percepciones. La refutación de las opiniones ajenas es más que legítima y permitida en el México contemporáneo, pero la democracia para subsistir tiene que ser espacio también La transición democrática de México, ha impreso ya una huella profunda en la vida pública, ha modificado expectativas, ha determinado nuevas imágenes de nuestra historia, ha creado cadenas de aprendizaje distintas y ha redefinido tomas de posición frente al futuro.

Medios de comunicación libre, sin cortapisas, y partidos políticos nacionales fuertes y arraigados, son dos elementos novedosos del tránsito político mexicano; son realidades que nos hacían falta para construir una vida democrática duradera. México hoy reclama medios de comunicación con sentido social y plena autonomía y una política que rescate sus valores éticos y principios morales, que privilegie la colectividad, los acuerdos y el desarrollo de todos los campos del quehacer humano.

Elecciones

El proceso no ha terminado…
Ante cientos de miles en el zócalo capitalino, López Obrador define estrategia.
Impugna las elecciones del 2 de julio.
De ser necesario llegaré a la Suprema Corte: López Obrador.
La indefinición tiene a millones de mexicanos en suspenso.


Eduardo M. Gutiérrez.
Se acabó el mundial de futbol y los mexicanos hemos tenido que volver a la realidad. La final del campeonato, pero del electoral, nos ubica en un país dividido en dos: el México de las necesidades y de los deseos incumplidos, y el de los satisfechos con un sistema de cosas que tal vez haya llenado sus expectativas. La final del campeonato electoral, también nos ha dejado la duda sobre la total transparencia y legalidad de un proceso, largo proceso, que también algunos dan por bueno y han calificado de ejemplar.

Y es que los resultados de las elecciones presidenciales no le fueron favorables al candidato de la Coalición por el Bien de Todos (PRD, PT y Convergencia) Andrés Manuel López Obrador, que con un cómputo final de 35.31 por ciento de la votación contra 35.89 a favor del candidato panista, Felipe Calderón Hinojosa, no se sienten derrotados y han clamado que el proceso fue un fraude, lleno de irregularidades y que habrá que revisar.

El sábado 8 de julio, el candidato de la Coalición por el Bien de Todos citó a la ciudadanía a lo que llamó una primera Asamblea Ciudadana Informativa durante la cual dio a conocer los puntos de una estrategia para obligar a las autoridades electorales a reconocer su triunfo sobre su adversario más próximo: Felipe Calderón. López Obrador ha pedido la revisión “voto por voto, casilla por casilla” porque están seguros que esto va revertir los resultados finales que fueron dados por buenos por el Instituto Federal Electoral (IFE). La impugnación de las elecciones se ha ido al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, y, de ser necesario hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación..

Momento inédito en la historia electoral mexicana, no registrado ni en 1988 cuando “se cayó el sistema” y el hijo del general tuvo que aceptar los resultados de una elección amañada y fraudulenta que le dio el triunfo al Carlos Salinas de Gortari. Hoy, las cosas son un tanto diferentes, ha mediado un lapso suficiente como para que la ciudadanía madurara políticamente, sin embargo los métodos para ganar adeptos han cambiado. Es la guerra y como en todo conflicto que se respete, “todo se vale”. La descalificación, el insulto al oponente político, las acusaciones, meter miedo y hasta la calumnia se utilizaron durante la pasada contienda con tal de derrotar al oponente y ganar votos. Por eso, estas elecciones han sido calificadas como sui generis por analistas y politólogos.

En la plaza de la Constitución se reunieron cerca de 500 mil ciudadanos, según los organizadores, 280 mil de acuerdo con el reporte de las autoridades capitalinas y los medios de difusión. Y, al grito de “¡voto por voto, casilla por casilla!” la multitud ahí congregada vitoreó a un López Obrador que se lanzó duro contra el presidente Fox y las autoridades electorales: “sin recato alguno y sin cuidar la investidura presidencial, se dedicó a atacarnos, ha terminado por ser todo un traidor a la democracia”. La gente le gritaba: ¡presidente, presidente, presidente! mostrando su apoyo a la impugnación de las elecciones que más tarde anunciaría.

Tras asegurar que es el gobierno federal quien “quiere imponer en la Presidencia de la República a un empleado incondicional, a un pelele que les garantice perpetuar la corrupción”, señaló que impugnará las elecciones presidenciales del pasado 2 de julio. Ante una multitud, López obrador sostuvo que defenderá el voto de los ciudadanos y que de ser necesario llegará a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para solicitar se realice una averiguación de los hechos que, según dijo, constituyen la violación del voto público y la ilegalidad de todo el proceso. Bajo el cielo nublado, el político tabasqueño sostuvo que la Coalición por el Bien de Todos cuenta con pruebas fehacientes para demostrar que se violaron los principios de certeza, legalidad, imparcialidad y objetividad establecidos en el Artículo 41 de la Constitución.

Ante ciento de miles de simpatizantes, López Obrador convocó a una marcha nacional pacífica por la democracia a partir del miércoles 12 de julio desde todos los distritos electorales del país hacia la ciudad de México, aunque aclaró que será una movilización pacífica y que no habrá bloqueos ni cierre de carreteras. “Estas movilizaciones se llevarán a cabo haciendo uso de nuestras garantías individuales sin afectar derechos de terceros. No vamos a caer en ninguna provocación”.

La maestra está involucrada.
Durante la asamblea informativa en el zócalo capitalino, el coordinador de la campaña de Andrés Manuel López Obrador, Jesús Ortega, presentó dos grabaciones que involucran a Elba Esther Gordillo y al secretario de Comunicaciones y Transportes, Pedro Cerisola, con el gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández Flores, en apoyo a Felipe Calderón.

Ortega dijo que en una de las conversaciones entre Hernández Flores y Gordillo Morales se reconoce que el día de las elecciones las tendencias favorecían al candidato del PAN, Felipe Calderón Hinojosa con 34.1 por ciento, seguido del PRD, con 33.6 por ciento. En la supuesta grabación que entregó un ciudadano a la dirigencia perredista, Gordillo Morales comenta que el PRI se cayó, y que hay que hablar con gobernadores priístas para que apoyen el voto a favor del PAN.

En la segunda grabación el secretario de Comunicaciones y Transportes pide al gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández Flores, que se comunique con sus amigos del PRI para apoyar al candidato panista. Jesús Ortega señaló que están solicitando a la ciudadanía que presente pruebas sobre la manipulación del voto para evidenciar que hubo irregularidades durante la jornada electoral del pasado 2 de julio.

En las grabaciones se pone en evidencia que funcionarios federales pidieron el apoyo a gobernadores priístas de algunos estados del norte del país, con lo que violentaron la voluntad ciudadana en apoyo al candidato del PAN. Este es un elemento que los panistas y priístas han considerado de poca importancia ya que habría que comprobar la autenticidad de las grabaciones, aunque no deja de inquietar que un elemento más se sume a la lista ya muy larga de irregularidades que han desembocado en esta espera que ya se está haciendo larga.

Mientras tanto, el Cuarto Pleno Extraordinario del VI Consejo Nacional del PRD resolvió solicitar juicio político contra los consejeros del IFE, en especial contra Luís Carlos Ugalde, por presunta usurpación de funciones del organismo electoral. El consejo del Partido de la Revolución Democrática (PRD) dio a conocer tal determinación en virtud de que, a juicio del organismo político, el Instituto Federal Electoral (IFE) ha realizado tareas que solo competen al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Confió en que el órgano jurisdiccional actúe con responsabilidad en la resolución de los recursos de impugnación de la elección del 2 de julio que le presentó la Coalición por el Bien de Todos, integrada por el PRD, el Partido del Trabajo (PT) y Convergencia. “Nosotros estamos convencidos de que quien ganó la elección presidencial fue Andrés Manuel López Obrador”, manifestó el consejo perredista, y expresó su absoluto respaldo al plan de acción del tabasqueño.

La indefinición tiene a millones de mexicanos en suspenso, el proceso que para estas alturas debió haber definido a un ganador de las elecciones federales, está en un perverso impasse que ha detenido en muchos aspectos el progreso y vida normal del país. Pero, la democracia se debe aplicar y, hasta no llegar a una certeza definitoria, los mexicanos no estaremos satisfechos con el proceso que muchos han calificado de ejemplar. Y, sí, ha sido ejemplar, pero por parte de los ciudadanos que han cumplido con su parte al participar entusiastamente y con la confianza de que los responsables de las elecciones actuarían con transparencia y legalidad, pero, esto no ha sucedido así. Las irregularidades y sospecha de fraude cibernético avalan el que se exija una revisión minuciosa de urnas y casillas electorales.

Medios

Los medios de comunicación factor de influencia en la lucha política.
Una contienda política clara y democrática, requiere de medios con credibilidad.
En el actual momento por el que atraviesa el país, los medios juegan un papel por demás relevante.
· A mayores recursos mayor acceso a los medios de comunicación.

Eduardo M. Gutiérrez.
En una de las contiendas políticas más polémicas y disputadas, el campo de los medios es crucial. Hoy, a diferencia de hace apenas algunos años, los medios de comunicación son reconocidos como factor de primera importancia en la lucha política, no sólo por los partidos, sino ya también por grupos sociales que otrora no percibían como hoy la dimensión de los medios en el contexto de dicha confrontación.

De ahí los cada vez mayores reclamos por un mayor acceso de los mensajes de los partidos políticos en los medios de comunicación, punto en el que topan, en la mayoría de los casos, las posturas partidistas sobre los medios, sin incorporar otras demandas sobre el campo de la comunicación social a sus proyectos y propuestas.

Hoy en día los partidos, sobre todo los de oposición, han logrado un acceso mayor a los medios que hace unos cuantos años. No obstante, con todo y las modificaciones realizadas a la legislación electoral, la equidad continúa sin ser alcanzada. La insistencia sobre una presencia democrática de las agrupaciones políticas en los medios sigue prevaleciendo y está aún pendiente, a más de dos décadas del establecimiento de las primeras reglas para manejar el acceso de los partidos políticos a la radio y la televisión consignadas en la Ley Federal Electoral de 1973. La insistencia y la necesidad persisten, aunque con un contexto por completo distinto y en plena transformación.

Sería útil, sin duda, hacer el recuento del comportamiento de los medios en procesos electorales recientes. Sin embargo, las condiciones de transición por las que atraviesa el país en este momento impulsan a preguntarse sobre los nuevos retos que dicha etapa de cambio plantea a los medios en sucesos políticos de relevancia como los electorales, para que contribuyan a un ejercicio más amplio y democrático de la ciudadanía. Intentemos un abordaje mínimo, a través de algunas precisiones.

Es necesario, en este momento de transición -para el cual las elecciones del año 2 000 constituyen sin duda una importante prueba-, que los medios realicen la actividad informativa encomendada por la sociedad con un alto sentido de profesionalismo, que en este caso se relaciona justamente con las nociones de equidad y veracidad, pero también con principios éticos, cuya insuficiencia ha empañado en muchas ocasiones la eficacia de su propia labor informativa. Ocurrió, por ejemplo, en 1994, cuando ante lo desequilibrado de la presencia en los medios de los distintos partidos, se hizo necesaria, ya muy próximos los comicios, una reconvención del Instituto Federal Electoral a los medios, especialmente los electrónicos.

Una contienda política clara y democrática, que es a la que parece aspirar una buena parte de la ciudadanía en estos momentos, requiere de medios con credibilidad, de medios confiables. Y tal como están las cosas, una porción significativa de ellos tendrá que ganársela a pulso.

El logro de la credibilidad puede alcanzarse a través del desempeño profesional, veraz y eficiente de la tarea informativa. Pero también vía una mayor pluralidad en los medios, traducida en mayores espacios para grupos que hoy no tienen cabida, para actuar como verdaderos interlocutores entre los distintos sectores de la sociedad.

Un cuarto punto a considerar sería, ni más ni menos, la revisión, por los medios, de sus compromisos y de la verdadera naturaleza de su función, que es, aunque a veces poco se recuerde, de tipo social. A quién se deben y a quién realmente tienen que responder por su desempeño, es uno de los cuestionamientos que tienen que plantearse hoy los medios. Si actualmente el reclamo es que su compromiso sea en verdad con el país -un país que busca salir del marasmo para ir construyendo, no sin dificultades, un proyecto distinto del que le llevara a la crisis-, entonces los medios tendrían que ofrecer una contribución que, por cierto, no es sólo un grano de arena. Su aportación tendría que ser más sustantiva, pues deberían ir a favor de la construcción paulatina de una cultura política nueva, que se apoye en la existencia de una sociedad informada, con elementos para la participación y toma de decisiones políticas.

Los puntos anteriores conducen con naturalidad a uno más, que los implica y reúne: el punto que marca la importancia del papel de los medios de comunicación en el proceso de búsqueda de la democracia. "La democracia es gobierno de opinión", ha dicho Sartori, "un gobernar fundado en la opinión pública", entendida ésta como un punto de vista claro de la ciudadanía sobre el manejo de los asuntos que le interesan o le afectan, entre los cuales se encuentra la esfera política.

¿Y cómo puede formarse esa opinión fundamentada de los ciudadanos sobre la "cosa pública", sobre los asuntos de interés de la sociedad y cuyo certificado de autenticidad radica en su condición de autonomía? Desde luego, como es sabido, en el proceso de formación de la opinión ciudadana se interactúa con flujos de información e intervienen varios factores, entre ellos los mensajes de las personalidades que difunden aquéllos y que en muchas ocasiones adquieren influencia pública.

Pues bien, una premisa indispensable en el surgimiento de esa opinión pública autónoma que allana el camino hacia la democracia es la existencia de una ciudadanía interesada en los asuntos a discutir, así como el requisito de que ella cuente con información fidedigna y oportuna sobre los temas de su atención.

A primera vista parecería que estos requisitos podrían verse cumplidos hoy en día en nuestra sociedad, que últimamente ha mostrado mucho mayor interés que antes en los asuntos nacionales, además de contar con una red de medios, sobre todo electrónicos, que impacta a amplios auditorios en el país.

Pero cuando contrastamos los requisitos mencionados para la existencia de una opinión pública autónoma que nutra el proceso hacia la democracia, con las condiciones generales de funcionamiento de los medios de comunicación de nuestro país, la apreciación cambia: ¿realmente puede decirse que los públicos nacionales están interesados e informados bien a bien sobre los sucesos políticos del país? La pregunta es válida de plantearse ante las prácticas informativas generales de los medios, que, salvo las excepciones del caso, son: rápido desfile de notas de asuntos de lo más diverso, que conviven con la publicidad y que alejan la posibilidad, ya no se diga de reflexionar sobre la información, sino muchas veces ni siquiera de que ésta sea expuesta con profundidad. La tónica a seguir por una buena porción de los medios es. A mayor cantidad de datos o notas, igual a " mayor información".

Agréguese a esta circunstancia el fenómeno reciente del tratamiento de la información como espectáculo o material altamente vendible y las distorsiones en el manejo informativo que con frecuencia practican los medios a raíz de sus compromisos con intereses político-económicos y que se traducen a veces en omisiones, amplificaciones o hasta distorsiones en temas diversos. Pero eso no es todo. El surgimiento de la opinión pública autónoma no sólo supone la existencia de un público con amplia información, pues para que los públicos emitan una opinión necesitan contar con elementos que les permitan, primero, comprender la información política, para después estar en posibilidad de interpretarla y construir un punto de vista propio.

De más está decir que los públicos mexicanos no están muy cerca de esta posibilidad de transformar la información política en comprensión y reflexión crítica: por el contrario, si el sector educativo formal apenas les proporciona escasos elementos de educación política y hasta cívica, los medios, por su cuenta, tampoco le apoyan en este sentido, al estar volcados al entretenimiento y con formas discursivas donde pocas veces se analiza una idea y con la ley del rating como imperativo.

Formados los públicos de esta manera, las resultantes es el alejamiento de la ciudadanía del ejercicio de la capacidad de reflexión en torno a la información política, circunstancia que mucho ha beneficiado para mantener el orden de cosas, cuando ante momentos determinantes para la vida nacional, se ha sentido la ausencia de una opinión pública vigorosa y más amplia que la hasta ahora presente en algunos sectores de la sociedad.

De este modo, en el actual momento por el que atraviesa el país, los medios juegan un papel por demás relevante, puesto que son los conductos a través de los cuales circula el debate y se definen las diferentes propuestas políticas. Incluso, los medios son, y en especial los electrónicos, los vehículos a través de los cuales la ciudadanía se pone en contacto con las opiniones y puntos de vista de los actores políticos. Por tal razón, si en los medios no se expresa la pluralidad, o si ésta se ve impedida en ellos, no habrá contienda democrática auténtica.

Periodismo y Libertad

Periodismo y libertad
El periodismo no es el “cuarto poder”. Es parte del poder.
Esto ya es historia, pero, queda en la conciencia colectiva.
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Eduardo M. Gutiérrez.
En general, comunicación remite a medios masivos. Y se nos ha hecho creer que en un mundo “globalizado” vivimos en la Sociedad de la Información. Existe, en verdad, una sobresaturación informativa. Pero, ¿quién pone los contenidos? ¿Quién controla la producción y difusión de la noticia? ¿Cómo podemos diferenciar lo riguroso y valioso de lo manipulado y superficial? ¿En beneficio de quiénes circula esa información? Como dijo Eduardo Galeano, “nunca tantos han sido tan incomunicados por tan pocos. Cada vez son más los que tienen el derecho de escuchar y de mirar, pero cada vez son menos los que tienen el privilegio de informar, opinar y crear”.

No es común que la gente al abrir un periódico, escuchar una radio o elegir un canal de televisión sepa quiénes son sus propietarios, quiénes los mantienen mediante la publicidad, qué relaciones poseen con el gobierno o las empresas. En los medios en México, existe un acelerado proceso de concentración. Al duopolio privado de la televisión, controlado por dos plutócratas que integran la lista de magnates de la revista Forbes, Emilio Azcárraga Jean (Televisa, Cablevisión, Radiópolis) y Ricardo Salinas Pliego (TV Azteca, Elektra, Banco Azteca, Iusacell, Unefón), ha venido a sumarse ahora el Grupo Empresarial Ángeles (GEA), cuyo principal accionista es Olegario Vázquez Raña, dueño de los hoteles Camino Real y los hospitales Ángeles. GEA controla el Grupo Imagen, que acaba de adquirir el Canal 28 de televisión, y que está integrado, además, por Imagen Informativa, Reporte 98.5 y el periódico Excélsior.

Con mayor precisión puede decirse que Televisa, TV Azteca, GEA, el Grupo PRISA (propiedad de la familia Polanco de España, asociada aquí con Televisa Radio) y otras tres familias de concesionarios privados: los Vargas Guajardo (MVS); los Aguirre Gómez (Grupo Radio Centro) y los Azcárraga Romandía (Organización Radio Fórmula) controlan los medios electrónicos del país.

Según la UNESCO, la información “es un bien social”. Pero esos conglomerados mediáticos responden a un capital. A los intereses de sus dueños. Para ellos la información es una mercancía. Un capital que tiene como objetivo vender productos y crear hábitos de consumo. Esos consorcios que dominan tecnologías y contenidos han convertido a los medios masivos en insaciables maquinarias para obtener mayores tasas de ganancia en el más breve tiempo. Más allá de las contradicciones intercapitalistas y la competencia, como consecuencia de la confluencia de tan poderosos intereses se ha establecido de modo tácito un “consenso mediático” que opera como una gran maquinaria de la dictadura del pensamiento único. La clase dominante marca sus posiciones político-ideológicas a través de los medios y ya no, como antaño, vía los partidos. Los medios se han convertido en un verdadero poder articulador de la plutocracia. Bajo esas condiciones, la posibilidad de expresión pública de las voces críticas y de los sectores subalternos es mínima. Y cuando lo logran, éstas son tergiversadas de manera sistemática.

El periodismo no es el “cuarto poder”. Es parte del poder a secas. Forma parte de un único poder que responde a la lógica de dominación de clase, de propiedad de los medios de producción y de acumulación de la tasa de ganancia. La batalla de las ideas se sigue jugando en el terreno cultural. Lo saben muy bien quienes tienen la sartén por el mango. La “información” surge de la decisión previa de gente que piensa lo que hay que pensar y construye la “noticia” en función de sus intereses. A través de sus intelectuales orgánicos y asalariados –Enrique Krauze, Jorge G. Castañeda, los hermanos Federico y Jesús Reyes-Heroles González Garza, Pedro Ferriz de Con, Mario Ramón Beteta, Joaquín López Dóriga, Víctor Trujillo y quienes les hacen eco–, los medios crean y alimentan mitos. Su poder y su magia invisibles corroen las conciencias y percepciones. Los “guardianes de la democracia” fomentan el unanimismo, la amnesia, el olvido. Fabrican y construyen estereotipos. Demonizan a los de abajo. Criminalizan a los sucios o impuros. Los convierten en un “peligro” para México. Los tachan de “ilegales” y “violentos”, en contraposición a los “pacíficos y “legales”. Transforman a las víctimas en victimarios. En la coyuntura, por ejemplo, cometieron la canallada de respaldar al embajador de Israel, David Dadonn, quien tuvo la desfachatez de asociar a quienes se solidarizaron con los palestinos y libaneses víctimas de la ocupación genocida de los neocolonialistas sionistas, con “cómplices” del “terrorismo árabe”; una concepción que tiene un fondo profundamente racista y fascista.

No hay periodistas “neutrales”, “apolíticos” u “objetivos”. Quien afirma eso miente o es ingenuo. Casos como el desafuero de López Obrador, la violencia en Sicartsa, Atenco y Oaxaca, y ahora el fraude electoral, han desnudado todo un andamiaje propagandístico mediático pro “institucional” que se sostiene en la mentira, la tergiversación y en campañas miserables de odio y de miedo. O de auto-elogio y auto-legitimación, como ocurrió con la campaña de propaganda que promovió la defensa a ultranza del Instituto Federal Electoral (IFE).

A la luz de la crisis postelectoral, conviene subrayar algunas cosas. Por ejemplo, que los mexicanos están gobernados por los grandes medios masivos y, en su mayor parte, apenas si se dan cuenta de ello. Como apuntábamos arriba, la prensa, en particular las cadenas de radio y televisión privadas, cumplen su papel de fábrica de comunicación. Noam Chomsky ha explicado que la función de los medios es manufacturar el consenso: vaciar las mentes de la gente en un molde uniforme y asegurar el alineamiento de cada individuo aislado con el modelo de dominación impuesto; el modelo de la clase dominante.

Aunque en la coyuntura ha perdido credibilidad, Televisa ha jugado un papel clave en la conformación de una multitud de telespectadores de signo conservador, reaccionario. Individuos atomizados, crédulos, despolitizados, maleables, que componen la nación y también son ciudadanos y votan en las elecciones. Un público que recibe de manera simultánea las mismas imágenes e informaciones y, por lo tanto, las mismas ideas. Los programas y noticieros transmitidos están concebidos a partir de la psicología y los prejuicios corrientes de la mayoría de la población y se da una interacción en el sentido de una uniformidad cada vez mayor. Esa masificación, que muchas veces en tiempos de campañas electorales el telespectador no identifica como propaganda política, se instala en la conciencia de la gente y, gracias a ella, por un efecto de repetición, los que mandan y sus empleados hipnotizan a la multitud. La repetición homogénea de falacias, mitos y eslogans como “noticia”, tiene, siempre, valor de confirmación. La repetición obstinada fija la idea, aunque esa idea haya sido producto de una maniobra de simulación.

El arte del camuflaje es practicado por la clase dominante y sus “comunicadores” de masas para controlar y domesticar a la población. No quieren que la gente piense ni participe. Y explotan, a través de los medios, la psicología y los prejuicios de las masas. Explotan la necesidad de odiar a alguien, la búsqueda de un chivo expiatorio. Suscitan ese odio y a veces apasionan a la gente, la sublevan y le conceden una actividad. Por ejemplo, votar. Durante las campañas políticas, revelarle, entregarle tal objeto de aversión y escándalo a las masas es permitirles que den libre curso a su agresividad latente. Un objetivo es predisponer al público contra un adversario, un personaje, una idea. Incluso por la vía de la difamación y la mentira.

Eso ocurrió aquí. El Consejo Mexicano de Hombres de Negocios; su grupo de choque, el Consejo Coordinador Empresarial; jerarcas de la Iglesia católica, el gobierno de Vicente Fox, el Partido Acción Nacional (PAN), sus aliados del Partido Revolucionario Institucional (PRI), la ultraderecha yunquista, los tecos y las grandes cadenas electrónicas privadas participaron en una campaña de odio contra Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Mediante una estrategia de persuasión, inducción y coacción hicieron revelaciones, generaron escándalos y reprodujeron hasta el cansancio exageraciones y mentiras para afirmar ideas y dogmatizar a una multitud pasiva a la que después se pidió sufragar por su candidato, Felipe Calderón. El voto del miedo funcionó, aunque muchos de quienes sufragaron por el candidato del PAN conservan la ilusión de haber decidido por sí mismos, sin darse cuenta de que fueron influidos o manipulados.

En buena medida, la sugestión compulsiva –la guerra sucia mediática con eje en la sentencia “AMLO es un peligro para México”– fue ejecutada por un puñado de hipnotizadores a distancia, conductores “estrellas” de los medios electrónicos que practican a diario la disimulación.

Además, los canales del duopolio televisivo –Televisa y TV Azteca, cuyos dueños integran la plutocracia y se han convertidos en actores políticos– fueron protagonistas del show electoral, y autoerigidos en “suprema corte mediática” siguen ejerciendo su privilegio de mandar. El 5 de julio, mientras “fluía” el conteo distrital, el vocero de la Casa Azcárraga (Joaquín López Dóriga) realizó una entrevista con José Woldenberg para reasegurarle al populacho lo impecable de la maquinaria del IFE y la imposibilidad de fraude. Era obvio qué iba a pasar. No en balde Calderón cerró su campaña en el Estadio Azteca, propiedad de Televisa, y en el capítulo del 28 de junio de la telenovela La fea más bella, dos protagonistas, José Luís Cordero y Eric Guecha, invitaron a la audiencia a votar por el candidato del PAN.

Después, López Dóriga, en su papel de cuico o policía del pensamiento –como antes Brozo–, siguió con su tarea mercenaria de convencer a los mexicanos de que Calderón ya ganó y que López Obrador debía reconocer su derrota. Habló por la voz de su amo, cuya empresa utilizó el último capítulo del programa de sátira política El privilegio de mandar para atacar a AMLO y enviar un mensaje siniestro a todo México. A través del personaje Canti, parodia de Cantinflas, interpretado por Carlos Espejel, la “posición institucional” de la televisora –según reconoció el guionista Manuel Rodríguez Ajenco ante Carmen Aristegui– fue que “en la democracia se gana y se pierde (…) no hubo vencedores ni vencidos, aquí todos somos México (…) no es hora de dividir, es hora de sumar”.

Pero como lo vino demostrando la presencia del pueblo en las calles en reclamo del voto por voto, casilla por casilla y en contra del fraude electoral, los medios no son todopoderosos; han perdido credibilidad. Y están pasando cosas. Mucha gente recupera la palabra –que es vida, memoria, elaboración, liberación–, se sumó al megaplantón ciudadano, participó de la resistencia civil pacífica y le fue poniendo su verdadero nombre a las cosas. El capitalismo se llama capitalismo. El fraude, fraude. Algunos saben que el problema no es el modelo sino el sistema. En ese contexto, la tarea de los trabajadores de la comunicación es esencial: tienen la posibilidad de romper desde adentro los filtros y las censuras, abiertas o encubiertas, mediante las cuales se des-informa, des-educa y manipula a la sociedad.

Lo que sigue es incierto. Hay quienes impulsan un autoritarismo de nuevo tipo. Una dictablanda. Otros quisieran imponer un fascismo a la mexicana. Ante esos escenarios, la movilización social, la resistencia popular, la desobediencia civil son armas legítimas. Pero no se trata sólo de la defensa de la sociedad, sino de construir una patria nueva sin mentiras, sin capuchas, sin torturas, sin cadenas. Participar, sí. Pero también esclarecer. Lograr que la comunidad tome conciencia de la lección que proporcionan los hechos. Los propios y los ajenos.

La Reforma del Estado

La Reforma del Estado: asignatura no cumplida en el periodo foxista.
Baja productividad y efectividad del Congreso mexicano.
Queda el reto de seguir la lucha por la transformación democrática del Estado Mexicano.


Eduardo M. Gutiérrez.
A pesar de los múltiples estudios, foros, conferencias que se organizaron y de las cientos de iniciativas que se elaboraron y presentaron en la tribuna parlamentaria, el avance de la Reforma del Estado es absolutamente magro. Con el agravante de que los decretos de reforma aprobados son inconexos y en ocasiones representan retrocesos en cuanto al método y la aspiración para la construcción de un régimen cabalmente democrático para México.

Sin ir más lejos, la aprobación de la llamada “Ley Televisa” y la Reforma Electoral restrictiva para las nuevas formaciones políticas son un claro ejemplo de los retrocesos. Queda todavía un cúmulo de reformas urgentes que no se aprobaron a pesar de contar con un aparente consenso general. Tal es el caso de una Reforma Electoral más profunda que restringiera el gasto y los tiempos de campaña, que normara las precampañas, que aumentara las facultades del Instituto Federal Electoral; otro ejemplo de ello es la no aprobación de la figura del jefe de gabinete, a pesar de que políticos, académicos, periodistas, empresarios, y hasta el clero se manifestó a favor; otro ejemplo más fue la incapacidad de reformar el congreso ya que entre otras cosas, no hay todavía previsión legal y reglamentaria para poder hacer coaliciones legislativas estables que ayuden a la gobernabilidad del país, no se lograron aumentar las capacidades investigativas de las comisiones legislativas y sigue sin abatirse el monstruoso rezago legislativo que conforma la ya legendaria congeladora legislativa, y el colmo, a pesar del gran consenso que existe en torno al tema, el formato del informe presidencial no se modificó en lo absoluto.

Sin embargo, es importante dar cuenta puntual de lo que se ha logrado avanzar, aunque de este avance resalten pocas cosas. Ahí está por ejemplo, la ampliación del segundo periodo legislativo, el mandato para construir una agenda legislativa común, se logró adelantar la fecha de presentación del paquete económico y por tanto se amplió el periodo para el análisis de la propuesta del Ejecutivo de Ley de Ingreso, del presupuesto de egresos de la federación y de la miscelánea fiscal. También se crearon centros de investigación especializados en la Cámara de Diputados para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género y para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria.

Se le confirió finalmente la autonomía al INEGI; se pudo crear como órgano autónomo la agencia de noticias del Estado; se creo el IFAI, que a pesar del uso restrictivo que le ha dado el gobierno, la Ley de Transparencia y acceso a la información que le da vida, es sin duda la joya de la corona de este periodo por su implicación y su alcance potencial a futuro; finalmente se instrumentó –con limitaciones- el voto de los mexicanos en el exterior; también se aprobaron disposiciones financieras importantes.

Pero sin duda, lo más inquietante, es observar el cúmulo de reformas pendientes y urgentes. Hay que reformar el Estado mexicano, lo que implica la construcción de un nuevo régimen político. Es decir, hay que en colocar el tema de nueva constitucionalidad en el debate nacional, insistir en conferirle características parlamentarias a nuestro sistema político, lo que implica la posibilidad de instaurar la figura de Jefe de Gabinete, modificar el formato del informe presidencial, incrementar las relaciones entre los poderes, que el congreso ratifique a los secretarios de despacho, sentar las bases para la construcción de coaliciones legislativas estables que respalden al ejecutivo con una mayoría sobre un programa y compromisos específicos; reformar al congreso, aumentar las facultades de las comisiones, acabar con el rezago legislativo, aprobar una reforma electoral que acote el gasto, que reduzca los tiempos de campaña, que construya un calendario electoral concurrente para el mismo mes de cada año. Hacer de los ejes de la política exterior una política de Estado.

Está pendiente también la creación de un tribunal constitucional que dirima las controversias entre poderes, la autonomía del ministerio público, la autonomía plena al IFAI, la creación de una procuraduría del medio ambiente, profundizar la reforma política del Distrito Federal, impulsar una reforma hacendaria, que fortalezca el federalismo, profundizar los derechos de los pueblos indígenas.

También se deben promover las políticas sustentables como políticas de Estado, profundizar la reforma social del Estado, garantizar la visión de género, garantizar las pensiones para los jubilados, universalizar los servicios educativos, invertir mas en ciencia y tecnología, ampliar el compromiso del Estado con la cultura, impulsar la educación cívica para la construcción de una ciudadanía que trascienda al ámbito electoral y comprometer a todos los ámbitos del gobierno y la sociedad en una cruzada contra la inseguridad.

La baja productividad y efectividad del Congreso mexicano, se expresa con claridad en las siguientes cifras. En dos legislaturas, se presentaron poco más de 6000 iniciativas, de las cuales, sólo el 12% están dentro de la clasificación de los temas para la reforma del Estado, y de este universo de más de 700 iniciativas presentadas con estos temas, se promulgaron 76 nuevas leyes y decretos, es decir, un 10% aproximadamente, lo que equivale a poco más de 1% del total de las iniciativas presentadas en el Congreso de la Unión durante este sexenio, es decir, casi nada.

Queda pues el reto de seguir la lucha por la transformación democrática del Estado Mexicano y de mantener estos espacios de deliberación y elaboración y ahora emprender el esfuerzo para que estas comisiones especiales se pudieran transformar en comisiones ordinarias, es decir, con capacidad de dictaminar las iniciativas, para así tratar de avanzar con mayor fuerza y con mayor celeridad la agenda pendiente para la Reforma del Estado desde el Congreso de la Unión.