Atenco: la mecha està lista.
Guerra en Atenco:
En el ocaso de su desgobierno
Fox agita la ingobernabilidad
+ ¿Culpables?: Los 3 niveles de gobierno.
+ El fondo: institucionalidad vulnerada.
+ ¿Movimientos de la Revolución Interrumpida?
+ ¿Guerra en el reino de Nezauhalcoyotl?
Eduardo Maldonado G.
Las imágenes de las policías federales, estatales y municipales corriendo para escapar de los machetes de algunos habitantes de Texcoco-Atenco, en el estado de México, le dieron la vuelta al mundo. Son la fiel representación de la institucionalidad mexicana profundamente vulnerada, por el gobierno foxista que llega a su último semestre, en grave ingobernabilidad.
De acuerdo con las primeras informaciones, dadas a conocer por los medios electrónicos, en particular la televisión y, particularmente: Televisa, es difícil entender que un incidente: el desalojo del mercado Belisario Domínguez, en Texcoco-Atenco, de un grupo de vendedores de flores ambulantes, se haya convertido en menos de 24 horas, en un conflicto casi bélico de proyecciones graves.
Como un reguero de pólvora, se incendiaron los ánimos tanto de los pobladores de la zona, como de los agentes de policías municipales, estatales y federales. El resultado fue: docenas de heridos, casi dos centenares de detenidos. Pero, además: más de una docena de policías secuestrados por un grupo de gente armada de machetes, jefaturados por Ignacio Valle, quien más tarde sería aprehendido y encarcelado, acusado de diversos delitos.
Todo se inició en el mercado Belisario Domínguez, cuando la policía municipal, enviados por el presidente municipal perredista Nazario Gutiérrez trató de desalojar del lugar a un grupo de vendedores ambulantes de flores. Se dijo, oficialmente, en el municipio que se tenía un acuerdo para dejarlos vender sus flores, como en años anteriores; pero, que el munícipe Gutiérrez, desconoció el acuerdo.
La violencia con que actuaron los policías que arremetieron contra los floricultores, desató la ira de campesinos y moradores del valle de Texcoco, que respondieron blandiendo sus machetes, y tirando piedras y bombas molotov a los policías que ya estaban apoyados por fuerzas estatales y federales de la policía preventiva.
¿Venganza?
Texcoco-Atenco (San Salvador Atenco) y toda la zona del oriente del estado de México que colinda con el Distrito Federal, es una región con añejos problemas económico-sociales. Tierras rurales y urbanas, sobre las que sus habitantes han vivido -¿o sobrevivido?-, oscilando entre la pobreza y la extrema miseria. Es otra de las muchas regiones olvidadas en México, igual por autoridades federales, como estatales.
Tienen permanentes problemas de agua, transportes, sanidad; y, desde luego deslindes de tierras. En esto último, igual son víctimas de especuladores en la compra y venta de tierras, particulares y de mayores y menores funcionarios federales, estatales y municipales. Es gente que vive con una enorme carga de explosividad, que estalla al menor motivo.
Los gobiernos federal t el denominado “mexiquense”, especialmente a partir del “gobierno del cambio”, han sido totalmente ciegos y de una ineptitud política que asombra, para buscar solución a los problemas de la clase trabajadora y la población en general. Pero, Atenco, es patente de la incapacidad del gobierno de Vicente Fox.
Como se recordará, a principios del sexenio de este gobierno (que, que bueno que ya se va) el grupo en el poder provocó un conflicto que lo marcó para siempre: intentó construir un aeropuerto alterno en esa zona del estado de México. Pretendió expropiar las tierras que esta gente ha habitado desde antes de la llegada de los españoles. Quiso apoderarse de 4 mil 500 hectáreas y, pagarlas con una indemnización de: ¡seis pesos por metro cuadrado!
Se trató del intento de despojo de esas tierras –no puede llamarse de otro modo-. Los habitantes de la región, no nada más se inconformaron con la medida: se movilizaron y, marcharon a la ciudad de México y, frente a la autoridad federal, rayaron el pavimento con sus machetes. El resto lo hizo, la televisión asociada al gobierno foxista: presentó a los atenquenses como: gente violenta, arbitraria y casi, casi, antipatriota.
Las opiniones se polarizaron. Los menos, defendieron el derecho de los atenquenses a defender sus tierras; pero, los más, acusaron al gobierno de Fox de débil, pusilánime; falto de autoridad etc., etc. Y, Chente echó marcha atrás, no obstante que entonces, como ahora, hubo secuestros de funcionarios federales y estatales. En este último, el gobierno de Arturo Montiel Rojas, enamorado de la posibilidad de alcanzar la nominación como candidato priísta a la presidencia de la República, calificó el asunto, como una cuestión menor y, nadie se ocupó de la tan mentada aplicación del estado de derecho.
Hoy, la calificación es otra: hay quienes sostienen que la rectificación del gobierno del esposo de Marta Sahún y, la suspensión del proyecto aeroportuario, ha sido la única medida sensata y democrática del foxismo. Por otra parte, están quienes sostienen que: la ley es la ley, nadie por encima de ella; y, que quien delinque (secuestrar funcionarios es un grave delito federal), deben ser castigados y hacerles pagar su delito.
Esta vez, ambos gobiernos: federal y estatal, actuaron no nada más con energía para hacer valer la ley. Fueron más allá: golpearon, atacaron con armas de fuego (un joven de 14 años, Javier Cortez Santiago, fue muerto de un balazo; y, la bala asesina, salió de un arma del gobierno); recuperaron con violencia a policías detenidos por el grupo rebelde, denominado oficialmente como: “macheteros”; violaron domicilios sin órdenes judiciales; detuvieron con saña y lujo de violencia a cerca de 200 personas.
La violencia como método.
Los hechos de violencia que enfrenta la nación, en diversas partes del territorio; y los desarreglos en materia de seguridad, golpean todos losdías y a todas horas, a los mexicanos de todos los sectores sociales. Igual que ocurrió y ocurre en Sinaloa, Chihuahua, Baja California, Nuevo León y Tamaulipas, los asesinatos por venganza o, disputas de territorio para el narcotráfico, se han trasladado ahora a otras entidades: Michoacán y Guerrero, entre otros. La violencia recorre todo el territorio de la República.
La violencia como método para resolver diferencias en negocios legales o chuecos; o, para imponer el dominio territorial de las bandas de narcotraficantes; e, inclusive, en el hacer de la política, se ha incrementado a niveles antes no conocidos. Hay quienes observan que ello sucede, a partir del momento en que, Carlos Abascal Carranza, arribó a la secretaría de Gobernación.
Sea o no ese el hito histórico, lo cierto es que en el asunto de San Salvador Atenco, mientras el prestigiado escritor, Carlos Monsiváis, condena la represalia contra los habitantes de esa zona, como una mala decisión del gobierno saliente de Vicente Fox; el subcomandante insurgente Marcos, califica la agresión gubernamental a Atenco, “como parte de la guerra contra los de abajo”.
Al subcomandante Marcos, ahora delegado Zero, acusa la ultraderecha mexicana, de “la federalización del conflicto de Atenco”. La situación es de tal manera cambiante en estos momentos en cuanto a este conflicto, que nadie podría afirmar responsabilidad penal a Marcos, con excepción, naturalmente, del arzobispo primado de México, el señor Rivera, quien sentenció que “si Marcos vino a la ciudad de México a provocar violencia, debe irse”.
Marcos ha dicho que se irá de la ciudad de México y la zona colindante con el estado de México, hasta que: “todos los presos queden en libertad”. Nadie puede en estos momentos, vaticinar nada en relación con este asunto; porque Marcos en su campaña nacional, no está aquí únicamente por el problema suscitado en el Edomex. Lo está también, por las próximas elecciones del 2 de julio. Ha condenado los hechos, pero no ha hecho ningún llamado a la revolución.
Historiadores, investigadores y estudiosos de la historia de México y sus movimientos sociales, afirman que ningún hecho de esta naturaleza, está descontinuado: desde la independencia del país del dominio español; los ajustes de los gobiernos liberales con Juárez a la cabeza; y, más tarde las revoluciones (la Revolución Mexicana, no fue una, fueron varias) armadas y las protestas, marchas y otras formas de protesta masiva, son considerados como hechos concatenados, irremediables, “mientras el pueblo mexicano, no alcance la justicia social”.
Y, bueno, parece haber esa intención: en el caso que nos ocupa, el gobernador del Edomex, Enrique Peña Nieto, no intervino para calmar los ánimos en Atenco; menos para buscar soluciones: lo hizo para echar más leña al fuego, pues no de otro modo se explica que en vez de convocar a pláticas y negociaciones, se haya reducido a enviar su fuerza antimotines.
Pero, inclusive los medios informativos, no se concretaron a informar objetivamente, dentro de las posibilidades de la objetividad, nada fácil. Hicieron, repetimos; en particular la televisión y, concretamente Televisa, para presentar a los atenquenses como “rebeldes” “revolucionarios”; intransigentes, violentos y levantiscos. Esos medios fueron los que intentaron ligar los hechos con la presencia en la ciudad de México, del subcomandante Marcos.
Ingobernabilidad: y, desgobierno.
Este es un asunto, independientemente de otras consideraciones histórico-sociales, producto de la insensibilidad, la ceguera y la ineptitud de análisis del gobierno, sus grupos dominantes; sus consejeros empresariales; la ultraderecha de El Ynque; y, desde luego, por esa inclinación que a lo largo de cinco años y medio, ha mostrado el desgobierno de Vicente Fox Quesada, hacia el autismo.
Los gobernantes: Fox y Peña y sus “consejeros” y estrategas no fueron capaces de evitar el conflicto, mediante la negociación –lo que robustece la idea de “la tardía venganza de Fox” por lo del aeropuerto- y la concertación. Todo lo contrario: lo llevaron y, ¿Quién sabe por cuanto tiempo?, a terrenos pantanosos; a la injustificada violencia y, terminaron, por vulnerar profundamente la institucionalidad nacional. Lástima: no es tiempo para hacer fogatas en la seca pradera.
En el ocaso de su desgobierno
Fox agita la ingobernabilidad
+ ¿Culpables?: Los 3 niveles de gobierno.
+ El fondo: institucionalidad vulnerada.
+ ¿Movimientos de la Revolución Interrumpida?
+ ¿Guerra en el reino de Nezauhalcoyotl?
Eduardo Maldonado G.
Las imágenes de las policías federales, estatales y municipales corriendo para escapar de los machetes de algunos habitantes de Texcoco-Atenco, en el estado de México, le dieron la vuelta al mundo. Son la fiel representación de la institucionalidad mexicana profundamente vulnerada, por el gobierno foxista que llega a su último semestre, en grave ingobernabilidad.
De acuerdo con las primeras informaciones, dadas a conocer por los medios electrónicos, en particular la televisión y, particularmente: Televisa, es difícil entender que un incidente: el desalojo del mercado Belisario Domínguez, en Texcoco-Atenco, de un grupo de vendedores de flores ambulantes, se haya convertido en menos de 24 horas, en un conflicto casi bélico de proyecciones graves.
Como un reguero de pólvora, se incendiaron los ánimos tanto de los pobladores de la zona, como de los agentes de policías municipales, estatales y federales. El resultado fue: docenas de heridos, casi dos centenares de detenidos. Pero, además: más de una docena de policías secuestrados por un grupo de gente armada de machetes, jefaturados por Ignacio Valle, quien más tarde sería aprehendido y encarcelado, acusado de diversos delitos.
Todo se inició en el mercado Belisario Domínguez, cuando la policía municipal, enviados por el presidente municipal perredista Nazario Gutiérrez trató de desalojar del lugar a un grupo de vendedores ambulantes de flores. Se dijo, oficialmente, en el municipio que se tenía un acuerdo para dejarlos vender sus flores, como en años anteriores; pero, que el munícipe Gutiérrez, desconoció el acuerdo.
La violencia con que actuaron los policías que arremetieron contra los floricultores, desató la ira de campesinos y moradores del valle de Texcoco, que respondieron blandiendo sus machetes, y tirando piedras y bombas molotov a los policías que ya estaban apoyados por fuerzas estatales y federales de la policía preventiva.
¿Venganza?
Texcoco-Atenco (San Salvador Atenco) y toda la zona del oriente del estado de México que colinda con el Distrito Federal, es una región con añejos problemas económico-sociales. Tierras rurales y urbanas, sobre las que sus habitantes han vivido -¿o sobrevivido?-, oscilando entre la pobreza y la extrema miseria. Es otra de las muchas regiones olvidadas en México, igual por autoridades federales, como estatales.
Tienen permanentes problemas de agua, transportes, sanidad; y, desde luego deslindes de tierras. En esto último, igual son víctimas de especuladores en la compra y venta de tierras, particulares y de mayores y menores funcionarios federales, estatales y municipales. Es gente que vive con una enorme carga de explosividad, que estalla al menor motivo.
Los gobiernos federal t el denominado “mexiquense”, especialmente a partir del “gobierno del cambio”, han sido totalmente ciegos y de una ineptitud política que asombra, para buscar solución a los problemas de la clase trabajadora y la población en general. Pero, Atenco, es patente de la incapacidad del gobierno de Vicente Fox.
Como se recordará, a principios del sexenio de este gobierno (que, que bueno que ya se va) el grupo en el poder provocó un conflicto que lo marcó para siempre: intentó construir un aeropuerto alterno en esa zona del estado de México. Pretendió expropiar las tierras que esta gente ha habitado desde antes de la llegada de los españoles. Quiso apoderarse de 4 mil 500 hectáreas y, pagarlas con una indemnización de: ¡seis pesos por metro cuadrado!
Se trató del intento de despojo de esas tierras –no puede llamarse de otro modo-. Los habitantes de la región, no nada más se inconformaron con la medida: se movilizaron y, marcharon a la ciudad de México y, frente a la autoridad federal, rayaron el pavimento con sus machetes. El resto lo hizo, la televisión asociada al gobierno foxista: presentó a los atenquenses como: gente violenta, arbitraria y casi, casi, antipatriota.
Las opiniones se polarizaron. Los menos, defendieron el derecho de los atenquenses a defender sus tierras; pero, los más, acusaron al gobierno de Fox de débil, pusilánime; falto de autoridad etc., etc. Y, Chente echó marcha atrás, no obstante que entonces, como ahora, hubo secuestros de funcionarios federales y estatales. En este último, el gobierno de Arturo Montiel Rojas, enamorado de la posibilidad de alcanzar la nominación como candidato priísta a la presidencia de la República, calificó el asunto, como una cuestión menor y, nadie se ocupó de la tan mentada aplicación del estado de derecho.
Hoy, la calificación es otra: hay quienes sostienen que la rectificación del gobierno del esposo de Marta Sahún y, la suspensión del proyecto aeroportuario, ha sido la única medida sensata y democrática del foxismo. Por otra parte, están quienes sostienen que: la ley es la ley, nadie por encima de ella; y, que quien delinque (secuestrar funcionarios es un grave delito federal), deben ser castigados y hacerles pagar su delito.
Esta vez, ambos gobiernos: federal y estatal, actuaron no nada más con energía para hacer valer la ley. Fueron más allá: golpearon, atacaron con armas de fuego (un joven de 14 años, Javier Cortez Santiago, fue muerto de un balazo; y, la bala asesina, salió de un arma del gobierno); recuperaron con violencia a policías detenidos por el grupo rebelde, denominado oficialmente como: “macheteros”; violaron domicilios sin órdenes judiciales; detuvieron con saña y lujo de violencia a cerca de 200 personas.
La violencia como método.
Los hechos de violencia que enfrenta la nación, en diversas partes del territorio; y los desarreglos en materia de seguridad, golpean todos losdías y a todas horas, a los mexicanos de todos los sectores sociales. Igual que ocurrió y ocurre en Sinaloa, Chihuahua, Baja California, Nuevo León y Tamaulipas, los asesinatos por venganza o, disputas de territorio para el narcotráfico, se han trasladado ahora a otras entidades: Michoacán y Guerrero, entre otros. La violencia recorre todo el territorio de la República.
La violencia como método para resolver diferencias en negocios legales o chuecos; o, para imponer el dominio territorial de las bandas de narcotraficantes; e, inclusive, en el hacer de la política, se ha incrementado a niveles antes no conocidos. Hay quienes observan que ello sucede, a partir del momento en que, Carlos Abascal Carranza, arribó a la secretaría de Gobernación.
Sea o no ese el hito histórico, lo cierto es que en el asunto de San Salvador Atenco, mientras el prestigiado escritor, Carlos Monsiváis, condena la represalia contra los habitantes de esa zona, como una mala decisión del gobierno saliente de Vicente Fox; el subcomandante insurgente Marcos, califica la agresión gubernamental a Atenco, “como parte de la guerra contra los de abajo”.
Al subcomandante Marcos, ahora delegado Zero, acusa la ultraderecha mexicana, de “la federalización del conflicto de Atenco”. La situación es de tal manera cambiante en estos momentos en cuanto a este conflicto, que nadie podría afirmar responsabilidad penal a Marcos, con excepción, naturalmente, del arzobispo primado de México, el señor Rivera, quien sentenció que “si Marcos vino a la ciudad de México a provocar violencia, debe irse”.
Marcos ha dicho que se irá de la ciudad de México y la zona colindante con el estado de México, hasta que: “todos los presos queden en libertad”. Nadie puede en estos momentos, vaticinar nada en relación con este asunto; porque Marcos en su campaña nacional, no está aquí únicamente por el problema suscitado en el Edomex. Lo está también, por las próximas elecciones del 2 de julio. Ha condenado los hechos, pero no ha hecho ningún llamado a la revolución.
Historiadores, investigadores y estudiosos de la historia de México y sus movimientos sociales, afirman que ningún hecho de esta naturaleza, está descontinuado: desde la independencia del país del dominio español; los ajustes de los gobiernos liberales con Juárez a la cabeza; y, más tarde las revoluciones (la Revolución Mexicana, no fue una, fueron varias) armadas y las protestas, marchas y otras formas de protesta masiva, son considerados como hechos concatenados, irremediables, “mientras el pueblo mexicano, no alcance la justicia social”.
Y, bueno, parece haber esa intención: en el caso que nos ocupa, el gobernador del Edomex, Enrique Peña Nieto, no intervino para calmar los ánimos en Atenco; menos para buscar soluciones: lo hizo para echar más leña al fuego, pues no de otro modo se explica que en vez de convocar a pláticas y negociaciones, se haya reducido a enviar su fuerza antimotines.
Pero, inclusive los medios informativos, no se concretaron a informar objetivamente, dentro de las posibilidades de la objetividad, nada fácil. Hicieron, repetimos; en particular la televisión y, concretamente Televisa, para presentar a los atenquenses como “rebeldes” “revolucionarios”; intransigentes, violentos y levantiscos. Esos medios fueron los que intentaron ligar los hechos con la presencia en la ciudad de México, del subcomandante Marcos.
Ingobernabilidad: y, desgobierno.
Este es un asunto, independientemente de otras consideraciones histórico-sociales, producto de la insensibilidad, la ceguera y la ineptitud de análisis del gobierno, sus grupos dominantes; sus consejeros empresariales; la ultraderecha de El Ynque; y, desde luego, por esa inclinación que a lo largo de cinco años y medio, ha mostrado el desgobierno de Vicente Fox Quesada, hacia el autismo.
Los gobernantes: Fox y Peña y sus “consejeros” y estrategas no fueron capaces de evitar el conflicto, mediante la negociación –lo que robustece la idea de “la tardía venganza de Fox” por lo del aeropuerto- y la concertación. Todo lo contrario: lo llevaron y, ¿Quién sabe por cuanto tiempo?, a terrenos pantanosos; a la injustificada violencia y, terminaron, por vulnerar profundamente la institucionalidad nacional. Lástima: no es tiempo para hacer fogatas en la seca pradera.
