Proyecto Integral de Comunicación Alternativa
Proyecto Integral de Comunicación Alternativa
Medios Públicos
Prensa Escrita
Diario Capitalino
Por: Eduardo Maldonado Gutiérrez
Introducción.
Durante los últimos años y debido al predominio de la televisión, la prensa escrita ha venido a menos. Acaparadores de los recursos destinados a la publicidad gubernamental y partidaria, los medios electrónicos (que incluyen a la radio) como mass media han adquirido un gran poder. Durante los años que lleva el neoliberalismo en nuestro país se ha ido gestando este poder mediático-político dada la connivencia con grupos gobernantes. Tenemos casos a nivel mundial que ejemplifican hasta donde puede llegar el poder de los medios electrónicos, principalmente la televisión; uno de los más conocidos, y, por mencionar alguno, es el de Italia. Silvio Berlusconi y su imperio mediático que ha servido para llevarlo al poder e influir en la política de su país.
Sin los grandes recursos económicos e influencia para oponerse a tan desmedido poder, la prensa escrita ha tenido que refugiarse muchas veces en el análisis y las notas exclusivas. Los reporteros han tenido que agudizar sus sentidos para evitar que sus notas sean un reflejo de lo que maneja la radio o la televisión, poner más cuidado en la información para que sus notas sean más completas. No obstante, la prensa escrita no ha muerto de inanición, todos los días sale a la luz un nuevo periódico o revista; de variadas tendencias ideológicas tienen un público cautivo y fiel que sigue leyendo porque les gusta determinado columnista, analista o cuando menos los gráficos que incluyen la sección de espectáculos y deportiva.
Un medio escrito alternativo a los medios existentes, y con los contenidos necesarios para informar y orientar a una megalópolis de 25 millones de habitantes (y en todo caso al país entero) se hace necesario ya que la prensa escrita de nuestra ciudad y del país también está en manos de la iniciativa privada; son empresas cuya filosofía principal es la ganancia, el lucro pasando por encima del interés de la sociedad. Un medio escrito, cuya característica sea reflejar las inquietudes y necesidades de la sociedad, que sea un consenso verdadero de la opinión pública debe ser una de tantas metas a conseguir de un Estado verdaderamente democrático.
Medios Públicos.
Conocemos el poder de los medios –sobre todo los electrónicos-, de su gran penetración y de la eficacia con que llegan a millones de individuos. Sabemos que han establecido toda una “cultura” y, una ideología mediática. Son, el cristal a través del cual millones de seres en este sufrido país ven deformada la realidad, que analizan a través de toda una forma inducida de pensar, a golpe de repetición, de valores más que abaratados. De una manera zafia, estúpida, vulgar, mediocre y sin ningún ingenio, hacen el día de millones. Estos medios se han adueñado de mente de la mayoría de un pueblo que como zombis aceptan todo lo que les da, semi digerido y oliendo a deshecho, escatológico. Mal andan los políticos y la política al dejarse seducir por estos poderes que abaratan también la comunicación política con el pueblo.
Al mismo tiempo que esto sucede, la empresa Televisa se ha ido convirtiendo paulatinamente en uno de los grupos de presión que más ha contribuido a facilitar la penetración ideológica norteamericana, la incitación al consumismo, la manipulación y deformación de los acontecimientos sociales y políticos y la creación de estereotipos culturales ramplones y vulgares.
Por eso, ante la escasez de recursos de la sociedad civil, le corresponde al Estado patrocinar la mayoría de los grandes proyectos culturales, entre estos los medios públicos. El patrocinio estatal no equivale a intromisión en las organizaciones independientes, o pretensión alguna de arte oficial. La batalla por la libertad de expresión intelectual y artística se ganó hace décadas, y el proceso es irreversible. Pero hace falta que el Estado consolide este proceso con la eliminación total de la censura, y con programas que incluyan, en primer término, la defensa de la lectura a través de una política de auspicio de la industria editorial, y de la vigorización y ampliación constante del sistema de verdaderas bibliotecas.
Los concesionarios del monopolio televisivo, se han convertido en entidades prepotentes que diseñan los hechos de acuerdo a sus intereses, en obsequio de una mal entendida y abusada libertad de expresión. La libertad de expresión en la TV, espada de una punta, ha sido desenvainada siempre en contra del Estado mexicano, deteniendo reformas, ajustando borradores de reglamentos, amenazando funcionarios.
El problema que representan empresas como Televisa y TV Azteca tiene básicamente una fuente: la falta de voluntad política de los gobiernos por recuperar para sí la hegemonía social, económica y cultural que los medios privados parecen haber capitalizado hasta llegar al grado de sentirse los verdaderos dueños de la conciencia colectiva.
Ante la impotencia jurídica del Estado el monopolio televisivo privado ha capitalizado políticamente una función rectora en materia de información que ni con mucho le corresponde. Y lo que es más grave aún: con la colaboración, en diversas ocasiones, tácticas o expresamente, del propio aparato gobernante.
La solución no radica en privatizar o burocratizar los medios, sino en socializarlos. Socializarlos, implica que su funcionamiento no sea en atención a las directrices de tal o cual Secretaría o compañía embotelladora, sino de acuerdo a las necesidades sociales, según lo propuesto por especialistas que no tengan más compromiso que el de su propio trabajo.
En este sentido, se hace necesaria una revisión a fondo del estatuto jurídico que protege a los concesionarios y, porqué no, considerar la posibilidad de que alguno de los organismos públicos relacionados directamente con la actividad de la televisión y la radio, funja como órgano de vigilancia facultado para imponer sanciones y no, como se contempla ahora, que esta facultad esté parcelada entre diversas entidades.
Un medio de comunicación es un órgano destinado a la información pública; es decir que se convierte en la parte encargada de difundir la información de los hechos que acontecen en la comunidad. La política puede ser definida como el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados. Y tratando de establecer una definición personal, veríamos a la política como la búsqueda del bien común, encontrando en la voluntad y el respeto, los espacios para crear convergencias y acuerdos que ayuden a materializar los beneficios para la totalidad de la población.
La relación política-comunicación.
Los medios de comunicación social día a día ejercen un poder en el quehacer no solamente político, sino económico y social; juegan sin lugar a dudas el rol de intermediarios y transmisores de la realidad que se vive en el país. Algunos críticos, especialistas y analistas han querido ver a los medios de comunicación como el cuarto poder gubernamental, debido a la penetración que tienen en todo el entramado social; sin embargo esta visión se hace debido a los vacíos de poder que son dejados por alguna instancia del Estado y que no son cubiertos por otra, es aquí donde los medios ocupan ese espacio y lo ejercen en su beneficio y de acuerdo a sus propias necesidades. Pero para que los medios hayan obtenido tanta influencia, se requirieron de muchas circunstancias, enumeraremos algunas de ellas:
a) La implantación del sistema capitalista y el Estado neoliberal como modos de producción. Estos modelos políticos y económicos están basados en la libertad del mercado, la producción generalizada de mercancías y su comercialización, así como la generación de ganancias. Los medios en buena medida han coadyuvado, han sido cómplices y beneficiarios de este tipo de políticas económicas implementadas, alimentando un fenómeno social llamado consumismo y creando modelos o estereotipos a seguir, logrando así una gran aceptación y captación de los agentes sociales.
b) La imposibilidad de la política para atender y dar solución a las exigencias sociales. Es decir la sobrecarga de expectativas y exigencias a que se ve sometido el poder estatal por parte de la sociedad, y en consecuencia, la incapacidad del Estado de responder a éstas, provoca que actores como los medios de comunicación ejerzan esos vacíos de poder, al no llegar el Estado a satisfacer todas las necesidades de la sociedad demanda.
c) La sustitución del ofrecimiento de ideas, planes y programas de gobierno, por el llamado marketing político. En los últimos años hemos sido víctimas del poder de los medios, y los políticos se dejan llevar por él, ya que es mucho más fácil aparecer en un spot publicitario que crear verdaderos esquemas gubernamentales y proyectos de Estado que mejoren las condiciones sociales y económicas de la sociedad en una región determinada.
d) El uso de los medios de comunicación como aparato ideológico del Estado. El propio Estado para ejercer su política de comunicación social ha hecho uso de los medios y les ha dado poder de manipulación, esta herramienta ha sido usada por los políticos para seguir manteniendo el control estatal.
Opinión pública, ¿para qué?
Algunas de las principales reglas de la lucha por el poder recaen en entender y aplicar qué es la opinión pública; cómo se forma la opinión de la mayoría que habrá de llevar al poder a los grupos y sectores que aspiran a ostentarlo; cómo cambiar esta opinión; cómo usar los medios masivos de comunicación y cómo ya conquistado el poder, instrumentar y aplicar estrategias y tácticas de comunicación política para mantenerlo, en un marco estrictamente democrático. Comprendida como el conjunto de opiniones de los miembros de la sociedad sobre un fenómeno cualquiera, la opinión pública es la contestación o respuesta de las personas, ésta se puede dar como aprobación, desaprobación o indiferencia a los problemas políticos, sociales y económicos de un país.
Dicho en palabras de Sartori, opinión pública, es un “público o multiplicidad de públicos cuyos difusos estados de opinión se relacionan con las corrientes de información referentes al estado de la república”
Los canales y elementos que forman la opinión pública son muy diversos; pero podemos establecer que intervienen de manera importante los siguientes factores:
1. Hecho. Los hechos en sí mismos no constituyen opinión pública; ya que de ellos, según Karl Popper: “no se pueden deducir argumentos lógicos ni conciencia social, ni mucho menos conciencia colectiva, sino que se necesita de la información e interpretación de estos hechos”
2. Información. Es la descripción de un hecho que es interpretado en sus vertientes política, social y económica, y se hace llegar a la totalidad del entramado social principalmente a través de los medios masivos de comunicación.
3. Recepción. Es el canal por medio del cual es recibida la información, de este canal dependerá el grado de credibilidad y veracidad de la información.
4. Interpretación. Es el punto de vista que se otorga de los hechos y de la información.
Ahora bien, para que la opinión pública afecte las decisiones deberá abrirse paso entre el sistema político y llegar a la clase que ostenta el poder, con los siguientes objetivos: a) suspender o iniciar la discusión de las problemáticas actuales; b) influir en las decisiones; c) influir en la acción y participación; d) inducir en la clase en el poder que adopte ciertas políticas. Es aquí donde los medios de comunicación desempeñan un rol preponderante, ya que ayudan a controlar el flujo de información propiciando alteraciones en la cantidad e intensidad de la participación y en la formación de opiniones, actitudes y sentimientos.
Podríamos considerar que todo acto de comunicación busca la conquista de poder, pretende producir un comportamiento determinado o ganar adeptos a una causa, cualquiera que esta sea; buscando garantizar la persistencia y el equilibrio del sistema político. El fin de todos aquellos que detentan el poder es conservarlo por un tiempo indeterminado, evitando a toda costa que este tiempo llegue a su fin.
Productos y no políticos.
Los medios influyen de manera decisiva y máxima en el electorado, intervienen en el ánimo, las preferencias y la intención del voto.
No hay mayor diferencia entre la democracia y el mercado. Los consumidores (ciudadanos) compran (votan por) productos (líderes). De esta manera se construye un modelo de democracia que se ha llamado “elitismo competitivo”.Con mayor continuidad somos espectadores en los medios de un sin fin de spots o comerciales políticos sin fondo, ni mensaje; cuentan por el contrario con una presentación llamativa y espectacular; en tiempo de elecciones la enorme mayoría de los candidatos se vuelven productos y lo peor es que son de baja calidad.
El marketing político es la combinación metodológica entre las campañas publicitarias y las campañas políticas. Por marketing debe de entenderse el arte de la persuasión, tiene como objetivos ganar adeptos para quien ostenta o pretende estar en el poder y restarle imagen y fuerza al adversario. Para el marketing político el conflicto del poder se reduce a la cuestión de su conquista y mantenimiento por medio de la manipulación de la opinión, teniendo como primera y única máxima la victoria. Aquí cobraría lugar la tristemente célebre frase del gran Nicolás Maquiavelo “el fin justifica los medios”.
El marketing no se preocupa por quien será destruido, más bien le ocupa quién será el encumbrado con sus maniobras. El marketing percibe a la sociedad en términos de mercado, y entiende que, si todo es relativo, pueden defenderse estereotipos, aquellas estrategias, estos candidatos o aquellas ideologías. Llevado a la actividad política, supondrá la percepción del electorado como un mercado en el que compite por la captación de un recurso finito, el voto, competencia a cuyos servicios se pone toda la estética que permiten las modernas tecnologías al servicio de la comunicación social.
No importando la veracidad o la credibilidad de la información lo que al marketing le compete es persuadir y convencer, asegurar el triunfo. La finalidad del marketing es la seducción para ganar, para vencer. Lo que ha pasado a denominarse el marketing político, es decir, traducir las técnicas de venta publicitaria de productos al contexto político. En suma, la idea es: ¿puede venderse un hombre político como se vende un detergente?...Y la respuesta es, con todos los pronunciamientos que se quieran, afirmativa.
Esto es lamentable y denigrante para la actividad política, deja de lado la esencia misma de ella, el producir líderes sociales; los medios y la política los han mutado convirtiéndolos en líderes comerciales o mercadológicos. El problema en el horizonte del tercer milenio es, en efecto, que las nuevas prácticas del marketing socio-político no viven ya sólo en los períodos calientes de los enfrentamientos entre candidatos, sino que se han convertido en un elemento que estructura la vida diaria de todo habitante de la ciudad. En efecto, el marketing llegó para quedarse, se ha apostado en la conciencia colectiva y forma parte ya del desarrollo diario de los medios, se ha vuelto un muy buen socio de ellos ya que pretenden lo mismo; vender, vender, vender.
Revolución tecnológica.
Los constantes adelantos, desarrollos e innovaciones científicas y tecnológicas han beneficiado de una forma muy importante al renglón de las comunicaciones, día a día se realiza algún progreso en esta área, que le permite estar evolucionando al igual que la convivencia social.
El paso del bulbo al transistor aumentó a tal punto la capacidad de las sociedades para desplazar grandes volúmenes de información haciendo su tejido aún más cerrado y portando cambios en todos los órdenes de la vida… la tecnología de información viene a transformar radicalmente la economía, la cultura, la estructura social y la organización política de las sociedades… estas nuevas tecnologías perfeccionan los instrumentos de planificación y control social. Los instrumentos y herramientas más novedosos nos permiten una mejor y más precisa información, que en el terreno de la política puede contar con un gran valor, ya que la ventaja en el conocimiento de los acontecimientos puede redundar en una decisión más rápida y efectiva.
La revolución informativa se vuelve un reto ante las instituciones y los valores que se encuentran plenamente establecidos, redefiniendo la agenda del discurso político. La difusión de las acciones gubernamentales deberá partir de la premisa que la legitimidad se produce mediante la fundamentación sociocomunicacional de los proyectos de acción y la explicación que se dé de los beneficios que aquellos produjeron. Los medios de comunicación se convierten en la herramienta principal que; primero conducen y orientan la opinión pública y después, organizan y mantienen a la sociedad en los márgenes necesarios para su funcionamiento.
El medio superior.
La televisión es sin duda alguna el medio con más fuerza que existe actualmente; su influencia se vuelve inmensa en todos los aspectos de la sociedad. Nadie, sin embargo, parece dudar del importante papel que desempeñan los medios de comunicación y, especialmente la televisión en la creación de estados de opinión… La participación de los medios en política y de los políticos en los medios de forma habitual, está configurando una nueva cultura política.
Este medio ha sido transformado en agencia social para llevar a cabo los proyectos políticos de la actualidad, teniendo como premisa el amplio cuerpo social que es receptor de los mensajes de la televisión. Actualmente en nuestro país como en la inmensa mayoría de naciones, una campaña u operación política es considerada inconcebible, desorganizada, carente de fuerza y al borde del fracaso sin la cobertura de un medio tan importante como la televisión.
La televisión es en una parte un instrumento técnico y en otra, un proceso social. Para conceptualizar la importancia de este medio basta revisar el tamaño de las audiencias que lo atienden; y siguiendo esta forma de clasificación el medio que se encuentra por debajo de la televisión es la radio, y en un tercer puesto el periódico. Sin embargo, la ironía se presenta en que la veracidad, la objetividad y la crudeza de los comentarios con regularidad se hacen a la inversa, teniendo siempre al periódico y a la radio por encima de la televisión en cuanto a un análisis más claro de los hechos. La televisión por ser el medio más atendido tiene la obligación de ejercer una influencia más responsable y enriquecedora.
Degeneración política.
Existe en la actualidad una clara pérdida de la confianza en la política, en la gran mayoría de sus actores y en las instituciones públicas; debido a que la demanda social ha sobrepasado la capacidad que tiene el sistema político para resolverla, dar respuestas concretas y tomar decisiones acertadas.
La corrupción y la impunidad son vicios que dañan y corroen las entrañas del sistema político mexicano, imposibilitando la democratización total del mismo; estas acciones devalúan la vida y el actuar social y degradan a las instituciones, la sociedad debe de observar claramente el funcionamiento de los servidores públicos, criticar sus actividades y en caso de ser ilícitas denunciarlas; la transparencia y la rendición cabal de cuentas son armas poderosas para abatir este tipo de prácticas, ya que sólo con la observación permanente puede un funcionario público evitar caer en dichas irregularidades.
Ejemplificando la pérdida de valores y de la propia ética profesional, hemos sido víctimas de la degeneración y la pérdida de toda moral en la clase política, recordemos tan sólo un tiempo atrás cuando en red nacional se nos mostraron unos videos, en donde personajes activos de la vida política dejaban de lado el respeto, el compromiso y la obligación de cumplir de manera eficaz y transparente a la sociedad; cambiando todo esto por un beneficio económico. Se titularon estos videos como video escándalos, porque fueron cometidos por personas de distinta vertiente ideológica y posición política.
Pareciera que la famosa alternancia, no ha servido como instrumento para crear un rendimiento claro y sin desvíos de funciones. Hoy por hoy nos encontramos inmersos en el juego de la política, la lucha es de poder por el propio poder, no importando dejar de lado principios y normas de la conducta política e ideológica. Podríamos mencionar al igual los casos Pemexgate y Amigos de Fox, ejemplos ambos de la búsqueda de poder sin importar la violación flagrante a las leyes y los procesos. Es obligación urgente de la clase política reivindicar su actividad, y se convierte en derecho de la sociedad el contar con una política transparente, propositiva y de vanguardia.
En la relación ética-política debe existir un equilibrio entre la búsqueda y consolidación del poder político en detrimento de la moral y la reducción de la política a la moral en detrimento de la acción política, deben los políticos encontrar ese “justo medio” sin afectar política ni ética, optando por acoplar las dos en beneficio de la sociedad.
Política y beneficios.
Los políticos al ejercer la política, deben de atender al interés colectivo, de masas; dejando de lado intereses personales, de grupúsculos o sectoriales. El Estado en su conjunto se merece hombres de Estado, personas, mujeres y hombres que antepongan por encima de todo los beneficios de su comunidad.
En el panorama actual vemos con mucha tristeza, con gran desesperación y desagrado, la falta de acuerdos entre los distintos órganos de gobierno y las fuerzas políticas; existen preocupaciones de las dichas fuerzas que no corresponden en absoluto al bienestar social. Es aquí donde los medios disponen de un carácter primordial, al criticar y exponer las fallas que está teniendo la política, al desviarse de los temas de interés general. Los acuerdos, los consensos, las convergencias se dan en cualquier Estado y sistema gobernante ya que son necesarios para su correcto funcionamiento y el desarrollo social.
La legitimidad ya no puede ser un producto de la ideología; ahora es producida con el sustento que la comunicación social hace de los proyectos de acción y trabajo, y de la interpretación de los triunfos y logros sociales. Mediante el discurso, la clase ostentadora del poder ofrece a lo sociedad un plan a largo plazo: también los medios para hacerlo efectivo justificándolo en una imagen del futuro en función de la cual se lleva a cabo el esfuerzo del presente y tomando bases del pasado. La política queda limitada, tan sólo a la conciliación de intereses antagónicos por la vía pacífica y al proceso de la obtención de consensos mediante el discurso, para atraer a los agentes sociales y lograr la lealtad de masas que permita dar cauce a cualquier programa o proyecto.
Medios responsables.
Los medios de comunicación como se mencionó en líneas anteriores cuentan con una importante responsabilidad por su acceso generalizado a todos los integrantes de la sociedad. Sin embargo los medios también han sucumbido ante las prácticas viciadas del poder, y obviamente al formar parte del sistema capitalista privilegian las ganancias en deterioro de las prácticas de ética profesional. Al respecto, Duverger afirma: “los medios de información son libres ante el estado, pero no ante el dinero”.
En el plano internacional, fuimos observadores de la voracidad del capitalismo por parte de los medios es especial los estadounidenses, quienes televisaron en vivo y antes que nadie las guerras de Afganistán e Irak, mostrándolas al mundo occidental como un espectáculo de luz y sonido; nada más alejado de la realidad, tratan de separarnos de cualquier sentimiento humano y de respeto a la vida anteponiendo las ganancias o rentabilidad económica a la dignidad humana. Y esto claramente fue un acuerdo con el gobierno norteamericano para crear una falsa idea de la guerra en la sociedad estadounidense y en general del mundo occidental.
Aterrizando en el terreno nacional podemos hablar de una perversión de los medios porque muchas veces dejan de lado una de sus principales premisas; la objetividad, con el único fin de atacar y destruir a un adversario, quien la mayoría de las veces es político. Esto debe de cambiar en favor de la sociedad, al tener los medios como máxima obligación la veracidad de los hechos. Debemos resaltar que no hay cultura democrática contemporánea sin influencia, a veces definitiva, de los medios de comunicación; que los medios tamizan, reflejan, distorsionan, reproducen o definen, según sea el caso, las formas en que los ciudadanos perciben, comparten, rechazan o toleran el ejercicio del poder y la práctica política; que los medios son espacios del quehacer político; que no hay política moderna sin comunicación social y que las elecciones son cada vez más competitivas. La democracia mexicana en construcción, está cambiando por efecto de los medios y ahora vive como uno de los factores básicos del futuro político.
El poder de los medios de comunicación es un hecho propio de la vida moderna. Si vamos a vivir en democracia vamos a necesitar de unos medios cada vez más libres y cada vez más influyentes. Necesitamos su libertad y su influencia, pero también necesitamos del compromiso explícito y actuante, que los medios se sientan un elemento de la democracia mexicana, una de sus instituciones y, como tal, sujeta a reglas y valores.
Nuevas relaciones.
Las relaciones entre la política y los medios han cambiado y se han transformado con el transcurrir del tiempo. Décadas atrás los medios de comunicación social se encontraban supeditados ante el control del poder político, eran temerosos a alguna represalia del sistema o de alguno de sus detentadores. Ahora las reglas se han invertido, los políticos están expuestos ante la mirada de la opinión pública y son ellos quienes buscan acaparar la mayor cantidad de espacios en los medios, buscan los reflectores, cosa que antes despreciaban.
Hacer el repaso de la vieja política, hoy menguante, sería ocioso, porque no hay nadie que ignore sus disfunciones y su patético anacronismo. Los viejos problemas que todavía no superamos los mexicanos, y los nuevos problemas que nos han caído en aluvión, reclaman una nueva política que ya está en marcha, aunque haya oídos que no escuchen el trote. La nueva política no es sólo obra de un hombre, quien sólo puede ser su conductor. Una nueva política es quehacer colectivo y no obra heroica. Los medios de comunicación social tienen como fin informar, así como inculcar a los individuos los valores, creencias y códigos de conducta que les harán integrarse en las estructuras institucionales de la sociedad.
Debemos desarrollar ideas sobre el papel que los medios juegan en las sociedades democráticas, ubicar sus aportes en la consolidación de instituciones y prácticas democráticas, así como en la formación de una cultura política ciudadana más participativa y deliberativa. Al mismo tiempo, debemos analizar los obstáculos y dificultades que existen en la relación entre medios y política.
Es nuestro deber alentar la búsqueda de propuestas que permitan un empleo de los medios donde se asuman y defiendan los valores básicos de la práctica democrática, como el piso común indispensable para la construcción de un sistema democrático. Estamos seguros que en ese propósito existe plena coincidencia entre los partidos políticos, los especialistas y los representantes de los medios.
El protagonismo de los medios masivos y el ensanchamiento de las clases medias, exponen a la política que cada día es menos secreta. Ni las decisiones concretas, ni las políticas generales, ni los hombres del poder pueden quedar sustraídos porque las democracias están hoy más informadas y, por ende, son más críticas. Quienes no aprecian que los escenarios de los políticos ya no son sólo los recintos oficiales, caen en el traspiés o muestran que les falta el instinto de la contemporaneidad. Ahora bien es necesario sin duda, establecer reglas claras en cuanto a la injerencia y participación de los medios en el quehacer público; hoy más que nunca se vuelve inaplazable una Reforma del Estado que incluya un apartado que regule las funciones y relaciones de los medios de comunicación.
Retos actuales.
Los medios tienen en la libertad de expresión a su arma más importante, actualmente se ejerce sin temor a ninguna represalia, esta garantía había sido el valuarte más preciado y exigido por ellos. Los medios tienen un papel insustituible, ya que la democracia es el régimen explícitamente fundado en las opiniones, la confrontación y coexistencia de las mismas. La formación de eso que llamamos opinión pública depende en gran medida del trabajo de los medios. Los conflictos son la realidad ordinaria de la sociedad y el Estado democráticos, y a ellos la democracia les ofrece un cauce institucional para desarrollarse. Precisamente por eso tiene tanta importancia el lenguaje que los comprende, y los enmarca. Y ese lenguaje depende en gran medida de los profesionales de los medios de comunicación.
Aún hay mucho que hacer en lo que se refiere a los contenidos de los mensajes políticos, pues apelan a la subjetividad y a los sentimientos de la ciudadanía en lugar de a su racionalidad y capacidad deliberativa. El escándalo y la estridencia encuentra seguidores ávidos, pero siempre escépticos y desinformados, lo cual está lejos de contribuir a fortalecer la cultura participativa de la sociedad. Si los medios difunden, premian, multiplican la ofensa, la ofensa se sentirá con incentivos; si premian el razonamiento y el argumento fundado, emergerá un tipo de debate diferente, una calidad democrática distinta; creo que la que necesitamos hoy más que nunca. Como en otras zonas de la vida pública, en los medios de comunicación se exhibe un cambio espectacular, protagonizan una verdadera apertura en la que circulan todas las posiciones, todos los argumentos y ya se han convertido, de hecho, en la respiración misma de la vida pública.
Este renovado papel exige también nuevas responsabilidades, como atinadamente expresa Adam Michnick "en la consolidación de las democracias los medios libres tienen dos grandes enemigos: uno es la supremacía de la ideología o del partidismo sobre la honestidad de la información; el otro gran enemigo es la ceguera, porque ofrece y difunde la visión de un mundo trivial, un mundo que no requiere estudio, análisis e investigación".
La democracia pierde cuando los medios renuncian a su deber de describir, de educar y de explicar. Los medios y los partidos tienen que mostrar y difundir que la democracia tiene sentido más allá del voto, que su mutua interacción está creando nuevas realidades y percepciones. La refutación de las opiniones ajenas es más que legítima y permitida en el México contemporáneo, pero la democracia para subsistir tiene que ser espacio también La transición democrática de México, ha impreso ya una huella profunda en la vida pública, ha modificado expectativas, ha determinado nuevas imágenes de nuestra historia, ha creado cadenas de aprendizaje distintas y ha redefinido tomas de posición frente al futuro.
Medios de comunicación libre, sin cortapisas, y partidos políticos nacionales fuertes y arraigados, son dos elementos novedosos del tránsito político mexicano; son realidades que nos hacían falta para construir una vida democrática duradera. México hoy reclama medios de comunicación con sentido social y plena autonomía y una política que rescate sus valores éticos y principios morales, que privilegie la colectividad, los acuerdos y el desarrollo de todos los campos del quehacer humano.
Medios Públicos
Prensa Escrita
Diario Capitalino
Por: Eduardo Maldonado Gutiérrez
Introducción.
Durante los últimos años y debido al predominio de la televisión, la prensa escrita ha venido a menos. Acaparadores de los recursos destinados a la publicidad gubernamental y partidaria, los medios electrónicos (que incluyen a la radio) como mass media han adquirido un gran poder. Durante los años que lleva el neoliberalismo en nuestro país se ha ido gestando este poder mediático-político dada la connivencia con grupos gobernantes. Tenemos casos a nivel mundial que ejemplifican hasta donde puede llegar el poder de los medios electrónicos, principalmente la televisión; uno de los más conocidos, y, por mencionar alguno, es el de Italia. Silvio Berlusconi y su imperio mediático que ha servido para llevarlo al poder e influir en la política de su país.
Sin los grandes recursos económicos e influencia para oponerse a tan desmedido poder, la prensa escrita ha tenido que refugiarse muchas veces en el análisis y las notas exclusivas. Los reporteros han tenido que agudizar sus sentidos para evitar que sus notas sean un reflejo de lo que maneja la radio o la televisión, poner más cuidado en la información para que sus notas sean más completas. No obstante, la prensa escrita no ha muerto de inanición, todos los días sale a la luz un nuevo periódico o revista; de variadas tendencias ideológicas tienen un público cautivo y fiel que sigue leyendo porque les gusta determinado columnista, analista o cuando menos los gráficos que incluyen la sección de espectáculos y deportiva.
Un medio escrito alternativo a los medios existentes, y con los contenidos necesarios para informar y orientar a una megalópolis de 25 millones de habitantes (y en todo caso al país entero) se hace necesario ya que la prensa escrita de nuestra ciudad y del país también está en manos de la iniciativa privada; son empresas cuya filosofía principal es la ganancia, el lucro pasando por encima del interés de la sociedad. Un medio escrito, cuya característica sea reflejar las inquietudes y necesidades de la sociedad, que sea un consenso verdadero de la opinión pública debe ser una de tantas metas a conseguir de un Estado verdaderamente democrático.
Medios Públicos.
Conocemos el poder de los medios –sobre todo los electrónicos-, de su gran penetración y de la eficacia con que llegan a millones de individuos. Sabemos que han establecido toda una “cultura” y, una ideología mediática. Son, el cristal a través del cual millones de seres en este sufrido país ven deformada la realidad, que analizan a través de toda una forma inducida de pensar, a golpe de repetición, de valores más que abaratados. De una manera zafia, estúpida, vulgar, mediocre y sin ningún ingenio, hacen el día de millones. Estos medios se han adueñado de mente de la mayoría de un pueblo que como zombis aceptan todo lo que les da, semi digerido y oliendo a deshecho, escatológico. Mal andan los políticos y la política al dejarse seducir por estos poderes que abaratan también la comunicación política con el pueblo.
Al mismo tiempo que esto sucede, la empresa Televisa se ha ido convirtiendo paulatinamente en uno de los grupos de presión que más ha contribuido a facilitar la penetración ideológica norteamericana, la incitación al consumismo, la manipulación y deformación de los acontecimientos sociales y políticos y la creación de estereotipos culturales ramplones y vulgares.
Por eso, ante la escasez de recursos de la sociedad civil, le corresponde al Estado patrocinar la mayoría de los grandes proyectos culturales, entre estos los medios públicos. El patrocinio estatal no equivale a intromisión en las organizaciones independientes, o pretensión alguna de arte oficial. La batalla por la libertad de expresión intelectual y artística se ganó hace décadas, y el proceso es irreversible. Pero hace falta que el Estado consolide este proceso con la eliminación total de la censura, y con programas que incluyan, en primer término, la defensa de la lectura a través de una política de auspicio de la industria editorial, y de la vigorización y ampliación constante del sistema de verdaderas bibliotecas.
Los concesionarios del monopolio televisivo, se han convertido en entidades prepotentes que diseñan los hechos de acuerdo a sus intereses, en obsequio de una mal entendida y abusada libertad de expresión. La libertad de expresión en la TV, espada de una punta, ha sido desenvainada siempre en contra del Estado mexicano, deteniendo reformas, ajustando borradores de reglamentos, amenazando funcionarios.
El problema que representan empresas como Televisa y TV Azteca tiene básicamente una fuente: la falta de voluntad política de los gobiernos por recuperar para sí la hegemonía social, económica y cultural que los medios privados parecen haber capitalizado hasta llegar al grado de sentirse los verdaderos dueños de la conciencia colectiva.
Ante la impotencia jurídica del Estado el monopolio televisivo privado ha capitalizado políticamente una función rectora en materia de información que ni con mucho le corresponde. Y lo que es más grave aún: con la colaboración, en diversas ocasiones, tácticas o expresamente, del propio aparato gobernante.
La solución no radica en privatizar o burocratizar los medios, sino en socializarlos. Socializarlos, implica que su funcionamiento no sea en atención a las directrices de tal o cual Secretaría o compañía embotelladora, sino de acuerdo a las necesidades sociales, según lo propuesto por especialistas que no tengan más compromiso que el de su propio trabajo.
En este sentido, se hace necesaria una revisión a fondo del estatuto jurídico que protege a los concesionarios y, porqué no, considerar la posibilidad de que alguno de los organismos públicos relacionados directamente con la actividad de la televisión y la radio, funja como órgano de vigilancia facultado para imponer sanciones y no, como se contempla ahora, que esta facultad esté parcelada entre diversas entidades.
Un medio de comunicación es un órgano destinado a la información pública; es decir que se convierte en la parte encargada de difundir la información de los hechos que acontecen en la comunidad. La política puede ser definida como el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados. Y tratando de establecer una definición personal, veríamos a la política como la búsqueda del bien común, encontrando en la voluntad y el respeto, los espacios para crear convergencias y acuerdos que ayuden a materializar los beneficios para la totalidad de la población.
La relación política-comunicación.
Los medios de comunicación social día a día ejercen un poder en el quehacer no solamente político, sino económico y social; juegan sin lugar a dudas el rol de intermediarios y transmisores de la realidad que se vive en el país. Algunos críticos, especialistas y analistas han querido ver a los medios de comunicación como el cuarto poder gubernamental, debido a la penetración que tienen en todo el entramado social; sin embargo esta visión se hace debido a los vacíos de poder que son dejados por alguna instancia del Estado y que no son cubiertos por otra, es aquí donde los medios ocupan ese espacio y lo ejercen en su beneficio y de acuerdo a sus propias necesidades. Pero para que los medios hayan obtenido tanta influencia, se requirieron de muchas circunstancias, enumeraremos algunas de ellas:
a) La implantación del sistema capitalista y el Estado neoliberal como modos de producción. Estos modelos políticos y económicos están basados en la libertad del mercado, la producción generalizada de mercancías y su comercialización, así como la generación de ganancias. Los medios en buena medida han coadyuvado, han sido cómplices y beneficiarios de este tipo de políticas económicas implementadas, alimentando un fenómeno social llamado consumismo y creando modelos o estereotipos a seguir, logrando así una gran aceptación y captación de los agentes sociales.
b) La imposibilidad de la política para atender y dar solución a las exigencias sociales. Es decir la sobrecarga de expectativas y exigencias a que se ve sometido el poder estatal por parte de la sociedad, y en consecuencia, la incapacidad del Estado de responder a éstas, provoca que actores como los medios de comunicación ejerzan esos vacíos de poder, al no llegar el Estado a satisfacer todas las necesidades de la sociedad demanda.
c) La sustitución del ofrecimiento de ideas, planes y programas de gobierno, por el llamado marketing político. En los últimos años hemos sido víctimas del poder de los medios, y los políticos se dejan llevar por él, ya que es mucho más fácil aparecer en un spot publicitario que crear verdaderos esquemas gubernamentales y proyectos de Estado que mejoren las condiciones sociales y económicas de la sociedad en una región determinada.
d) El uso de los medios de comunicación como aparato ideológico del Estado. El propio Estado para ejercer su política de comunicación social ha hecho uso de los medios y les ha dado poder de manipulación, esta herramienta ha sido usada por los políticos para seguir manteniendo el control estatal.
Opinión pública, ¿para qué?
Algunas de las principales reglas de la lucha por el poder recaen en entender y aplicar qué es la opinión pública; cómo se forma la opinión de la mayoría que habrá de llevar al poder a los grupos y sectores que aspiran a ostentarlo; cómo cambiar esta opinión; cómo usar los medios masivos de comunicación y cómo ya conquistado el poder, instrumentar y aplicar estrategias y tácticas de comunicación política para mantenerlo, en un marco estrictamente democrático. Comprendida como el conjunto de opiniones de los miembros de la sociedad sobre un fenómeno cualquiera, la opinión pública es la contestación o respuesta de las personas, ésta se puede dar como aprobación, desaprobación o indiferencia a los problemas políticos, sociales y económicos de un país.
Dicho en palabras de Sartori, opinión pública, es un “público o multiplicidad de públicos cuyos difusos estados de opinión se relacionan con las corrientes de información referentes al estado de la república”
Los canales y elementos que forman la opinión pública son muy diversos; pero podemos establecer que intervienen de manera importante los siguientes factores:
1. Hecho. Los hechos en sí mismos no constituyen opinión pública; ya que de ellos, según Karl Popper: “no se pueden deducir argumentos lógicos ni conciencia social, ni mucho menos conciencia colectiva, sino que se necesita de la información e interpretación de estos hechos”
2. Información. Es la descripción de un hecho que es interpretado en sus vertientes política, social y económica, y se hace llegar a la totalidad del entramado social principalmente a través de los medios masivos de comunicación.
3. Recepción. Es el canal por medio del cual es recibida la información, de este canal dependerá el grado de credibilidad y veracidad de la información.
4. Interpretación. Es el punto de vista que se otorga de los hechos y de la información.
Ahora bien, para que la opinión pública afecte las decisiones deberá abrirse paso entre el sistema político y llegar a la clase que ostenta el poder, con los siguientes objetivos: a) suspender o iniciar la discusión de las problemáticas actuales; b) influir en las decisiones; c) influir en la acción y participación; d) inducir en la clase en el poder que adopte ciertas políticas. Es aquí donde los medios de comunicación desempeñan un rol preponderante, ya que ayudan a controlar el flujo de información propiciando alteraciones en la cantidad e intensidad de la participación y en la formación de opiniones, actitudes y sentimientos.
Podríamos considerar que todo acto de comunicación busca la conquista de poder, pretende producir un comportamiento determinado o ganar adeptos a una causa, cualquiera que esta sea; buscando garantizar la persistencia y el equilibrio del sistema político. El fin de todos aquellos que detentan el poder es conservarlo por un tiempo indeterminado, evitando a toda costa que este tiempo llegue a su fin.
Productos y no políticos.
Los medios influyen de manera decisiva y máxima en el electorado, intervienen en el ánimo, las preferencias y la intención del voto.
No hay mayor diferencia entre la democracia y el mercado. Los consumidores (ciudadanos) compran (votan por) productos (líderes). De esta manera se construye un modelo de democracia que se ha llamado “elitismo competitivo”.Con mayor continuidad somos espectadores en los medios de un sin fin de spots o comerciales políticos sin fondo, ni mensaje; cuentan por el contrario con una presentación llamativa y espectacular; en tiempo de elecciones la enorme mayoría de los candidatos se vuelven productos y lo peor es que son de baja calidad.
El marketing político es la combinación metodológica entre las campañas publicitarias y las campañas políticas. Por marketing debe de entenderse el arte de la persuasión, tiene como objetivos ganar adeptos para quien ostenta o pretende estar en el poder y restarle imagen y fuerza al adversario. Para el marketing político el conflicto del poder se reduce a la cuestión de su conquista y mantenimiento por medio de la manipulación de la opinión, teniendo como primera y única máxima la victoria. Aquí cobraría lugar la tristemente célebre frase del gran Nicolás Maquiavelo “el fin justifica los medios”.
El marketing no se preocupa por quien será destruido, más bien le ocupa quién será el encumbrado con sus maniobras. El marketing percibe a la sociedad en términos de mercado, y entiende que, si todo es relativo, pueden defenderse estereotipos, aquellas estrategias, estos candidatos o aquellas ideologías. Llevado a la actividad política, supondrá la percepción del electorado como un mercado en el que compite por la captación de un recurso finito, el voto, competencia a cuyos servicios se pone toda la estética que permiten las modernas tecnologías al servicio de la comunicación social.
No importando la veracidad o la credibilidad de la información lo que al marketing le compete es persuadir y convencer, asegurar el triunfo. La finalidad del marketing es la seducción para ganar, para vencer. Lo que ha pasado a denominarse el marketing político, es decir, traducir las técnicas de venta publicitaria de productos al contexto político. En suma, la idea es: ¿puede venderse un hombre político como se vende un detergente?...Y la respuesta es, con todos los pronunciamientos que se quieran, afirmativa.
Esto es lamentable y denigrante para la actividad política, deja de lado la esencia misma de ella, el producir líderes sociales; los medios y la política los han mutado convirtiéndolos en líderes comerciales o mercadológicos. El problema en el horizonte del tercer milenio es, en efecto, que las nuevas prácticas del marketing socio-político no viven ya sólo en los períodos calientes de los enfrentamientos entre candidatos, sino que se han convertido en un elemento que estructura la vida diaria de todo habitante de la ciudad. En efecto, el marketing llegó para quedarse, se ha apostado en la conciencia colectiva y forma parte ya del desarrollo diario de los medios, se ha vuelto un muy buen socio de ellos ya que pretenden lo mismo; vender, vender, vender.
Revolución tecnológica.
Los constantes adelantos, desarrollos e innovaciones científicas y tecnológicas han beneficiado de una forma muy importante al renglón de las comunicaciones, día a día se realiza algún progreso en esta área, que le permite estar evolucionando al igual que la convivencia social.
El paso del bulbo al transistor aumentó a tal punto la capacidad de las sociedades para desplazar grandes volúmenes de información haciendo su tejido aún más cerrado y portando cambios en todos los órdenes de la vida… la tecnología de información viene a transformar radicalmente la economía, la cultura, la estructura social y la organización política de las sociedades… estas nuevas tecnologías perfeccionan los instrumentos de planificación y control social. Los instrumentos y herramientas más novedosos nos permiten una mejor y más precisa información, que en el terreno de la política puede contar con un gran valor, ya que la ventaja en el conocimiento de los acontecimientos puede redundar en una decisión más rápida y efectiva.
La revolución informativa se vuelve un reto ante las instituciones y los valores que se encuentran plenamente establecidos, redefiniendo la agenda del discurso político. La difusión de las acciones gubernamentales deberá partir de la premisa que la legitimidad se produce mediante la fundamentación sociocomunicacional de los proyectos de acción y la explicación que se dé de los beneficios que aquellos produjeron. Los medios de comunicación se convierten en la herramienta principal que; primero conducen y orientan la opinión pública y después, organizan y mantienen a la sociedad en los márgenes necesarios para su funcionamiento.
El medio superior.
La televisión es sin duda alguna el medio con más fuerza que existe actualmente; su influencia se vuelve inmensa en todos los aspectos de la sociedad. Nadie, sin embargo, parece dudar del importante papel que desempeñan los medios de comunicación y, especialmente la televisión en la creación de estados de opinión… La participación de los medios en política y de los políticos en los medios de forma habitual, está configurando una nueva cultura política.
Este medio ha sido transformado en agencia social para llevar a cabo los proyectos políticos de la actualidad, teniendo como premisa el amplio cuerpo social que es receptor de los mensajes de la televisión. Actualmente en nuestro país como en la inmensa mayoría de naciones, una campaña u operación política es considerada inconcebible, desorganizada, carente de fuerza y al borde del fracaso sin la cobertura de un medio tan importante como la televisión.
La televisión es en una parte un instrumento técnico y en otra, un proceso social. Para conceptualizar la importancia de este medio basta revisar el tamaño de las audiencias que lo atienden; y siguiendo esta forma de clasificación el medio que se encuentra por debajo de la televisión es la radio, y en un tercer puesto el periódico. Sin embargo, la ironía se presenta en que la veracidad, la objetividad y la crudeza de los comentarios con regularidad se hacen a la inversa, teniendo siempre al periódico y a la radio por encima de la televisión en cuanto a un análisis más claro de los hechos. La televisión por ser el medio más atendido tiene la obligación de ejercer una influencia más responsable y enriquecedora.
Degeneración política.
Existe en la actualidad una clara pérdida de la confianza en la política, en la gran mayoría de sus actores y en las instituciones públicas; debido a que la demanda social ha sobrepasado la capacidad que tiene el sistema político para resolverla, dar respuestas concretas y tomar decisiones acertadas.
La corrupción y la impunidad son vicios que dañan y corroen las entrañas del sistema político mexicano, imposibilitando la democratización total del mismo; estas acciones devalúan la vida y el actuar social y degradan a las instituciones, la sociedad debe de observar claramente el funcionamiento de los servidores públicos, criticar sus actividades y en caso de ser ilícitas denunciarlas; la transparencia y la rendición cabal de cuentas son armas poderosas para abatir este tipo de prácticas, ya que sólo con la observación permanente puede un funcionario público evitar caer en dichas irregularidades.
Ejemplificando la pérdida de valores y de la propia ética profesional, hemos sido víctimas de la degeneración y la pérdida de toda moral en la clase política, recordemos tan sólo un tiempo atrás cuando en red nacional se nos mostraron unos videos, en donde personajes activos de la vida política dejaban de lado el respeto, el compromiso y la obligación de cumplir de manera eficaz y transparente a la sociedad; cambiando todo esto por un beneficio económico. Se titularon estos videos como video escándalos, porque fueron cometidos por personas de distinta vertiente ideológica y posición política.
Pareciera que la famosa alternancia, no ha servido como instrumento para crear un rendimiento claro y sin desvíos de funciones. Hoy por hoy nos encontramos inmersos en el juego de la política, la lucha es de poder por el propio poder, no importando dejar de lado principios y normas de la conducta política e ideológica. Podríamos mencionar al igual los casos Pemexgate y Amigos de Fox, ejemplos ambos de la búsqueda de poder sin importar la violación flagrante a las leyes y los procesos. Es obligación urgente de la clase política reivindicar su actividad, y se convierte en derecho de la sociedad el contar con una política transparente, propositiva y de vanguardia.
En la relación ética-política debe existir un equilibrio entre la búsqueda y consolidación del poder político en detrimento de la moral y la reducción de la política a la moral en detrimento de la acción política, deben los políticos encontrar ese “justo medio” sin afectar política ni ética, optando por acoplar las dos en beneficio de la sociedad.
Política y beneficios.
Los políticos al ejercer la política, deben de atender al interés colectivo, de masas; dejando de lado intereses personales, de grupúsculos o sectoriales. El Estado en su conjunto se merece hombres de Estado, personas, mujeres y hombres que antepongan por encima de todo los beneficios de su comunidad.
En el panorama actual vemos con mucha tristeza, con gran desesperación y desagrado, la falta de acuerdos entre los distintos órganos de gobierno y las fuerzas políticas; existen preocupaciones de las dichas fuerzas que no corresponden en absoluto al bienestar social. Es aquí donde los medios disponen de un carácter primordial, al criticar y exponer las fallas que está teniendo la política, al desviarse de los temas de interés general. Los acuerdos, los consensos, las convergencias se dan en cualquier Estado y sistema gobernante ya que son necesarios para su correcto funcionamiento y el desarrollo social.
La legitimidad ya no puede ser un producto de la ideología; ahora es producida con el sustento que la comunicación social hace de los proyectos de acción y trabajo, y de la interpretación de los triunfos y logros sociales. Mediante el discurso, la clase ostentadora del poder ofrece a lo sociedad un plan a largo plazo: también los medios para hacerlo efectivo justificándolo en una imagen del futuro en función de la cual se lleva a cabo el esfuerzo del presente y tomando bases del pasado. La política queda limitada, tan sólo a la conciliación de intereses antagónicos por la vía pacífica y al proceso de la obtención de consensos mediante el discurso, para atraer a los agentes sociales y lograr la lealtad de masas que permita dar cauce a cualquier programa o proyecto.
Medios responsables.
Los medios de comunicación como se mencionó en líneas anteriores cuentan con una importante responsabilidad por su acceso generalizado a todos los integrantes de la sociedad. Sin embargo los medios también han sucumbido ante las prácticas viciadas del poder, y obviamente al formar parte del sistema capitalista privilegian las ganancias en deterioro de las prácticas de ética profesional. Al respecto, Duverger afirma: “los medios de información son libres ante el estado, pero no ante el dinero”.
En el plano internacional, fuimos observadores de la voracidad del capitalismo por parte de los medios es especial los estadounidenses, quienes televisaron en vivo y antes que nadie las guerras de Afganistán e Irak, mostrándolas al mundo occidental como un espectáculo de luz y sonido; nada más alejado de la realidad, tratan de separarnos de cualquier sentimiento humano y de respeto a la vida anteponiendo las ganancias o rentabilidad económica a la dignidad humana. Y esto claramente fue un acuerdo con el gobierno norteamericano para crear una falsa idea de la guerra en la sociedad estadounidense y en general del mundo occidental.
Aterrizando en el terreno nacional podemos hablar de una perversión de los medios porque muchas veces dejan de lado una de sus principales premisas; la objetividad, con el único fin de atacar y destruir a un adversario, quien la mayoría de las veces es político. Esto debe de cambiar en favor de la sociedad, al tener los medios como máxima obligación la veracidad de los hechos. Debemos resaltar que no hay cultura democrática contemporánea sin influencia, a veces definitiva, de los medios de comunicación; que los medios tamizan, reflejan, distorsionan, reproducen o definen, según sea el caso, las formas en que los ciudadanos perciben, comparten, rechazan o toleran el ejercicio del poder y la práctica política; que los medios son espacios del quehacer político; que no hay política moderna sin comunicación social y que las elecciones son cada vez más competitivas. La democracia mexicana en construcción, está cambiando por efecto de los medios y ahora vive como uno de los factores básicos del futuro político.
El poder de los medios de comunicación es un hecho propio de la vida moderna. Si vamos a vivir en democracia vamos a necesitar de unos medios cada vez más libres y cada vez más influyentes. Necesitamos su libertad y su influencia, pero también necesitamos del compromiso explícito y actuante, que los medios se sientan un elemento de la democracia mexicana, una de sus instituciones y, como tal, sujeta a reglas y valores.
Nuevas relaciones.
Las relaciones entre la política y los medios han cambiado y se han transformado con el transcurrir del tiempo. Décadas atrás los medios de comunicación social se encontraban supeditados ante el control del poder político, eran temerosos a alguna represalia del sistema o de alguno de sus detentadores. Ahora las reglas se han invertido, los políticos están expuestos ante la mirada de la opinión pública y son ellos quienes buscan acaparar la mayor cantidad de espacios en los medios, buscan los reflectores, cosa que antes despreciaban.
Hacer el repaso de la vieja política, hoy menguante, sería ocioso, porque no hay nadie que ignore sus disfunciones y su patético anacronismo. Los viejos problemas que todavía no superamos los mexicanos, y los nuevos problemas que nos han caído en aluvión, reclaman una nueva política que ya está en marcha, aunque haya oídos que no escuchen el trote. La nueva política no es sólo obra de un hombre, quien sólo puede ser su conductor. Una nueva política es quehacer colectivo y no obra heroica. Los medios de comunicación social tienen como fin informar, así como inculcar a los individuos los valores, creencias y códigos de conducta que les harán integrarse en las estructuras institucionales de la sociedad.
Debemos desarrollar ideas sobre el papel que los medios juegan en las sociedades democráticas, ubicar sus aportes en la consolidación de instituciones y prácticas democráticas, así como en la formación de una cultura política ciudadana más participativa y deliberativa. Al mismo tiempo, debemos analizar los obstáculos y dificultades que existen en la relación entre medios y política.
Es nuestro deber alentar la búsqueda de propuestas que permitan un empleo de los medios donde se asuman y defiendan los valores básicos de la práctica democrática, como el piso común indispensable para la construcción de un sistema democrático. Estamos seguros que en ese propósito existe plena coincidencia entre los partidos políticos, los especialistas y los representantes de los medios.
El protagonismo de los medios masivos y el ensanchamiento de las clases medias, exponen a la política que cada día es menos secreta. Ni las decisiones concretas, ni las políticas generales, ni los hombres del poder pueden quedar sustraídos porque las democracias están hoy más informadas y, por ende, son más críticas. Quienes no aprecian que los escenarios de los políticos ya no son sólo los recintos oficiales, caen en el traspiés o muestran que les falta el instinto de la contemporaneidad. Ahora bien es necesario sin duda, establecer reglas claras en cuanto a la injerencia y participación de los medios en el quehacer público; hoy más que nunca se vuelve inaplazable una Reforma del Estado que incluya un apartado que regule las funciones y relaciones de los medios de comunicación.
Retos actuales.
Los medios tienen en la libertad de expresión a su arma más importante, actualmente se ejerce sin temor a ninguna represalia, esta garantía había sido el valuarte más preciado y exigido por ellos. Los medios tienen un papel insustituible, ya que la democracia es el régimen explícitamente fundado en las opiniones, la confrontación y coexistencia de las mismas. La formación de eso que llamamos opinión pública depende en gran medida del trabajo de los medios. Los conflictos son la realidad ordinaria de la sociedad y el Estado democráticos, y a ellos la democracia les ofrece un cauce institucional para desarrollarse. Precisamente por eso tiene tanta importancia el lenguaje que los comprende, y los enmarca. Y ese lenguaje depende en gran medida de los profesionales de los medios de comunicación.
Aún hay mucho que hacer en lo que se refiere a los contenidos de los mensajes políticos, pues apelan a la subjetividad y a los sentimientos de la ciudadanía en lugar de a su racionalidad y capacidad deliberativa. El escándalo y la estridencia encuentra seguidores ávidos, pero siempre escépticos y desinformados, lo cual está lejos de contribuir a fortalecer la cultura participativa de la sociedad. Si los medios difunden, premian, multiplican la ofensa, la ofensa se sentirá con incentivos; si premian el razonamiento y el argumento fundado, emergerá un tipo de debate diferente, una calidad democrática distinta; creo que la que necesitamos hoy más que nunca. Como en otras zonas de la vida pública, en los medios de comunicación se exhibe un cambio espectacular, protagonizan una verdadera apertura en la que circulan todas las posiciones, todos los argumentos y ya se han convertido, de hecho, en la respiración misma de la vida pública.
Este renovado papel exige también nuevas responsabilidades, como atinadamente expresa Adam Michnick "en la consolidación de las democracias los medios libres tienen dos grandes enemigos: uno es la supremacía de la ideología o del partidismo sobre la honestidad de la información; el otro gran enemigo es la ceguera, porque ofrece y difunde la visión de un mundo trivial, un mundo que no requiere estudio, análisis e investigación".
La democracia pierde cuando los medios renuncian a su deber de describir, de educar y de explicar. Los medios y los partidos tienen que mostrar y difundir que la democracia tiene sentido más allá del voto, que su mutua interacción está creando nuevas realidades y percepciones. La refutación de las opiniones ajenas es más que legítima y permitida en el México contemporáneo, pero la democracia para subsistir tiene que ser espacio también La transición democrática de México, ha impreso ya una huella profunda en la vida pública, ha modificado expectativas, ha determinado nuevas imágenes de nuestra historia, ha creado cadenas de aprendizaje distintas y ha redefinido tomas de posición frente al futuro.
Medios de comunicación libre, sin cortapisas, y partidos políticos nacionales fuertes y arraigados, son dos elementos novedosos del tránsito político mexicano; son realidades que nos hacían falta para construir una vida democrática duradera. México hoy reclama medios de comunicación con sentido social y plena autonomía y una política que rescate sus valores éticos y principios morales, que privilegie la colectividad, los acuerdos y el desarrollo de todos los campos del quehacer humano.

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